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Macroeconomía

La productividad baja por tercer año lastrada por la burocracia, las bajas y las huelgas

La economía española crece al aumentar el número de trabajadores pero no logra que cada uno de ellos produzca más

La productividad baja por tercer año lastrada por la burocracia, las bajas y las huelgas

Una operaria en una fábrica de alimentación de Sevilla en una imagen de archivo. | EP

La productividad encadena tres años a la baja en España. El salto poblacional significa que cada vez hay más trabajadores en el mercado laboral, lo que se traduce en que la economía crece. Sin embargo, individualmente, estos empleados no producen más que antes, lo que sugiere falta de innovación, reformas pendientes, un sistema educativo que no se ajusta a las necesidades de las empresas, un muro burocrático y fiscal que perjudica especialmente a las pequeñas y medianas empresas y frena su crecimiento, un récord de bajas médicas y la conflictividad laboral más elevada de Europa. Todo ello limita la producción. No hay que confundir esto con que los españoles trabajen menos o peor que sus vecinos europeos, sino que el tejido productivo arrastra problemas estructurales que dificultan una mayor eficiencia que redunde en mayores beneficios y salarios.

Según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la productividad por tiempo de trabajo equivalente a tiempo completo descendió un 0,2% en el primer trimestre del año, con un decrecimiento del 0,1% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Esta ligera bajada ahonda en la tendencia registrada en el arranque del año 2024, con una caída interanual del 0,7%. En 2025, se produjo un ligero repunte del 0,2% que no solo fue insuficiente para recuperar la productividad perdida, sino que además se convertía en un dato negativo al corregir los efectos estacionales.

El producto interior bruto de España ha crecido con fuerza en los últimos tres años, apoyándose en un mayor número de trabajadores, pero con una productividad deteriorada, lo que impide un crecimiento significativo de los salarios en un contexto de inflación al alza, además de limitar la competitividad frente al exterior con su consecuente efecto perjudicial para las exportaciones. A las causas estructurales que provocan que la economía esté estancada en cuanto a productividad, se suma el auge de las bajas médicas, que se encuentran en récord histórico y se elevaron un 7,7% en 2025, hasta el punto de que 1,7 millones de trabajadores faltan cada día a su puesto, según un informe de Adecco.

Otro factor que limita las horas trabajadas y lo que pueden producir las empresas es que España sea el país con la conflictividad laboral más elevada de la Unión Europea. Su particular modelo sindical, alejado del de los países del resto del continente, hace que tenga más huelgas que ningún otro país en el mundo salvo Argentina, con Francia en tercer puesto, aunque supere a nuestros países en años concretos de especial intensidad de protestas laborales.

Más allá de los datos del INE, también el Fondo Monetario Internacional (FMI) y las estadísticas recopiladas por la Long Term Productivity Database muestran cómo la productividad del trabajo en España se ha incrementado a un ritmo muy lento desde 1990, pasando de 48 dólares por hora trabajada —medidos en paridad de poder adquisitivo para poder comparar entre años y países— a 63 dólares en 2024. En 1990, la cifra de Estados Unidos era prácticamente idéntica, 49 dólares que han pasado a ser 85 en la actualización más reciente. Esto implica que la brecha entre ambos países se ha multiplicado por 22 en las últimas tres décadas y media. Lo que es lo mismo: EEUU no solo es una economía más productiva que España, sino que progresa de forma más rápida, de modo que la distancia es cada vez mayor, hasta el punto de duplicarse cada ocho años aproximadamente de media.

En general, la Unión Europea sufre un estancamiento productivo con mejoras muy modestas en este indicador en comparación con las economías estadounidense —que cuenta con empresas de mucho mayor tamaño— y china. Sin embargo, el caso de España es especialmente grave. Si se compara con Alemania, que ha pasado de 52 a 83 dólares por hora, la brecha se ha quintuplicado en el mismo periodo. España tampoco ha logrado converger con Francia, que ha evolucionado desde los 59 dólares de 1990 hasta los 82 de 2024, aunque en los años más recientes ha empeorado su desempeño.

El FMI ha recetado a España reformas que tengan en cuenta que la innovación, la adopción de tecnología extranjera y la difusión tecnológica entre empresas están entre las claves que determinan la productividad a largo plazo en países de rentas altas. Según el diagnóstico del organismo internacional, las empresas españolas, especialmente las más jóvenes, innovan menos que las francesas y las suecas, en parte por obstáculos como la carga regulatoria o las fricciones financieras.

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