Temor a un estancamiento económico por el «preocupante» parón de consumo e inversión
El frenazo de la demanda interna puede generar un episodio grave de estanflación en los próximos dos años

La sede del Banco de España en una imagen de archivo. | Reuters
La economía española perdió fuelle el año pasado y prácticamente todos los análisis coinciden en que la tendencia proseguirá este ejercicio y el siguiente. Tanto el Banco de España como el Instituto de Estudios Económicos (IEE) han alertado en sendos informes de que la inversión y el consumo a nivel interno están flaqueando. Como estos dos elementos sostenían el producto interior bruto hasta la fecha ante el deterioro del mercado exterior, este frenazo está detrás del proceso de desaceleración macroeconómica que está experimentando el país. En paralelo, los economistas consultados por THE OBJECTIVE advierten de que la evolución de estos indicadores es «preocupante» y hace temer un estancamiento que podría ser muy perjudicial en 2027 y 2028 si el crecimiento del PIB desciende por debajo del 1% en paralelo a una inflación relativamente elevada como la actual.
El organismo supervisor que preside el exministro José Luis Escrivá ha constatado que la economía está inmersa en una «desaceleración» y achaca esta situación a la «pérdida de dinamismo» que presentan tanto el consumo privado de los españoles como la inversión de las empresas a nivel nacional, manteniendo su previsión de crecimiento del PIB positivo este año y el siguiente, pero cada vez más bajo, después de que el primer trimestre ya arrojase un alza dos décimas por debajo con respecto a los últimos tres meses de 2025.
Por su parte, el IEE considera que España entra en 2026 «en una fase de desaceleración ordenada» condicionada por la guerra de Irán. Recuerda que el consumo de los hogares ha sido «el principal soporte de la actividad» y «motor de crecimiento» gracias al «buen comportamiento del mercado laboral», aportando dos tercios del avance del PIB, pero que «la incertidumbre, la inflación y la posible subida de tipos introducen riesgos sobre el gasto y la inversión», en un momento en que ya se ha detectado una «clara pérdida de impulso» en el consumo, mientras que «la inversión se desacelera con intensidad».
De entre todos estos datos, la debilidad de la inversión es el aspecto «más grave y notorio», apunta un analista, ya que este indicador va muy por detrás de todos los demás en cuanto a la recuperación pospandemia. En sectores como la construcción y la automoción, algunas firmas paralizan o posponen proyectos. Y la actividad industrial también se ha moderado, lastrada por un aumento de costes y la fragilidad del mercado internacional. Todo ello redunda en un efecto negativo desde el punto de vista del comportamiento de la inversión.
«En los últimos trimestres, la pérdida de dinamismo de las exportaciones ha sido sustituida por el consumo privado y las inversiones», apunta el economista Javier Santacruz, y añade que este motor «va perdiendo fuelle» porque «España, igual que otros países occidentales como Estados Unidos y el conjunto de la Unión Europea, está en una fase de desaceleración, con crecimientos positivos cada vez más pequeños». En los últimos años, nuestra economía crecía más que otras naciones avanzadas en parte por un «gasto público disparado» y por el «comportamiento de las exportaciones, tanto las turísticas como las no turísticas», un impulso que ya no da mucho más de sí «salvo que se produzca otro milagro y entren otros diez millones de turistas extranjeros», lo cual considera «poco probable».
Santacruz explica que esta fase del ciclo económico, la desaceleración, «suele durar dos o tres años», lo que puede generar «un problema muy serio», especialmente «si la inflación sigue fuerte en 2027», como apuntan numerosas previsiones acerca del impacto del conflicto en Oriente Próximo, puesto que un encarecimiento sostenido de los combustibles a escala mundial suele acarrear distorsiones de largo recorrido en los precios. «Preocupa que no haya un plan B de política económica para cuando España esté cercana al cero, ni tampoco una fórmula que no sea más gasto para cuando entremos en un terreno complicado de crecimiento por debajo del 1%», un escenario que puede materializarse «perfectamente» en los dos próximos ejercicios, de modo que supone un escenario a contemplar.
A la ausencia de un plan económico público que tenga en cuenta retos como la productividad se suma, según el economista, la dependencia en la estrategia del Gobierno de «factores cortoplacistas» como lo han sido el pico de gasto público, el dinamismo del sector exterior o el consumo privado, que «parecía que podía tirar» del crecimiento, pero «se está desvaneciendo». Incide en que, en un momento de salto demográfico impulsado por la inmigración, «el consumo privado tiene que crecer», pero no lo hace como debería, teniendo en cuenta que cada vez hay más consumidores en España. «Aun así, crecemos menos proporcionalmente que el aumento de la población y eso es más preocupante de lo que pensamos», sentencia.
