The Objective
Fernando Savater

Puerta del Sol

«Ojalá por fin nos pongamos del lado bueno de la historia de Hispanoamérica, que desde luego no es el que busca la mafia izquierdista de Barcelona»

Despierta y lee
Puerta del Sol

Imagen creada con inteligencia artificial.

No soy desde luego el primero, pero sí uno de los más convencidos de que los españoles debemos aprender que también somos hispanoamericanos. He pasado buena parte de mi vida intelectual en América y me he formado allí: con su gente, con su inteligencia, con su poesía, con su paisaje y, desde luego, con su acento. Nunca me he sentido más honrado que cuando un buen amigo y fino lector de allá del Atlántico me dijo al leer unos párrafos míos: «Desde luego, no puedes negar que tienes nuestra América dentro cuando escribes». No sólo cuando escribo, sino también cuando leo, respiro, hablo y rabio contra el mundo. Desde el siglo XV, el destino de España, de la España grande, libre y genial, incluye a América. Quien no lo vea o no lo entienda ha nacido para adornarse con plumas la diadema, pero sólo angloplumas, no de las de Rubén Darío.

De modo que lo que ocurre en nuestra vertiente americana, en el campo político y cultural, es parte principal de nuestra sustancia más entrañable. Cuando he vuelto de México, de Colombia o de Argentina, siempre lo hice rebosando de entusiasmo o de preocupación con lo que allí ocurría. No comprendía cómo mis otros compatriotas miraban lo que pasaba al otro lado del océano como algo remoto, que no tenía por qué afectarnos.

Sigo pensando lo mismo, que debemos implicarnos. La dictadura del inacabable Fidel Castro (al cual demasiados aquí admiraron como un Franco bueno, cuyas fechorías de izquierdas compensaban positivamente los atropellos miserables del otro dictador) pervive todavía en su tinglado familiar y cómplice. Los demócratas españoles deberían ahora estar buscando soluciones alternativas al castrismo, aunque fuesen apoyadas por Donald Trump, en lugar de buscar algún modo de prolongar la dictadura que ha destruido el país y sobre todo las vidas de sus habitantes.

Miren un poco hacia los «defensores de la democracia» reunidos ahora en Barcelona: ahí tienen a los principales responsables de que el castrismo haya tenido décadas para destruir al país que parasita. Porque eso y no otra cosa es el comunismo, una plaga de parásitos que devora y roe hasta la médula el país que infecta. Desgraciadamente, eso es lo que tantos intelectuales españoles han recomendado a nuestros hermanos hispánicos como solución a sus problemas políticos y económicos. Personas que en España sólo apoyan actitudes centristas y se someten invariablemente a los parámetros liberales o socialdemócratas vigentes en Europa, cuando cruzan el charco y son invitados por los países de la otra orilla, se convierten en furiosos guerrilleros, se ponen el pasamontañas zapatista y recomiendan las «soluciones» políticas más disolventes.

Si no fuera por cierto pudor patriótico, contaría las actitudes que he visto adoptar a cráneos privilegiados de nuestro país cuando se encontraban en suelo americano y sobre todo rodeados de jóvenes fáciles de entusiasmar… y de embaucar con argumentarios ultrarradicales. No hay nada que me inspire mayor repugnancia que los terroristas de sala de estar que sólo muestran sus garras y cuernos cuando saben que todo queda en pura palabrería que gana fáciles aplausos y no arriesga el pellejo.

«He visto a Paz o Vargas Llosa acusados por mediocres de venderse a la reacción por no participar en aquelarres extremistas»

Yo he visto desacreditados por mediocres o directamente imbéciles a talentos como Octavio Paz o Mario Vargas Llosa, acusados de haberse vendido a la más negra reacción por no querer participar en los aquelarres extremistas a que se prestaban otros como García Márquez, excelente escritor pero mal ejemplo ciudadano. Y lo peor es que hay un fondo ya no paternalista, sino francamente racista en esa actitud. Porque posturas suicidas en lo político, que desde luego uno mismo no quisiera para nada en su país, le parecen aceptables en países de mayor presencia indígena, más tostaditos de piel y por tanto más ingenuos de alma…

Por eso he vivido con tanto gozo intelectual y sentimental la gran concentración en honor de la Venezuela libre y de su líder María Corina Machado en la Puerta del Sol de Madrid. Hubo muchísimos venezolanos, desde luego, y de los mejores y más combativos, pero también un número insólito de españoles. ¡Ya era hora! Los amigos de Venezuela no pueden serlo de Maduro ni de Delcy, por no hablar de Diosdado Cortacabelleras.

En la Puerta del Sol estaban el otro día los españoles hispanoamericanos, los que apoyan a quienes ganan elecciones legítimas como las que queremos aquí y los que se ven representados por una líder centrada y sensata —liberal, como es de rigor— como María Corina Machado. Ojalá por fin nos pongamos del lado bueno de la historia de Hispanoamérica, que desde luego no es el que buscan la mafia izquierdista de Barcelona ni pigmeos políticos como Albares y familia.

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