La izquierda española se abraza a China ante el cambio de opinión que reflejan los sondeos
Sánchez, Díaz e Iglesias alaban a Pekín al tiempo que diversas encuestas revelan una mejora de su imagen exterior

Pedro Sánchez se reúne con Xi Jinping en Pekín | Moncloa
«Hemos elevado la interlocución política con China al mayor nivel de los últimos cincuenta y tres años». Con estas palabras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, celebró su reciente viaje a Pekín. Xi Jinping, el presidente de China, reconoció a Sánchez como «interlocutor clave entre Pekín y la UE», según tituló el periódico Politico, referente en la información europea. Mientras tanto, Pablo Iglesias pide sustituir a Estados Unidos con China como socio principal de España y Yolanda Díaz alaba sus avances en el estado de derecho. ¿Qué está ocurriendo entre la izquierda y el gigante asiático? ¿Por qué de repente todos se lanzan a aplaudir el régimen comunista? La respuesta se halla, tal vez, en los sondeos, en los que la percepción pública del país asiático ha mejorado en los últimos meses. Sobre todo en España.
A principios de marzo, una semana después de los ataques a Irán y en plena polémica sobre el uso de las bases españolas por parte del ejército norteamericano, Sigma Dos detectó un cambio de rumbo. En un sondeo publicado en El Mundo, a la pregunta de «qué país o zona son de su preferencia como socio para España», el electorado de izquierda ofreció respuestas sorprendentes. Un 45% de los votantes de Sumar dijo preferir China a Estados Unidos (solo un 9%) como país de preferencia. En el caso del PSOE, un 38% de los votantes socialistas también se decantó por el país asiático, frente a un 23% que contestó Estados Unidos.
Mientras Sánchez arremetía contra Trump e Irán aplaudía su alejamiento de Washington, los votantes socialistas dijeron preferir a China como socio principal para la política exterior de España. Estos datos representan un cambio respecto a los tradicionales vínculos latinoamericanos de los votantes de la izquierda. Después de la crisis de 2008, Cuba, Venezuela o Argentina habían representado algo parecido a un ejemplo a seguir. Pero esa brújula de amistad ahora señala a China.
Derechos humanos
Sánchez maneja encuestas casi a diario para medir el termómetro social de España. Desde su llegada a la Moncloa, ha viajado a China ya cuatro veces. En cada ocasión ha defendido un acercamiento comercial y estratégico con ese país, aunque en su última visita fue a más. En lugar de lanzar algún tipo de mensaje, aunque sea velado, sobre incumplimiento de los derechos fundamentales por parte de China, dijo que «Occidente debe renunciar a parte de sus cuotas de representación».

Sánchez llegó a apelar a China para que intervenga en los escenarios de guerra que sacuden Oriente Próximo. Todo ello, mientras Trump lanzaba desde Washington un aviso al gigante asiático para evitar su apoyo militar a Irán. Sánchez pidió a China «hacer más, exigiendo que el derecho internacional se cumpla y cesen los conflictos en el Líbano, en Irán, en Gaza, en Cisjordania y también en Ucrania».
Para Sánchez, China se puede convertir en el algo parecido a un garante del «derecho internacional», a pesar de incumplir los derechos fundamentales de su pueblo. El líder socialista propone a China convertirse en el gran árbitro de la geopolítica global. Es decir, que sustituya a Estados Unidos o cómo mínimo asuma su papel de contrapoder, en una situación que recordaría situaciones parecidas a las de la Guerra Fría.
El mejor amigo de China en Europa
Pero, ¿en qué se fundamenta semejante giro de la izquierda hacia China? La respuesta se puede hallar en recientes datos demoscópicos, que revelan la caída en picado de la imagen de Washington. Un sondeo de Gallup, efectuado en abril en más de 130 países con alrededor de 1.000 encuestados en cada uno, concluye que por primera vez la imagen exterior de China ha adelantado a la de EEUU. Pekín obtiene un 36% de apoyos, frente al 31% de Washington. Se trata del diferencial «más amplio que se ha registrado en favor de China en cerca de 20 años», según ha registrado la agencia estatal china Xinhua en una nota traducida al español.
Otro sondeo, publicado por el diario Politico y hecho en seis países europeos determina que Estados Unidos es percibido como una mayor amenaza que China. Todo ello a pesar de los avisos de la Comisión Europea para frenar la penetración de los capitales y los productos industriales chinos (sobre todo aquellos vinculados al sector del automóvil) en Europa.
En ese contexto, destacan los resultados recogidos en España. Solo un 25% de encuestados en España califica a China de «amenaza», frente al 40% de Francia. El 51% de los españoles considera, en cambio, que la principal «amenaza» para el país es Estados Unidos. Un 21% de españoles, además, ve a China como un socio, y un 5% lo tacha de «aliado»; la cifra más alta registrada en cualquier otro país europeo.
Esos datos pueden ofrecer una explicación al acercamiento de la izquierda española a China. Aunque, como a menudo ocurre con los sondeos, quedará por aclarar si son el resultado de la percepción de la ciudadanía o el efecto de las consignas de los referentes políticos.
El martes, Sánchez pidió a Xi Jinping no «aislarse», para encontrar en Europa un socio fiable. Yolanda Díaz prefiere atacar a Israel antes que a China, mientras obvia las aspiraciones expansionistas de Pekín sobre Taiwán. Iglesias fue el primero en marcar la agenda: «Yo creo que España y Europa deben buscar nuevos aliados y creo que China es un aliado más interesante para los intereses europeos y españoles», dijo en el canal chino CGTN, como publicó en su momento THE OBJECTIVE. Después de la Unión Soviética en el siglo XX, y de América Latina a partir de la crisis financiera, la izquierda parece haber modificado su brújula: ahora su referente en el mundo es China.
