Giro en la inmigración en España: los mayores de 54 años son el colectivo que más aumenta
Este grupo se ha más que duplicado en las últimas dos décadas y su llegada es más numerosa que la de los jóvenes

Una cola para obtener documentación en el marco de la regularización de inmigrantes el pasado 20 de abril en L'Hospitalet, Barcelona. | Reuters
¿Es la inmigración la solución al declive demográfico español? Nuevos datos revelan que la contribución de las personas de origen extranjero a la hora de contener el envejecimiento de la población es más débil de lo que se creía. En los años 2000, España atraía especialmente a jóvenes, pero la presencia de mayores de 54 años se ha ido incrementando desde entonces de forma mucho más rápida y pesa cada vez más en el total. Esto se debe en parte a que quienes se establecieron en su día y permanecieron en el territorio nacional han ido envejeciendo, pero también se ha observado que el peso de este grupo en las llegadas crece mucho más rápido que el colectivo de menos edad, en parte debido a los procesos de reagrupación familiar.
El estudio de Funcas Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, elaborado por Héctor Cebolla y María Miyar, señala que «la inmigración actúa aquí como un contrapeso, pero solo parcial» ante el perfil envejecido de la población española, y que el «cortoplacismo» y la «adaptación reactiva» no pueden resolver los problemas de falta de fertilidad de la población autóctona. Asimismo, identifica desafíos como la concentración de la mano de obra extranjera en sectores de muy baja cualificación, un modelo que no está propiciando la atracción de perfiles de alto capital humano que favorecerían una mayor productividad. Además, España, que a menudo actúa como destino de paso hacia otros países de la Unión Europea, «es uno de los países con una tasa de retención de inmigrantes más baja (35%), solo por delante de Chipre, Eslovenia, Estonia, Grecia y Polonia, y muy lejos de las tasas de Alemania, Suecia (alrededor del 60%), o incluso Francia e Italia (alrededor del 50%)».
En conversación con THE OBJECTIVE, Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas, es partidaria de «quitarnos ese mito de que la inmigración es la solución a la caída de nacimientos», ya que los extranjeros «se enfrentan a los mismos problemas que los demás» una vez llegan a España, como la falta de vivienda, conciliación o ingresos. A ello se añade que «tienen que reconstruir sus vidas en el país de destino», lo que «implica una parada en su calendario reproductivo» y, además, «luego se asimilan a las pautas reproductivas españolas» que implican una fecundidad baja y tardía. España es el tercer país de la UE en el que la maternidad se produce a una edad más elevada.
El informe pone de manifiesto que la inmigración «reduce el peso relativo de los mayores, pero no altera la tendencia estructural», ya que «la diferencia entre nacidos fuera y nacidos en España no es tan acusada como cabría esperar si el efecto rejuvenecedor fuera tan intenso como a menudo se asume». Entre los nacidos en el extranjero se registra un peso creciente en edades intermedias, en parte por el envejecimiento de quienes llegaron entre 2000 y 2008 y se asentaron. Los flujos procedentes de África, especialmente Marruecos, y de Latinoamérica, suelen aportar estructuras más jóvenes, mientras que la inmigración de la UE-15 y de Rumanía tiende a ser más madura.
A principios de los 2000, la distribución se concentraba en el entorno de entre 25 y 29 años, que era el grupo más numeroso con un peso del 16 % en el total, reflejando la juventud de los flujos iniciales. Posteriormente, el máximo se ha ido moviendo hacia edades más avanzadas, hasta situarse en los 35-39 años en 2024 y, en paralelo, las edades intermedias y altas representan una proporción cada vez mayor, hasta el punto de que el porcentaje que suponen los mayores de 54 años entre los nacidos en el extranjero se ha más que duplicado, pasando del 10% en 2006 al 22% en 2025. Algo parecido ha ocurrido en las llegadas: entre 2021 y 2025, la población nacida en el extranjero de 20 a 54 años ha aumentado un 25%, mientras que la de 55 años o más lo ha hecho en un 42%.
El estudio prevé «un empeoramiento de los índices de envejecimiento» cuando un grupo poblacional de dimensiones significativas supere los 64 años de aquí a unos 15 años. Según el documento, los mayores de 54 años han aumentado hasta representar cerca de uno de cada cinco nuevos residentes nacidos en el extranjero en 2024, «en buena medida como consecuencia de procesos de reunificación familiar», lo que «sugiere que el tradicional efecto rejuvenecedor asociado a la inmigración podría estar reduciéndose en los últimos años». De hecho, entre 2021 y 2025, «la población nacida en el extranjero de 55 años o más ha aumentado en más de 615.000 personas, una cifra que supera a la población de una gran ciudad española como Málaga». Otros elementos a tener en cuenta son «la abundancia de llegadas de personas nacidas en el extranjero en esas edades» y «su aparente mayor grado de asentamiento», puesto que la tasa de retención de la población de 20 a 54 años solo es del 46% —menos de la mitad se quedan, en términos netos— y la de los mayores de 55 años alcanza el 110% —la tasa por encima del 100% significa que la población mayor no solo llega, sino que se queda, y además envejece—.
Para Miyar, «la inmigración tiene un efecto rejuvenecedor sobre la población española, pero es temporal» y, cuando se jubilen quienes llegaron a edades tempranas entre 2000 y 2008, lo harán «a la vez que unas cohortes de autóctonos también muy numerosas» y «van a estar contribuyendo a las tensiones propias de nuestra demografía. «A eso se suma que están llegando también inmigrantes cada vez mayores; España es uno de los países donde mayor peso tiene este tipo de perfil en las llegadas y la mayor parte se quedan, mientras los jóvenes que vienen, muchos se van», señala la profesora de Sociología de la UNED.
De hecho, apunta que en casi todos los países de Latinoamérica también existen desafíos demográficos y «se puede esperar que su población decrezca y disminuya en general su oferta migratoria», lo que pone coto a los flujos que puedan entrar en las próximas décadas. «Es difícil pensar que sea una solución sostenible», plantea, y añade que atraer una inmigración más cualificada «ayudaría» al mercado laboral y al Estado del bienestar, pero reclama medidas que favorezcan la formación de las familias para toda la población, autóctona y extranjera, ya que los retos en ambos grupos son parecidos. Adicionalmente, hay que preparar los servicios públicos, por ejemplo la sanidad, para este envejecimiento, en un contexto en que el 80% de las personas que llegan a España en edad de jubilarse o en la última etapa de sus años de trabajo son extracomunitarios.
Otro informe del Observatorio de Inmigración del Ministerio de Inclusión arroja datos sobre las autorizaciones de residencia que complementan lo documentado por los investigadores de Funcas. En los últimos diez años, la edad media de los inmigrantes ecuatorianos se ha incrementado de los 35 a los 43 años y la de los chinos, de 30 a 37 años. En el caso de Marruecos, la edad media ha pasado de los 30 a los 36, especialmente por las mujeres (de 27 a 35 años) Sin embargo, el documento afirma que «a grandes rasgos, las personas extranjeras, y especialmente aquellas bajo el régimen de extranjería, contribuyen al rejuvenecimiento de la población en España», ya que «mientras que en la población española las personas de 65 y más años representan el 23% del total, en la población extranjera en régimen de extranjería con autorización de residencia encontramos solo un 7% de personas en ese grupo de edad». Un efecto que, sin embargo, se está empezando a diluir con el tiempo.
