El impacto previsto de Irán en el encarecimiento de alimentos se extiende hasta 2027
Los efectos económicos del conflicto en Oriente Próximo se enquistan en España y pueden tardar meses en disiparse

Alimentos en conserva en un puesto de Valladolid este jueves. | EFE
La guerra de Irán generó inicialmente división entre los analistas acerca de si su impacto económico global sería duradero o pasaría rápido en el marco de un conflicto muy breve. Dos meses y medio después de la irrupción del conflicto en Oriente Próximo, las estimaciones de los analistas se han ido ajustando y muestran ahora un efecto en los precios más amplio que el inicialmente contemplado.
Según la última actualización de Funcas, la escalada inflacionaria tendrá su pico en agosto y septiembre de este año —situándose por encima del 4% interanual—, para empezar a moderarse hasta el 3,6% en diciembre. En algunos productos, como la energía y la comida, el pico también se espera en estos meses de verano, aunque los encarecimientos podrían mantenerse por encima de sus niveles previos a la guerra hasta 2027.
En el escenario central barajado por el think tank, los alimentos no elaborados alcanzarán su punto máximo inflacionario en septiembre, con una variación anual del 8,2%. Cabe anotar que, en el caso de la comida, ya se venían arrastrando subidas de precios extraordinarias antes de la intervención militar estadounidense-israelí en el golfo Pérsico, que no ha hecho sino agravar esta situación por cuestiones como el alza de los combustibles y los seguros de transporte o la escasez de fertilizantes. En cualquier caso, esta tasa de crecimiento del precio de los alimentos no elaborados se mantendrá más elevada que la registrada en enero hasta febrero de 2027, algo parecido a la tendencia esperada para los productos energéticos.
En el escenario pesimista, el IPC se mantendría por encima del 4% entre agosto de este año y mayo del siguiente, y la energía sería más de un 10% más cara que un año antes entre agosto de 2026 y junio de 2027. Además, los alimentos no elaborados registrarían un pico del 8,4% en septiembre, pero se encarecerían más que en el contexto preguerra durante todo el primer trimestre de 2027. En el escenario optimista, la inflación general no llegaría a superar el 3,5% y la energía empezaría a moderarse a partir de agosto. En paralelo, la alimentación protagonizaría un abaratamiento mes a mes a partir de este mismo julio, aunque con un repunte en septiembre con una tasa interanual del 7,9%. La inflación subyacente se quedaría en el 2,8% en 2026 y 2,4% en 2027, mientras que la general se situaría en el 3,1% y el 1,8%, respectivamente.
Las previsiones del estudio asumen que el precio del petróleo rondará los 107 dólares (92 euros) en los próximos meses, tal y como descuentan los inversores en los mercados de futuros, mientras que el escenario pesimista eleva el barril hasta los 115 dólares (99 euros) y el optimista tiene en cuenta una reducción progresiva hasta los 65 dólares (56 euros) a finales de año. A pesar de la diversidad de casos contemplados, la evolución final de los precios y la economía dependerá tanto de cuándo se cierre el conflicto como de la duración e intensidad de las medidas y exenciones fiscales aprobadas por los Gobiernos de los países europeos para tratar de mitigar el impacto.
Otro punto a tener en cuenta es que, antes del inicio de la guerra, España ya partía de un nivel previo de inflación más elevado que el del conjunto de la eurozona, de forma que los efectos inflacionarios que llegan a todo el Viejo Continente desde Oriente Próximo nos dejan en una situación comparativamente peor a la de nuestros socios, con tasas de encarecimiento especialmente altas. Esta circunstancia tiene efectos perjudiciales para la economía, como por ejemplo la pérdida de competitividad de las exportaciones de las empresas nacionales frente a otros competidores de la UE.
Las malas expectativas frente a la evolución del conflicto y su impacto económico se han notado en una revisión de las estimaciones. La CEOE elevó este jueves su previsión de inflación a una media anual del 3,1%, tres décimas por debajo de la prevista por Funcas y equivalente a su escenario optimista. La patronal ha señalado que «el encarecimiento del petróleo y de otros productos energéticos, como el gas, ya se reflejan en los precios de la energía, pero su impacto podría ser mayor y extenderse al precio de otros bienes si el conflicto se alarga en el tiempo», aunque en su análisis asume una rápida resolución, si bien reconoce que la circulación marítima vía Ormuz sigue restringida.
