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Macroeconomía

El mínimo repunte de los nacimientos no alivia la crisis demográfica de España

La evolución de la fecundidad revela dinámicas más profundas sobre el estado de la economía

El mínimo repunte de los nacimientos no alivia la crisis demográfica de España

La evolución de la fecundidad revela dinámicas más profundas sobre el estado de la economía. | EP

Los nacimientos en España podrían haber evolucionado favorablemente en 2025, aunque todavía son muchos menos de los necesarios para evitar una reducción de la población autóctona. Las estimaciones mensuales del Instituto Nacional de Estadística sobre los nacimientos permiten aproximar el indicador coyuntural de fecundidad, que se habría situado en 1,11 hijos por mujer en 2025, según los cálculos del investigador de Funcas Juan Carlos Rodríguez. Se trata de una cifra ligeramente por encima de la registrada el año anterior, con un repunte de una centésima tras caer del 1,16 en 2022 hasta el 1,10 en 2023.

Aunque supone un cambio de tendencia, el repunte es mínimo y no logra recuperar la caída de los años previos, que es en sí misma una anomalía, puesto que en tiempos de bonanza económica cabría esperar una mayor capacidad de los españoles para poder formar una familia. Lejos de ello, el indicador sigue muy por debajo del 2,1 en el que se debería situar para alcanzar el umbral de reemplazo generacional, es decir, el punto en que la población puede mantenerse en niveles estables. Actualmente, España está inmersa en un salto demográfico, pero ello se debe a que recibe el flujo de inmigración más cuantioso de la Unión Europea.

Rodríguez considera que las caídas de la fecundidad —la de España es de las más bajas de Europa— «tienen que ver con las crisis económicas», entre otros factores. Recuerda que «en 2008 los planes de vida se caen» y que esta recesión tuvo dos episodios intensos con niveles del paro que superaron el 25%. «El PIB per cápita no crece hasta 2013» y, a partir de ese momento, «se empieza a recuperar, muy poquito, la fecundidad», alcanzando los 1,3 hijos en 2016, aunque «luego vuelve a caer». A partir de 2017, se registra una tendencia a la baja, ya que «la economía crece, pero no lo suficientemente bien», apunta el sociólogo, que cree que el hecho de que los jóvenes se emancipen tarde y tengan hijos a una edad más tardía puede responder a la crisis de la vivienda.

«La recuperación actual no anima a la gente aparentemente a emanciparse y a tener hijos», añade el investigador de estudios sociales, que lo atribuye «en parte a la vivienda y en parte por la incertidumbre». Añade que «la economía nunca ha acompañado del todo» a la hora de tener hijos y contribuir a una recuperación significativa del índice coyuntural de fecundidad. Además, sobre el actual crecimiento del producto interior bruto en España, uno de los más elevados de la Unión Europea, observa que «lo lógico sería que la fecundidad se recuperara». «La economía va creciendo. Algo tendría que recuperarse la fecundidad», señala.

La evolución de la fecundidad en España en los últimos años ha guardado cierta relación con los ciclos económicos, aunque más allá de esta dinámica también existe una tendencia de fondo a la baja. Tras el boom demográfico, en 1977 se inicia una caída de esta tasa por la parálisis económica, desde los 2,8 hijos del año anterior hasta 1998, cuando se situó en 1,12 para posteriormente recuperarse con los años de bonanza hasta el 1,44 registrado en 2008. Más allá de todo ello, Rodríguez constata que «a la fecundidad le cuesta mucho recuperarse» por aspectos como la «vida económica», la «vida laboral» o los «estudios», ya que, a medida que se ha ido logrando una mayor igualdad en el acceso a la formación, las mujeres han tenido hijos más tarde o en menor número.

Ante esta situación no existe una solución evidente, advierte el sociólogo, puesto que otros países como Francia o los nórdicos europeos han probado la vía de las ayudas económicas con resultados en un inicio, pero que se agotan con el paso del tiempo. A nivel global, apunta que el descenso de la natalidad tiene que ver con aspectos como la mejora de las condiciones de vida o la menor mortalidad infantil.

El economista Javier Santacruz coincide en que este «pequeño repunte» no sirve «ni mucho menos para darle la vuelta al problema demográfico», ya que sigue situándose muy por debajo de la tasa de reemplazo de la población. Considera que este ligero aumento «es puro efecto de la inmigración», ya que los extranjeros «tienen tasas de fertilidad mucho mayores». Aun así, matiza que «cuando ya se adaptan al país de destino, ya adoptan su fertilidad y tienen un hijo y gracias», por lo que «[están] en las mismas». Augura que un «cierto repunte en el corto plazo», que, sin embargo, será insuficiente para aliviar el declive demográfico.

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