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Victoria Carvajal

'Buy European'

«El populismo económico ha contagiado también a algunos gobiernos europeos, que han puesto por delante sus propios intereses sobre al principio de solidaridad»

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‘Buy European’

'Buy European'.

El intervencionismo y el proteccionismo ya no son políticas de uso exclusivo de China y otras economías emergentes en su carrera para alcanzar a las más desarrolladas. Algunos gobiernos occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, las han rescatado para hacer frente a los efectos de la crisis energética, el último de una sucesión de choques que desde la salida de la pandemia han disparado la inflación y puesto a las economías más avanzadas al borde de una nueva recesión, la tercera en poco más de una década. Con una política monetaria adversa al ciclo -las subidas de los tipos de interés para frenar la inflación impactan negativamente sobre el crecimiento- y la fiscal en retirada para evitar mayores presiones sobre los precios y un desvío aún mayor del equilibrio fiscal, las recetas intervencionistas recuperan protagonismo. 

Washington se ha embarcado en una suerte de nacionalismo económico para apoyar a la economía. Del America First de Trump hemos pasado al Buy American de Joe Biden que acaba de ser reforzado con un nuevo paquete fiscal por valor de 369.000 millones de dólares (355.000 millones de euros), dentro de la llamada Acta para la Reducción de la Inflación (IRA en sus siglas en inglés), con el que pretende, mediante subvenciones y exenciones fiscales a particulares y empresas, favorecer el consumo de productos de fabricación estadounidense relacionados con la transición verde, desde coches eléctricos a materiales de construcción. Como consecuencia de todo ello, hay varias empresas europeas que ya han expresado su preferencia por invertir en Estados Unidos frente a la Unión Europea. Además del mercado potencial que se les abre si fabrican allí, los precios de la energía son más bajos en Estados Unidos.

Varias capitales europeas, desde parís a Dublín, consideran que EEUU está atentando contra el libre comercio. Una mayoría se ha pronunciado a favor de que Bruselas responda a esa provisión del IRA con un plan Buy European de subvenciones que proteja a las industrias comunitarias. Con todos los riesgos que entraña que Europa y Estados Unidos están a punto de entrar en una espiral de medidas de apoyo a sus propias industrias para perjudicar al otro. 

«Del America First de Trump hemos pasado al Buy American de Joe Biden que acaba de ser reforzado con un nuevo paquete fiscal por valor de 369.000 millones de dólares»

Una carrera que en el pasado no ha dado nunca buenos resultados y que sólo asestará un nuevo golpe al comercio mundial, el motor del crecimiento y de la integración económica de una gran parte del mundo de las últimas cinco décadas. Estas tensiones llegan además en un momento en el que la unidad transatlántica es más necesaria que nunca para hacer frente a la agresión rusa a Ucrania. Pero el riesgo de que las tensiones económicas separen a ambos bloques crecerá inevitablemente cuanto más se prolongue la guerra.

Pero el populismo económico ha contagiado también a algunos gobiernos europeos, que han puesto por delante sus propios intereses sobre al principio de solidaridad que está en la fundación de la Unión. Ahí está el paquete por valor de 200.000 millones de euros aprobado por Alemania a principios de octubre para rebajar los precios de la energía a consumidores y los sectores más vulnerables. Una iniciativa que ha molestado al resto de sus socios y que ha abierto una grieta en la capacidad de la UE para dar una respuesta común y repartir los costes de la crisis energética. 

Hace poco Martin Wolf especulaba en su columna semanal del Financial Times con cómo sería el final de la globalización. En su opinión, la fractura de los lazos económicos será a la vez consecuencia y causa de la profundización de la discordia mundial. «De ser así, es probable que se produzca un final más destructivo de la globalización». Y recuerda cómo el periodo entre las dos grandes guerras mundiales (1914-45), en el que se dio marcha atrás en la integración económica mundial, «estuvo marcado por el colapso del orden político tanto nacional como mundial». ¿Guarda alguna similitud la situación actual con lo que describe Wolf? Él vincula la paz a la globalización. «En una época de cooperación entre grandes potencias, el comercio tiende a crecer. En una época de sospecha mutua, especialmente de conflicto abierto, el comercio se hunde, como vemos ahora entre Rusia y Occidente». Que la sospecha mutua no se circunscriba a Rusia o a China, sino que alcance también a los tradicionales aliados que hoy se necesitan más que nunca en tantos frentes, ya sea la lucha contra el cambio climático, la cooperación militar o la defensa de las democracias liberales, es lo que hoy resulta más preocupante. 

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