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España

El 82% de los denunciados por ciberviolencia de género tenía antecedentes

Según un informe, las exparejas protagonizan el 95% de los casos de este tipo de maltrato contra las mujeres

El 82% de los denunciados por ciberviolencia de género tenía antecedentes

Una mujer usando un teléfono móvil. | Magnific

El 82% —81,6%, concretamente— de los agresores denunciados en el país por ciberviolencia de género durante los últimos años contaba con antecedentes policiales o judiciales. Además, el 59,4% había cometido previamente delitos contra la víctima denunciante. Así lo recoge la Radiografía de la ciberviolencia de género denunciada en España analizada por este periódico.

El informe lo elabora el Ministerio del Interior a través de un análisis de los casos de ciberviolencia de género —uso de tecnologías digitales para ejercer control, acoso, amenazas, vigilancia, humillación o violencia contra las mujeres— denunciados ante los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado entre 2015 y enero de 2023. Su objetivo es describir cómo se manifiesta la violencia de género en el entorno digital, quiénes son las víctimas y los agresores, y qué tipos de conductas son más frecuentes.

Entre otros aspectos, el informe analiza el perfil de las víctimas y de los agresores, los tipos de violencia digital más denunciados, las plataformas y tecnologías utilizadas para ejercerla, la relación entre víctima y agresor, la evolución temporal de las denuncias y las implicaciones de este fenómeno para las políticas públicas y los mecanismos de protección. Su relevancia radica en que constituye uno de los primeros estudios oficiales en el país que examina de forma sistemática la violencia de género en el entorno digital, aportando evidencia empírica para comprender mejor sus características y diseñar estrategias de prevención, detección y respuesta más eficaces.

Para su elaboración se utilizó una muestra representativa de 495 episodios de ciberviolencia de género denunciados en el país en el periodo de tiempo anteriormente mencionado, recopilados a partir de datos de la Policía Nacional, la Guardia Civil y las policías autonómicas. Además, los investigadores analizaron de forma individual cada episodio de violencia digital, identificando 1.321 hechos cibernéticos distintos, ya que una misma víctima podía haber sufrido múltiples formas de ciberviolencia, lo que permitió obtener una radiografía más precisa de este fenómeno.

En cuanto a las características generales de los hechos analizados, en el 96% de ellos hubo una única víctima y en tres de cada cuatro situaciones (75,6%) se registró un único delito. Respecto a los tipos de quebrantamiento, el 58,5% estuvieron relacionados con conductas de control o acoso; el 23,8% fueron de carácter agresivo, con el objetivo de ejercer una represalia; y el 17,7% tuvieron un componente manipulativo, orientado a retomar la relación o lograr una reconciliación. En cuanto al nivel de riesgo, las víctimas fueron clasificadas mayoritariamente en categorías baja (23,4%) y media (20,6%). El 11,1% fueron consideradas de alto riesgo y solo el 1% de extremo.

Perfil de las víctimas

En cuanto al perfil de las víctimas, estas se concentran principalmente en dos franjas de edad: entre los 31 y los 45 años (45,8%) y entre los 18 y los 30 años (35,1%). La edad media es de 34,5 años, aunque el rango oscila entre los 12 y los 84 años. Por lugar de nacimiento, el 77,9% nacieron en España y el 22,1% en el extranjero, destacando entre estas últimas las procedentes de Marruecos (2,8%), Rumanía (2%) y Colombia (1,8%). En cuanto a la nacionalidad, el 81,6% son españolas y el 17,6% extranjeras. Respecto a su situación familiar, el 97% no convivía con el agresor en el momento de la denuncia. Además, el 63,6% tenía al menos un hijo y en el 43,6% de los casos esos hijos eran fruto de la relación con el agresor. Por último, el 3,4% de las víctimas presentaba algún tipo de discapacidad y el 2,6% manifestó consumir alcohol o sustancias de forma habitual.

Perfil de los agresores

Respecto al perfil de los agresores, estos se concentran principalmente entre 31-45 años (47,7%) y 18-30 años (29,9%). La edad media es de 36,8 años, ligeramente superior a la de las víctimas. Por lugar de nacimiento, el 73,3% nacieron en España y el 26,7% en países extranjeros, siendo Marruecos el país extranjero más representado (6,1%). En términos de nacionalidad, el 77,4% son españoles y el 22,6% extranjeros. Del total de agresores, el 67,3% consumían alcohol o drogas —el 14,7% solo alcohol, el 17,8% solo drogas y el 24,6% combinaba ambas sustancias—, siendo este habitual en el 33,5% de los expedientes.

Además, el 5,5% de los agresores tenía acceso a armas y el 81,6% contaba con antecedentes policiales o judiciales. Este último dato resulta especialmente relevante, ya que el 59,4% había cometido previamente delitos contra la víctima actual, siendo los malos tratos la infracción más frecuente. Asimismo, uno de cada cinco agresores (20%) tenía antecedentes por delitos cometidos contra parejas anteriores. En la misma línea, el 11,3% había ingresado previamente en prisión, en 34 casos por delitos relacionados con la violencia de género.

Características de la relación

Con respecto a la tipología de la relación, la inmensa mayoría de los episodios correspondía a exparejas (94,5%), mientras que solo el 5,5% de las víctimas mantenía una relación con el agresor en el momento de los hechos. Asimismo, el 16,5% seguía casado o unido mediante una pareja de hecho formalmente constituida, pese a que la relación ya había finalizado. Del total de relaciones analizadas, el 95,3% se desarrolló de forma presencial, el 3,4% combinó interacciones presenciales y digitales, y el 1,4% tuvo lugar exclusivamente en el entorno digital.

Acerca de las dinámicas de violencia, el 88,3% de las víctimas había sufrido algún tipo de maltrato previo además de los delitos cibernéticos denunciados. Las formas más frecuentes fueron la violencia psicológica (86,7%) y la física (50,5%). Asimismo, en el 30,8% de los procedimientos el agresor también ejerció violencia contra personas del entorno de la víctima, siendo violencia vicaria —dirigida contra los hijos— en el 13,7% de los casos.

Por último, sobre el contexto de la relación, el principal detonante de los hechos fue la ruptura sentimental. El 96,5% de las relaciones habían finalizado y, en el 97,4% de las ciberagresiones registradas, fue la víctima quien tomó la decisión de poner fin a la relación. Además, el 86,3% de las víctimas afirmó haber sufrido conductas de acoso o acecho por parte del agresor, mientras que el 63% señaló que este mostraba comportamientos celotípicos.

Situación judicial

En el ámbito judicial, el 59% de las víctimas había presentado denuncias previas contra su agresor. Sin embargo, en 11 de esos casos (3,8%) la denuncia fue retirada posteriormente. Además, entre los agresores con antecedentes, el 67,1% acumulaba registros relacionados con violencia de género. Los datos también reflejan las dificultades para garantizar la protección efectiva de las víctimas. En el momento de la denuncia, el 45,9% contaba con medidas de protección en vigor, mientras que el 10,9% carecía de ellas.

Pese a estas medidas, en el 94,8% de las situaciones con denuncias previas se produjo un quebrantamiento de la orden de alejamiento. En el 95,9% de esas vulneraciones fue el propio agresor quien incumplió la medida. También la percepción de riesgo entre las víctimas fue elevada: el 76% manifestó temor a sufrir nuevas agresiones tras denunciar. Esta sensación encontró respaldo en las valoraciones policiales, que detectaron riesgo para la integridad de la mujer en el 62% de los expedientes analizados.

Ciberdelitos perpetrados

Por último, en cuanto a la tipología de los delitos, los más frecuentes fueron el ciberacoso, que concentró el 30,1% de los casos, seguido de las ciberamenazas (24,3%) y los quebrantamientos de condena (22%). En el extremo opuesto se situaron las coacciones (4%), la suplantación de identidad (2,1%) y el contacto no deseado (1,7%). Atendiendo a una clasificación más específica de las conductas, la modalidad predominante fue el ciberstalking o acoso persistente en línea, dándose en el 49%. Le siguieron el flaming o ciberamenaza (23%) y la denigración o difusión de mensajes ofensivos y denigrantes (15%).

Por otra parte, el 11,9% de los delitos registrados tuvo carácter sexual. Dentro de esta categoría destacó especialmente la difusión no consentida de contenido íntimo (57,1%). También sobresalieron la sextorsión (48,7%) y el sexting (21,8%). WhatsApp fue la plataforma más utilizada para la comisión de estos delitos, presente en el 40,3% de los casos, seguida de las llamadas telefónicas (28,5%) y Facebook (10,7%). La inmensa mayoría de los incidentes se produjo en el ámbito privado, que concentró el 88,6% de los casos analizados.

Los datos también revelan que los agresores rara vez recurrieron al anonimato. En nueve de cada diez casos utilizaron sus propios dispositivos y cuentas personales, lo que permitió que la víctima los identificara desde el primer momento en el 81% de las situaciones. Asimismo, en más de la mitad de los expedientes (52%) existió algún tipo de comunicación directa entre víctima y agresor. Estos contactos se produjeron de forma involuntaria, voluntaria o con el objetivo de solicitar el cese de las conductas agresivas.

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