El IRPF
«Un impuesto progresivo casi perfecto ha acabado convertido en un sacaperras, sobre todo para los asalariados, que cargan con la mayor parte de la recaudación»

Ilustración de Alejandra Svriz
Estamos en medio del periodo donde los españoles presentamos al Gobierno la declaración del IRPF. Antes de seguir, creo que es bueno presentar algunos datos del año pasado, que es el que ahora ha de cerrarse. Datos que recogió la analista Alejandra Olcese en El Mundo el pasado 5 de abril.
La recaudación por IRPF en 2025 fue de 142.466 millones de euros, récord histórico (lo que supone un 44% del total de recaudación de Hacienda). Los trabajadores asalariados son los grandes sostenedores del Estado de bienestar y el gravamen sobre las rentas del trabajo está alcanzando niveles nunca vistos en España.
Al cierre de esta campaña habrá abundantes devoluciones. En la campaña de 2024, seis de cada diez declaraciones salieron a devolver, pues se había retenido más de lo que se debía retener. La Agencia Tributaria ingresó más de 13.000 millones de euros a 15,6 millones de trabajadores.
El crecimiento de la recaudación por IRFP se explica por distintos factores. El primero de ellos es el propio dinamismo de la economía, ya que la recaudación crece cuando la economía va bien. El segundo es el empleo: a mayor número de trabajadores en el país, mayor será la contribución total del factor trabajo vía IRPF. Hay que tener en cuenta que en los últimos años el número de ocupados ha crecido hasta la cota récord de 22,46 millones de empleados, lo que sin duda contribuye a aumentar la recaudación. El afloramiento de la economía sumergida, que se ha acelerado desde la pandemia, es un tercer factor, ya que los empleos en B se caracterizan por no pagar cotizaciones a la Seguridad Social ni tampoco impuestos.
«La decisión del Gobierno de no deflactar el impuesto ha sido crucial, ya que así se garantiza un récord de recaudación»
Relacionado con lo anterior, la decisión del Gobierno de no deflactar el impuesto ha sido crucial, ya que así se garantiza un aumento récord de la recaudación. A este propósito, la oposición lleva años pidiendo al Ejecutivo que lleve a cabo esa actualización, pero el Gobierno ha decidido no hacerlo, ya que supone un incremento de impuestos encubierto. ¿En qué consistiría? Se trata de ajustar a la inflación los tramos y deducciones de este impuesto para evitar que aquellos contribuyentes a los que les han subido el sueldo para preservar su poder adquisitivo en función de esa subida de sueldos tengan que pagar más impuestos. O, dicho de otro modo, las subidas de sueldo al nivel de la subida de precios hoy se las lleva Hacienda.
El IRPF, que apareció en el panorama tributario español como un impuesto progresivo casi perfecto, ha acabado convertido en un sacaperras, sobre todo para los asalariados, que cargan con la mayor parte de la recaudación, mientras que los grandes ingresos se escabullen sin que los terribles recaudadores les den caza. En otras palabras: el IRPF es un gran recaudador, pero ha dejado de ser —hace ya bastantes años— un redistribuidor, lo cual lo desactiva ideológicamente y, por tanto, deja de ser una pieza que los progresistas debamos defender.
Paguemos, pues, sin protestar (la mayor parte de esos pagos ya están retenidos de nuestras nóminas), pero sepamos todos que este impuesto tiene de progresivo menos que el IVA, que es un impuesto indirecto.