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La menstruación sostenible es posible

Foto: Marvin Meyer | Unsplash

Una mujer menstrúa durante unos 40 años de su vida. Esto supone que si tiene una media de cuatro días de menstruación cada 28 y usa unos cuatro tampones o compresas al día puede llegar a gastar hasta 12.000 de estos productos de higiene femenina durante sus años fértiles. Con respecto a los salvaslips, podemos incluso utilizar más de 20.000 a lo largo de nuestra vida.

Viendo estas cifras está claro que no prestamos la suficiente importancia a uno de los productos que más consumimos y que más contaminan a nuestra tierra, ya que tardan unos 200 ó 300 años en descomponerse ¡cada uno!

Por eso, cada vez suena con más fuerza un revolucionario concepto: menstruación sostenible, una manera diferente de menstruar sin cargarnos el planeta y con artículos que tampoco nos hagan daño a nosotras. Y es aquí donde se abre todo un universo, aunque aún demasiado desconocido y escaso: compresas de tela, bragas menstruales y copas menstruales. 

Bragas menstruales 

“La mitad de la población menstrúa y sin embargo hay muy poca oferta. Esto se debe a que la innovación está en manos de los hombres. Hay camisetas para los jugadores de fútbol, por ejemplo, hechas para que prácticamente estos puedan jugar todo el partido sin sudar… Resulta incompresible que no haya más productos para la menstruación y que los avances sean tan escasos y lentos”. Quien sostiene estas palabras es Clara Guasch, filóloga, lingüista computacional y también una de las cuatro fundadoras de Cocoro, firma pionera en Europa en braguitas menstruales. “Todo surgió en 2016. Hicimos una campaña de crowfunding. Pedíamos 21.500 euros y recaudamos 170.000. Eso nos corroboró que era una buena idea y algo que las mujeres necesitábamos”.

Foto cedida por Cocoro.

Con una vida útil de dos a tres años, unos 60 lavados, Guasch asegura que esta ropa íntima absorbe la menstruación, el flujo vaginal y también pequeñas pérdidas de orina. “No tiene nada que ver con un pañal, es como cualquier braga convencional pensada para cómo funcionan nuestros cuerpos”.

Y pensarás, ¿cómo no acabaré manchada de pies a cabeza? Pues según nos explica la cofundadora de Cocoro, están fabricadas con un material hidrófugo que absorbe los líquidos y, por supuesto, la parte que está en contacto con la piel es siempre de algodón, lo que recomienda los ginecólogos. Y además, ¡no huelen!

En cuanto a su lavado, las puedes meter junto al resto de la colada, eso sí, siempre con agua fría y sin usar suavizantes. Tampoco se te ocurra meterlas en la secadora ni plancharlas.

Copa menstrual

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Foto cedida por Tres Amapolas

Aunque todo esto de la menstruación sostenible te puede parecer un concepto nuevo, lo cierto es que ya en los años 30 se patentó la primera copa menstrual. Fue una mujer, ¡cómo no!:  L. J. Goddard. Sin embargo, no tuvo mucho éxito ya que algunas mujeres opinaban que era demasiado grande, rígida y pesada. Y no hablemos de la aversión cultural de la manipulación de los genitales, el flujo menstrual y las secreciones vaginales. Por ello no fue hasta finales de los 80 cuando de nuevo comenzaron a tener fuerza, y aún más en los últimos años con movimientos como la filosofía ‘Zero Waste’ o ‘Residuo Cero’, que mueve a reducir el uso de plástico y a buscar otras alternativas. Hoy, una copa menstrual tiene una vida útil de diez años, con lo que con un precio que oscila entre los 17 y 50 euros, te supone un coste de entre 0,33 y 0,55 euros al mes. Al año solemos gastar unos 50 euros en compresas y tampones.

 

Compresas de tela 

Así, en este momento de concienciación ambiental, en los últimos meses hay otro producto para la menstruación sostenible que esta cogiendo fuerza: las compresas de tela. Pero tranquila, no te eches las manos a la cabeza porque nada tienen que ver con las que usaban nuestras abuelas. Al igual que las braguitas, completamente absorbentes con varias capas de algodón e impermeables, son ya varias las empresas que las producen, como Tres Amapolas, cuya socia fundadora, Mercedes Hervás, química ambiental, nos cuenta que cada vez son más las personas que recurren a ellas. “He visto un repunte en los últimos seis meses, estoy desbordada”, apunta la cacereña, que asegura tener clientas de todas las edades, “desde niñas con 13 y 14 años con su primera regla, hasta personas mayores con pérdidas de orina”. Y es que muchas mujeres, asegura Hervás, han recurrido a ellas para evitar irritaciones, eccemas o picores que les provocaba las convencionales. Aunque eso sí, como imaginarás, tienen más grosor que las tradicionales.

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Foto cedida por Tres Amapolas.

Y para lavarlas, ahora sí, el truco de las abuelas: dejarlas en remojo con agua fría durante unas horas, y después estrujarlas y meterlas en la lavadora. Al igual que las braguitas, por supuesto, también sin suavizante. De la misma forma, tiene una vida útil de unos dos o tres años, y durante el ciclo menstrual debes cambiártelas lo mismo que una convencional, por lo que lo ideal sería tener varias. Tres Amapolas ofrece toda una amplia gama de este tipo de ropa interior con estampados coloridos cuyos precios oscilan entre los nueve y los doce euros.

De esta forma, parece que cada vez apostamos más por minimizar la basura que producimos en beneficio del medio ambiente, y también, por qué no decirlo, en beneficio de nuestro bolsillo y nuestra salud.

 

 

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