Cuerpo evita el escándalo Bacigalupo pero la CNMC seguirá sin ser independiente
A pesar del embrollo del apagón, en la Comisión no hay consejeros del PP ni tampoco expertos en energía

Sede de la CNMC en Madrid.
La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) es uno de los principales contrapesos de una democracia para limitar el poder del Gobierno: no solo vigila la competencia en todos los sectores, sino que es el regulador de la energía y las telecomunicaciones, entre otros. Lo cual exige, obviamente, que sea independiente. Lleva sin serlo mucho tiempo: en su consejo solo se sientan representantes del PSOE y sus socios, y no hay ni uno del PP o Vox. Aun así, Cani Fernández, la presidenta saliente, ha hecho una labor bastante seria hasta justo el final de su mandato, cuando se ha puesto de perfil en el apagón de abril del año pasado.
En cualquier caso, a Pedro Sánchez le parecía que la CNMC no estaba suficientemente controlada —puso condiciones muy laxas a la opa BBVA-Sabadell que tuvo que endurecer el Ejecutivo, por ejemplo— y tenía la correa demasiado larga. Quería meterla en el mismo redil que el Banco de España con José Luis Escrivá y Soledad Núñez, o la CNMV con Carlos San Basilio (¿ha dicho ya alguna cosa de los escándalos de Talgo o Indra? ¿Sabemos si está vivo?). Y para ello, su candidato a presidirla era nada menos que Mariano Bacigalupo, el marido de Teresa Ribera, quien ya tuvo que salir del consejo de la CNMC y al que se encontró acomodo en la CNMV («V» de «Valores») con mayor sueldo, que por lo que se ve el tipo vale para todo.
Sánchez ya intentó darle un cargo con la creación de una Comisión Nacional de la Energía desgajada de la CNMC, pero el proyecto entró en vía muerta con la salida de su señora del Gobierno rumbo a Bruselas, donde se ha convertido milagrosamente a la fe nuclear. El matrimonio Sánchez-Gómez tiene una estrecha relación con el Bacigalupo-Ribera y, ante el fin del mandato de Cani, ¿quién mejor que un amigo íntimo para sustituirla en la CNMC?
Ante lo cual, Carlos Cuerpo, probablemente el único ministro sensato del gabinete, se llevó las manos a la cabeza por el escándalo que se montaría; y no solo mediático, que por supuesto, sino en la UE y entre los inversores internacionales. Así que inició una labor de zapa para quitarle la idea de la cabeza a Sánchez y convencerle de que nombrara a un teco (técnico economista del Estado) como él. Su candidata era Inmaculada Gutiérrez.
Nada de independencia
Lo ha conseguido a medias: Pedro ha cedido con Bacigalupo, pero tampoco ha nombrado a Gutiérrez, sino a un catedrático de la Pompeu Fabra próximo a Junts llamado Juan José Ganuza. Cabe recordar que Junts quería otro puesto porque considera un «traidor» a su representante actual, Pere Soler, por votar a favor de la opa sobre el Sabadell. En todo caso, aunque se trata de un perfil académico, que nadie piense que la CNMC va a ser independiente a partir de ahora.
Para empezar, el PP y Vox seguirán sin representación, así que difícilmente va a controlar al Gobierno un organismo en el que solo se sientan sus representantes y los de sus socios. Hablando de lo cual, Sánchez ha tenido que repartir juego para tener contentos a todos los que le mantienen en Moncloa a pesar de la marea de corrupción que no cesa. Así, ha regalado un sillón a ERC (Joan Capdevila) y otro a Sumar, que lo ha aprovechado para hacer folclore del suyo metiendo a una «activista trans» vasca, Marina Echebarría.
Ninguno de ellos tiene la menor idea de competencia ni de las materias que competen a la CNMC. Como podrán imaginarse, estos nombramientos han provocado la rechifla correspondiente en el seno del organismo. Completa los nombramientos políticos Carmen Balsa (PSOE), que al menos sabe algo del tema porque fue jefa de gabinete de Nadia Calviño.
¿Algún energético en la sala?
Y no se trata solo de la falta de independencia. Más grave aún es que ningún consejero tiene la menor idea de energía, cuando es la competencia fundamental de la CNMC y cuando Cani Fernández les deja el marrón de los 66 expedientes abiertos a Red Eléctrica y a las principales compañías del sector por los fallos que llevaron al apagón. Las sanciones que se impongan serán decisivas para las demandas judiciales por las pérdidas provocadas por el cero eléctrico, ya que Fernández incumplió su promesa de señalar culpables en el informe —presuntamente definitivo— del organismo sobre el apagón.
Más aún, también está la cuestión de la remuneración de la inversión en redes fijada este año, que ha sido rechazada unánimemente por el sector por considerarla insuficiente. «La inversión que no se remunera no se hace», dice siempre Francisco Reynés, presidente de Naturgy. Y España necesita urgentemente ampliar su red porque ya no permite que se instalen nuevas industrias, centros de datos e incluso viviendas (y hasta los electrointensivos han tenido que rebajar su consumo), ni tampoco enchufar más plantas renovables. «Pero la CNMC considera que hay de sobra con la red actual, como quedó claro con el apagón», comenta con sorna un alto directivo del sector.
También es necesario que cambie de posición para permitir fusiones en las telecomunicaciones, como la de Telefónica y Vodafone, aunque en este caso la pelota está en el tejado de Bruselas. Por último, Fernández se ha despedido abriendo un expediente a los principales bancos por pactar precios de las hipotecas. Esa herencia probablemente sí siga adelante, que ya se sabe que la banca es uno de los villanos favoritos del Gobierno para desviar la atención de sus miserias.
