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Economía

Las empresas españolas redujeron en 2025 su inversión en China al nivel más bajo en 30 años

Mientras el gigante asiático aumenta su presencia en España, las compañías de capital español se alejan del país

Las empresas españolas redujeron en 2025 su inversión en China al nivel más bajo en 30 años

El líder chino, Xi Jinping, con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado lunes en Pekín. | Reuters

La inversión de las empresas españolas en China se hundió un 84% en 2025 hasta situarse en solo 4,54 millones de euros. Se trata del dato más bajo de las últimas tres décadas; cuando solo llegaron 3,95 millones de euros de capital español al gigante asiático en 1996, la última vez que se dio un nivel tan bajo. En 2024, las compañías movilizaron 28,86 millones, que ya de por sí implicaba empeorar con respecto al año anterior (85,03 millones), según las cifras de la Secretaría de Estado de Comercio, dependiente del Ministerio de Economía y Empresa. Los mejores registros históricos llegaron en 2010, con 1.306,11 millones, y en 2020, con 1.824,83 millones.

La inversión extranjera directa bruta de España en la mayor economía de Asia, excluyendo las entidades de tenencia de valores extranjeros (ETVE) —figura societaria que permite realizar inversiones internacionales sin tener que tributar por los dividendos, ganancias o plusvalías de las participaciones accionariales— se ha reducido considerablemente desde entonces. Mientras China ha cuadruplicado en el último año el capital ubicado en nuestro país, reforzando así su presencia en un mercado que considera estratégico y amigable en comparación con el resto de la Unión Europea, las compañías españolas no ven con el mismo interés la posibilidad de hacer negocios en este país, que ocupa el puesto 154 —y bajando— en el ranking del índice de libertad económica de The Heritage Foundation y el Wall Street Journal, que comprende un total de 176 naciones.

La falta de reciprocidad en la relación económica entre España y China, que se ha estrechado en los últimos años en paralelo al acercamiento entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del régimen de Pekín, Xi Jinping, ha provocado malestar empresarial. De hecho, el déficit comercial, que se sitúa en unos 42.000 millones de euros, según Comercio, y unos 32.000 millones según Eurostat, se ha duplicado desde 2018. Las autoridades chinas se han comprometido a facilitar la entrada de productos españoles, en particular, porcino, vino y textil, aunque la realidad actual es que el valor de las importaciones chinas quintuplica el de las exportaciones españolas hacia este mercado.

La última visita de Sánchez a Xi ha fijado la economía como prioridad y se ha saldado con una promesa de corrección y mejora que deja la incógnita de hasta qué punto van a materializarse estos compromisos. El presidente del Gobierno, que cree que la relación diplomática está en el «máximo nivel de los últimos 53 años», es decir, desde los tiempos de Mao, trasladó al líder del Partido Comunista Chino su preocupación por el desequilibrio comercial de España con China y trató de posicionar nuestro país como destino prioritario de inversiones. En este cuarto viaje al gigante asiático se han cerrado 19 acuerdos bilaterales y diez pactos comerciales para que la relación, que Pekín describe como «pragmática», sea más «estrecha, sana y equilibrada», y que incluyen asuntos como la inversión, las alianzas empresariales, la tecnología o la agricultura. Según la Moncloa, los acuerdos servirán para mejorar el acceso a China de productos como los agroalimentarios, además de estrechar vínculos en aspectos como las infraestructuras o el transporte.

Tras sus reiterados choques con el presidente estadounidense, Donald Trump, Sánchez ha logrado que Xi lo reconozca como interlocutor clave entre Pekín y Bruselas, en un supuesto intento de afianzar la estabilidad del vínculo con la Unión Europea y la cooperación en asuntos como la paz, la prosperidad y la sostenibilidad medioambiental. Un acercamiento estratégico que ha desatado críticas por parte de la oposición, mientras que algunos economistas han alertado de que es un error. El presidente del Gobierno ha abierto la puerta a que el gigante asiático abra más fábricas en el país, como ya hizo Chery en Barcelona, algo a lo que la mayoría de los países europeos se muestran mucho más reacios. De hecho, la china Hithium ha firmado un acuerdo con el Gobierno de Navarra para la instalación de una planta de baterías. El proyecto promete traer una inversión de 405 millones de euros y en torno a 700 puestos de trabajo en una primera fase, que podrían ascender al millar en una segunda. La firma ha tenido lugar durante un encuentro con el fundador y presidente de la compañía, Jeff Wu, y en presencia de Sánchez.

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