El 38% del crecimiento demográfico de la UE se debe a la inmigración en España
En el país viven 10,1 millones de personas extranjeras, aunque la cifra real puede ser inferior por ser un destino «de paso»

Inmigrantes en Almería el pasado 21 de abril. | Reuters
Europa vive una crisis demográfica marcada por el envejecimiento de la población Mientras países como Italia, Chequia, Grecia, Hungría, Polonia y Rumanía pierden habitantes, España lidera el salto poblacional en la Unión Europea. Según datos de Eurostat, entre 2024 y 2025 concentró el 38% de la expansión demográfica del bloque comunitario, aportando 508.602 nuevos residentes de un total de 1,34 millones, una proporción muy superior a la que representan los españoles en la Unión, cerca de un 11%.
Este aumento se debe exclusivamente a la llegada de inmigrantes, que compensó la caída de habitantes autóctonos. En el mismo periodo, la población extranjera se incrementó en España en 625.976 personas, cerca de 120.000 más que el crecimiento poblacional neto, lo que implica que, de no ser por este flujo de origen exterior, el número total neto de residentes se hubiera contraído. Nuestro país fue la puerta de entrada del 30% de todos los nuevos extranjeros que llegaron a la UE, cifra que asciende a los 1,08 millones.
Según la última actualización publicada por el Instituto Nacional de Estadística, el número de extranjeros ascendió en el primer trimestre en 94.182 personas, explicando prácticamente la totalidad del aumento demográfico en esos primeros tres meses de 2026 (97.021 personas). Este grupo alcanzó los 7,35 millones de personas, cifra que asciende a los 10,15 millones si se contabilizan aquellos que han adquirido la nacionalidad española pero nacieron en otros países. Sin embargo, este número puede estar sobredimensionado, ya que en realidad una parte de estos inmigrantes tiene como destino otra nación de la UE, pero en ocasiones el sistema tarda en actualizar las bajas.
«El saldo en el movimiento natural de nacimientos y defunciones ha sido negativo desde 2018», explica Joan Alberich, profesor del departamento de Geografía de la Universidad Rovira i Virgili, que señala que «si no hubiese sido por la inmigración, se estaría perdiendo población, pero esto no pasa, nunca había habido tanta población, porque tenemos un saldo migratorio muy positivo». La estructura de la población española «no favorece las natalidades» y se vive «un envejecimiento progresivo de la población» en el que la natalidad «va a la baja» y la mortalidad se mantiene «estable» salvo en crisis como la pandemia de coronavirus. «España es un destino en sí mismo, pero también es la vía de entrada de buena parte de la inmigración que llega a Europa, sin que necesariamente sea el destino final», apunta el docente, que recuerda que esta es la puerta de extranjeros procedentes de regiones como el norte de África o América Latina y que en parte España es un sitio «de paso hacia el centro o norte de Europa».
Sin embargo, Alberich cree que hay que tener en cuenta un aspecto sobre la fiabilidad de las estadísticas. Las altas en el padrón municipal «están bien representadas» porque «a todo el mundo le interesa estar empadronado», ya que, en procesos como la regularización de inmigrantes, se pide demostrar antigüedad, y además esta es la base para poder acceder a la sanidad. «En cambio, las bajas en el padrón… Cuando la población se va de España, no se da de baja», apunta el geógrafo, de modo que «el INE las acaba dando de baja si comprueba que no están en España». Esto ocurre cuando no se cumple la obligación de renovar el padrón cada dos años, momento en el que se inicia un procedimiento de verificación para comprobar si siguen activos contratos de alquiler o de suministros como luz o gas; en caso contrario, se registra la baja, algo que puede ocurrir con un retraso significativo. «Las bajas están peor contabilizadas y esto puede contribuir al hecho de que, como España es vía de entrada, probablemente haya bajas no registradas», sintetiza el experto.
De este modo, la inmigración «viene a compensar» la «cuestión grave» que es «el envejecimiento» y «la pérdida de población autóctona» en uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, que recibe inmigración de países con una estructura poblacional diferente, con excedente de personas jóvenes en edad de trabajar. No obstante, el actual modelo puede tener una fecha de caducidad, ya que, según Alberich, en unos 20 o 25 años, Latinoamérica, África y el Sureste asiático habrán completado su transición demográfica y estarán más envejecidos, lo que puede reducir en buena medida el número de personas que abandonan los países de estos continentes para instalarse en Europa, lo que a su vez puede desencadenar una competencia entre naciones para captar estos influjos.
Según este especialista, España ha vivido dos grandes oleadas migratorias, la comprendida entre los años 2000 y 2008 —tras la crisis, algunos extranjeros incluso abandonaron el país— y la que se inició en 2015, con niveles parecidos a los de los primeros años de la década de los 2000, con el único paréntesis de la covid. En 2024 y 2025, la cifra de llegadas «parece que se ha frenado un poco, pero sigue siendo un crecimiento muy, muy grande».
