La directora de la Guardia Civil y el DAO evitan dar explicaciones internas sobre el 'caso Leire'
El sumario apunta que González y Llamas presionaron a agentes de la UCO que investigaban al entorno de Sánchez

Mercedes González y el teniente general Manuel Llamas. | EP
La directora de la Guardia Civil, Mercedes González, y el director adjunto operativo (DAO), el teniente general Manuel Llamas, evitaron el pasado jueves dar explicaciones internas sobre sus presuntos vínculos con la trama Leire, después de que sus nombres aparecieran en el sumario de la causa que investiga la Audiencia Nacional. La ocasión era perfecta. Se celebraba el Pleno del Consejo del Instituto Armado, el órgano representativo del Cuerpo, para tratar asuntos de trascendencia con los presidentes y vocales de las principales asociaciones profesionales. Sin embargo, la cúpula directiva pasó de largo y no hizo mención alguna al asunto en las más de cinco horas que se extendió la reunión, según informan a THE OBJECTIVE fuentes presenciales.
La máxima responsable del Cuerpo excusó la visita del Papa y su participación en el consejo para no comparecer ante la Comisión de Interior del Senado, donde había sido citada a petición del Partido Popular para aclarar sus contactos con la exmilitante socialista Leire Díez, después de que el Gobierno negase esas reuniones con la fontanera de Ferraz y más tarde las admitiera, tras las pesquisas de la Unidad Central Operativa (UCO), a través de una nota de prensa de la Dirección General de la Guardia Civil. Pese a la gravedad de los hechos, que sitúan tanto a González como a Llamas en el papel de presionar a los agentes de la UCO que estaban investigando a dirigentes del PSOE y al entorno de Pedro Sánchez, la directora y el DAO hicieron como si nada.
Si bien las asociaciones profesionales no preguntaron por el tema en la reunión, sí lo hicieron previamente en la comisión preparatoria, donde González, según las mismas fuentes, cortó el asunto señalando lo mismo que dijo el ministro del Interior en su enésima versión sobre las reuniones entre la directora y Díez: «Nunca hice nada que perjudicara a la Guardia Civil». Fuentes del encuentro, por otro lado, destacan a este periódico que la dirigente socialista «estaba bastante entera» y se mostró más dispuesta a avanzar en el trámite de algunas normas para conseguir más medidas de conciliación para los agentes. No tanto así para la semana laboral de 35 horas, que la ministra de Defensa ha implantado en las Fuerzas Armadas y a la que González sigue oponiéndose frontalmente.
Un pleno «más calmado»
El del pasado jueves, sin duda, fue un pleno del Consejo «más calmado» que el anterior, el pasado 18 de marzo, en el que las asociaciones profesionales dejaron plantada a la directora general por excluir a la Guardia Civil de la profesión de riesgo. En unidad de acción —que las organizaciones de guardias civiles mantienen todavía— decidieron dejar de acudir a las reuniones como protesta a la tramitación del real decreto que regula la jubilación anticipada para los policías nacionales y deja fuera a los agentes de la Benemérita. A mediados de mayo, sin embargo, los representantes decidieron retomar las negociaciones con la cúpula del Cuerpo, después de que la secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, se comprometiera a incluirlos en la norma.
Las revelaciones del sumario del caso Leire Díez han dejado a la Guardia Civil en estado de shock. Los informes de la UCO señalan que la cúpula del Cuerpo y el teniente general Manuel Llama habrían tratado de presionar a los investigadores de los casos que afectaban al PSOE. En unos casos, a través de investigaciones internas contra la UCO por supuestas filtraciones a la prensa; y en otros, con manifestaciones directas sobre cómo debían actuar los agentes a la hora de elaborar informes sobre las causas de corrupción que afectaban a la formación socialista y al entorno del presidente Pedro Sánchez.
La orden de «ponerse de perfil» a la UCO
En julio de 2024, según reza un informe de la causa, al que ha tenido acceso THE OBJECTIVE, Llamas, máximo mando uniformado del Cuerpo, ordenó al general jefe de Policía Judicial, el general Alfonso López Malo, y al entonces jefe de la UCO, el coronel Rafael Yuste, que los agentes «debían ponerse de perfil» en las investigaciones que seguían contra dirigentes del PSOE y personas del entorno del presidente del Gobierno, en concreto con el caso de su hermano, David Sánchez. Lejos de actuar, dijo, la unidad de élite debía esperar a que la autoridad judicial tomase la iniciativa.
Los investigadores del caso Leire Díez, que instruye el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz, han podido llegar a esa conversación gracias a las declaraciones como testigos de los citados altos mandos (Yuste y López Malo), en el marco de la citada causa, que indaga los expedientes que la cúpula de la Guardia intentó abrir a investigadores de la UCO como arma de presión. Una idea que la fontanera de Ferraz habría hecho llegar a la directora Mercedes González en al menos dos reuniones con el objetivo de frenar supuestas filtraciones. El fin último, sin embargo, fue desestabilizar las pesquisas contra el Partido Socialista.
«El DAO debe irse»
El relato de estos hechos delictivos ha generado un malestar interno en la Guardia Civil que alcanza a todos los niveles y escalas. Mientras el cierre de filas con los dos generales que prestaron declaración es total, la idea de que el teniente general Manuel Llamas debe dejar su puesto se extiende cada vez con más fuerza, manifiestan a este periódico distintos agentes y mandos de la Guardia Civil. Más allá de las implicaciones de la directora general del Cuerpo, un cargo político, lo que más ha sorprendido son las implicaciones del DAO, el guardia civil de mayor rango en la Benemérita. «No tiene ya ninguna autoridad, debe irse», afirman.
«Ante la evidencia ahora constatada de que Llamas no solo no evitó que esas ilegales presiones políticas de claro interés partidista afectaran a la Guardia Civil, sino que incluso las hizo suyas y se prestó nada menos que a presionar a sus subordinados para que dejaran de cumplir con su obligación, no puede seguir en ese puesto ni un minuto más. Aunque lleve en sus hombreras las estrellas que lleve y ponga a la entrada de su despacho lo que ponga, a la vista de la totalidad de sus subordinados, él ya ni es teniente general ni es DAO, porque ha perdido toda autoridad», censuran fuentes del Instituto Armado.
