
Hasta ahora
No es el derecho a olvidar lo que esas 20 peticiones por minuto representan. Estoy seguro. Es el derecho a que no te traten de forma injusta quienes son unos desconocidos.

No es el derecho a olvidar lo que esas 20 peticiones por minuto representan. Estoy seguro. Es el derecho a que no te traten de forma injusta quienes son unos desconocidos.




Tengo la sospecha de que esta semana mi columna va a ser la más leída en mi querido The Objective, y es que si el título ya de por sí le ha llamado la intención, más de 1000 personas al mes buscan esta frase en Google.

Ya sabíamos que en Facebook y otras redes sociales uno puede crearse una identidad a medida, pero ahora será más fácil desvanecer las huellas de hechos reales y comprobados.
Google es, ahora mismo, la gran memoria colectiva de la humanidad. Y, afortunadamente, no tiene derecho a olvidar. Esperemos que siga siendo así.

Llegará un día en el que el coche sin conductor de Google nos llevará por las calles de Google Maps a la tienda que hemos visto en Google Street View sin necesidad de salir de casa porque lo estaremos viendo en nuestras Google Glass.



Si te preguntaran cuáles son las compañías más innovadoras del mundo, ¿qué nombres darías? ¿Apple, Google, Amazon, quizás? ¿Ebay, Intel, IBM, Yahoo, Oracle o Texas Instruments?

En 1978, Octavio Paz llamó a los Estados ogros filantrópicos: querían saber hasta el último detalle de tu vida por tu bien. Las empresas de tecnología están hoy haciendo lo mismo -y quizá las estamos alimentando con aún más entusiasmo que al Estado.







La fotografía de este hombre resume a la perfección la imagen del futuro que teníamos quienes hemos conocido un mundo sin teléfonos móviles y sin conexión a internet.

Quizá Aristóteles hubiera usado Google para cotillear sobre las amantes de Filipo II de Macedonia. Todos tenemos alma de portera cotilla