El misterio del voto CERA desde Cuba: Correos solo registra tres sufragios en siete elecciones
El censo estaba compuesto por 364.000 personas con derecho a participar. Los tres votos son de las gallegas de 2024

Oficina de Correos. | EP
El análisis de los datos electorales del Censo de los Electores Residentes Ausentes (CERA) en Cuba arroja una realidad difícil de explicar desde los parámetros de la lógica. Tras siete comicios electorales celebrados en España entre 2023 y 2026, la empresa pública de correos cubana tan solo ha registrado tres votos a distancia en el país. Estos tres sufragios se recibieron en las elecciones gallegas de 2024.
En esos tres años se celebraron en nuestro país las elecciones generales de 2023 (152.796 censados), las gallegas y vascas de 2024 (45.760), las europeas de 2024 (159.950), las extremeñas en 2025 (161), aragonesas de 2025 (220), las castellanoleonesas de 2026 (729) y las andaluzas de 2026 (4.686). Hay que subrayar que Cuba solo tiene un centro de voto en La Habana, en la embajada española, y que la segunda ciudad del país, Santiago de Cuba, está situada a 1.000 kilómetros de la capital. Los ciudadanos con derecho a voto tienen dos opciones para participar en las elecciones: bien depositan su papeleta en este centro de votación, bien votan mediante el envío del sufragio a la oficina consular. En 2022 se eliminó el denominado voto rogado (el votante reclamaba su decisión de votar y se le enviaban las papeletas) y se instauró el voto CERA (el Ejecutivo envía por defecto las papeletas a todos los potenciales participantes).
Las sospechas de que alguien podría estar «boicoteando deliberadamente» el derecho al sufragio en Cuba, según las fuentes consultadas por este diario, ganan peso al analizar la infraestructura disponible. A diferencia de países como Argentina, que cuenta con hasta cinco sedes consulares para ejercer el voto en urna, en Cuba la opción presencial queda centralizada únicamente en La Habana, obligando a la inmensa mayoría de la población a depender por completo del servicio postal.
En este complejo escenario, cobra especial relevancia el antecedente ocurrido en el 2020 en las elecciones vascas y gallegas. Según fuentes conocedoras de la situación, en aquel momento se registró la negativa explícita del servicio de correos cubano a repartir las certificaciones electorales necesarias para votar. Un bloqueo que, denuncian estas fuentes, se vio agravado por la posterior «inacción» tanto del Ministerio de Asuntos Exteriores (MAE) como de la propia Correos en España, que no tomaron las medidas oportunas para forzar el reparto y garantizar que las papeletas llegaran a manos de los ciudadanos españoles en la isla, siempre según estas fuentes.
La radiografía de estos datos expone una desconexión estructural y logística severa. Si bien la participación presencial (el voto en urna depositado directamente en el consulado o dependencias habilitadas) arroja cifras modestas pero constantes —sumando un total de 2.206 votos en el periodo analizado—, la vía del sufragio por correspondencia ha desaparecido prácticamente del mapa de la diáspora española en Cuba. Es decir, de un total de 364.000 censados, solo se registraron 2.209 votos (0,6%). En el caso del voto CERA, este porcentaje es del 0,0008% (tres votos de 364.000). Este diario se ha puesto en contacto con Correos para reflejar sus apreciaciones, pero desde la entidad pública han declinado pronunciarse.
Para dimensionar la magnitud del fenómeno, es necesario desglosar el comportamiento de los votantes en los comicios de mayor envergadura. Durante las Elecciones Generales de 2023, el censo de ciudadanos españoles residentes en Cuba ascendía a 152.796 personas. En esa jornada histórica para la política nacional, 1.184 electores ejercieron su derecho depositando su voto físicamente en la urna. La cifra de votos por correo fue un rotundo cero.
Galicia fue la excepción
Una tendencia idéntica se replicó en las elecciones europeas de 2024. Con el censo más abultado de la serie (159.950 ciudadanos inscritos), solo 267 personas acudieron a votar de forma presencial. El canal postal volvió a quedar completamente desierto. Lo llamativo del registro histórico aportado es que la única excepción a esta norma generalizada ocurrió en las elecciones gallegas de 2024. En esa ocasión, con un censo considerablemente menor, con 45.760 inscritos, se contabilizaron 727 votos en urna y las ya célebres tres únicas papeletas por correo de toda la serie analizada.
A nivel autonómico, el panorama no muestra una realidad distinta. En los procesos electorales de Extremadura (2025), Aragón (2025), Castilla y León (2026) y Andalucía (2026), los censos fueron sustancialmente más reducidos debido a la menor representatividad histórica de estas regiones en la migración hacia Cuba. Sin embargo, el comportamiento del voto por correspondencia fue inflexible: cero votos postales en los cuatro escenarios. En los comicios andaluces de 2026, por ejemplo, de un censo de 4.686 personas, 13 optaron por la urna física y ninguna por el envío postal.
Los motivos de la escasa participación
Las extremadamente bajas cifras de participación son consecuencia, según fuentes expertas en procesos electorales exteriores, de una tormenta perfecta entre las deficiencias crónicas de las infraestructuras de transporte en Cuba y los plazos perentorios que exige la legislación electoral española.
La derogación del voto rogado buscaba facilitar el sufragio exterior enviando la documentación de oficio a todos los electores inscritos en el CERA. Sin embargo, la eliminación de esta traba burocrática ha chocado frontalmente con la realidad logística del país caribeño. Los retrasos sistemáticos en el reparto postal internacional provocan, en la inmensa mayoría de los casos, que las papeletas oficiales y los sobres de votación lleguen a los domicilios de los ciudadanos cubanoespañoles semanas después de que haya concluido el plazo legal para su reenvío a España, o incluso una vez finalizado el propio escrutinio general.
Ante la ineficacia manifiesta del circuito postal para cumplir con los ajustados cronogramas de la Junta Electoral Central, la opción presencial se ha convertido en la única vía realista para aquellos ciudadanos firmemente decididos a participar. El hecho de que la práctica totalidad de los sufragios contabilizados en Cuba (2.206 de un total de 2.209) se hayan canalizado exclusivamente a través de las urnas físicas demuestra que el deseo de participación existe, pero se ve drásticamente limitado por las barreras geográficas y de movilidad que implica tener que desplazarse obligatoriamente a los puntos habilitados de votación presencial.
El balance definitivo de la serie analizada deja una conclusión inequívoca para los legisladores: la reforma del voto exterior sigue incompleta si no contempla las realidades operativas locales de cada país y se considera a Cuba como un territorio en el que el voto por correo es, a efectos prácticos, inexistente.
