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Economía

La ropa descartada por H&M se convierte en el combustible de una planta energética

Las plantas energéticas llevan años tratando de renovarse. La popularidad creciente de las energías renovables y los objetivos mundiales para acabar con la contaminación las están forzando a buscar soluciones más sostenibles y cada una está tomando su propio camino.

La ropa descartada por H&M se convierte en el combustible de una planta energética
Reuters

Las plantas energéticas llevan años tratando de renovarse. La popularidad creciente de las energías renovables y los objetivos mundiales para acabar con la contaminación las están forzando a buscar soluciones más sostenibles y cada una está tomando su propio camino. Uno de los compromisos más importantes es el Acuerdo de París, del que Estados Unidos ha decidido mantenerse fuera y que lucha contra el cambio climático con medidas como la reducción de la emisión de gases a la atmósfera.

La compañía sueca Malarenergi AB, que opera una planta energética en Vasteras, a unos 100 kilómetros de Estocolmo, ha optado por los combustibles reciclados para unirse a esta tendencia de sostenibilidad, y la empresa textil H&M ha decidido contribuir a esta iniciativa.

15 toneladas de ropa descartada

Las empresas textiles descartan a menudo ropa de todo tipo por defectos que hacen que no cumpla con las medidas de seguridad. En el caso de H&M, son estas piezas las que la compañía quema en la planta energética de Vasteras.

“Para nosotros es combustible”, explica el director de suministros de combustible de Malarenergi AB, Jens Neren, a Bloomberg.

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La compañía solo descarta ropa que no es segura para los consumidores. | Foto: Eric Thayer/ Reuters

“H&M no quema ninguna ropa que sea segura para usar” por los consumidores, explica la directora de comunicaciones de H&M en Suecia, Johanna Dahl, a Quartz. “Sin embargo, es nuestra obligación legal asegurarnos de que la ropa que tiene moho o no cumple con las estrictas restricciones químicas es destruida”.

En este intento de acabar con los combustibles fósiles, la planta ha quemado ya 15 toneladas de ropa de H&M. Esta cantidad puede sonar escandalosa, pero realmente se corresponde con un minúsculo porcentaje del total de materiales reciclados que se queman en esta planta.

Hasta el momento, 400.000 toneladas de basura han sido incineradas para abastecer a los alrededor de 150.000 hogares que obtienen su energía de esta central. Por tanto, aunque la cantidad de prendas que H&M descarta regularmente puede parecer muy elevada, su aportación al total del combustible de esta iniciativa ecológica es tan solo de un 0.00375%.

El objetivo de la planta energética

Malarenergi AB tiene un objetivo muy claro: dejar de utilizar combustibles fósiles en el año 2020. Y lo tiene tan claro que ya ha recibido el carbón que utilizará en los próximos tres años para abastecer a los dos generadores de los años 60 con los que cuenta.

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La empresa quiere dejar de usar combustibles fósiles en 2020. | Foto: Michael Sohn/ AP

Para lograr este ambicioso objetivo, la planta de Vasteras tiene un acuerdo con varias ciudades de los alrededores e incluso con otros países, como Gran Bretaña, del que importa basura para abastecer su principal generador. H&M es una más de estas empresas con las que la compañía Malarenergi AB tiene un acuerdo para lograr generar una energía más sostenible.

La contaminación en la industria de la moda

Suecia se ha convertido en uno de los países líderes en la eliminación de los combustibles fósiles. Sin embargo, aún queda mucho por hacer para acabar con la contaminación en otros sectores.

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La industria de la moda genera ingentes cantidades de basura a diario. | Foto: Gleb Garanich/ Reuters

Las 15 toneladas de ropa descartadas por H&M ponen de manifiesto un grave problema generado por la industria de la moda, cuyo modelo de producción está muy lejos de ser sostenible.

La producción de ropa no ha dejado de crecer en los últimos años, llegando incluso a duplicarse en el periodo entre 2010 y 2014. La contaminación producida por los elementos químicos utilizados en las fábricas y la gran cantidad de prendas desechadas, se suman a la rapidez con la que los consumidores se deshacen de la ropa vieja que acaba, a menudo, en vertederos. Además, suplir las necesidades de grandes mercados como Brasil, China, India, México o Rusia lleva a las empresas textiles a desechar cada día numerosos materiales y prendas ya confeccionadas por diferentes motivos, lo que dificulta el objetivo de reducir la contaminación generada por esta gran industria, que se ha convertido en la segunda más contaminante del mundo. 

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