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Medio Ambiente

Un grupo de locos trata de hacer sostenible el minado de bitcoins antes de que recaliente el planeta

El bitcoin ha cumplido 10 años y es un peligro para el medio ambiente. La forma en la que funciona en la actualidad es insostenible para el planeta. Esto no es una sorpresa para nadie. Satoshi Nakamoto, el pseudónimo que oculta al verdadero creador o creadores del bitcoin, dijo que el objetivo del sistema era cambiar la forma en la que el mundo funciona, sin recalentarlo en el proceso. 

Un grupo de locos trata de hacer sostenible el minado de bitcoins antes de que recaliente el planeta

El bitcoin ha cumplido 10 años y es un peligro para el medio ambiente. La forma en la que funciona es insostenible para el planeta. Esto no es una sorpresa para nadie. Satoshi Nakamoto, el seudónimo que oculta al verdadero creador o creadores del bitcoin, dijo que el objetivo del sistema era «cambiar la forma en la que el mundo funciona, sin recalentarlo en el proceso«. 

¿Por qué tienen tal impacto ecológico unas monedas virtuales? Por la forma de crearse: la minería. Empecemos por el principio. A diferencia de un banco central, que expide billetes y monedas, las criptomonedas se tienen que descubrir, y para encontrarlas hay que minar. Igual que una excavadora remueve grandes bloques para encontrar pepitas de oro, un minero de bitcoin tiene que resolver bloques matemáticos para encontrar bitcoins.

Hay un cantidad limitada de bitcoins: 21 millones de monedas, que serán emitidas en su totalidad alrededor del año 2140. Actualmente, los mineros reciben un nuevo problema matemático cada diez minutos y el más rápido en resolverlo se lleva las nuevas monedas que se ponen en circulación.

Estos problemas sirven, en realidad, para validar los movimientos que se hacen dentro de la red bitcoin; es decir, los mineros se llevan bitcoins revisando las transacciones, que nadie haya introducido bitcoins falsos o usado el mismo dos veces.

 

 

Cualquiera puede ser minero, pero actualmente hay tanta competencia que no merece la pena tratar de intervenir a nivel personal. ¿Qué puede hacer alguien con su portátil de casa cuando hay granjas de ordenadores —que llevan incorporadas tarjetas gráficas especializadas para el minado de criptomonedas— en Singapur o Islandia destinadas solo a sacar bitcoins? Por esa razón, los mineros se unen a unos grupos llamados mining pools que reparten cada bitcoin encontrado entre todos los integrantes, según la potencia energética que haya aportado cada uno.

Un usuario compartió hace un tiempo su experiencia: se unió a una mining pool y puso todo el procesamiento de su ordenador, un MacBook Pro de de 2014, durante 33 horas para resolver los problemas matemáticos que envuelven los bitcoins. Consiguió 0,00000001 bitcoin (lo que supone unos 0,000044 dólares) con un ordenador funcionando a toda potencia durante más de un día sin desenchufar. Si hubiera seguido así un año, el gasto energético hubiera sido de alrededor de 50 euros, unas 2.500 veces superior al beneficio obtenido (0,016 dólares).

Eso solo un ordenador. Imaginemos ahora las millones de computadoras haciendo esto diariamente en todo el mundo. Así, los últimos datos apuntan a que la energía que se gasta en conseguir un bitcoin es la misma que se utilizaría en dar suministro a una casa durante un mes. Todas las transacciones de bitcoin que se hacen en un año son comparables al consumo anual de un país como Ecuador.

 

Locos y ecológicos

En una antigua y pequeña fábrica al lado del aeropuerto de Keflavik, en Islandia, podría estar la solución a este gran dilema. La industria de minería de criptomonedas islandesa es una de las más vibrantes del mundo gracias a lo barata que es allí la energía geotérmica. Los políticos y expertos islandeses ya han empezado a advertir sobre el impacto medioambiental del minado de criptomonedas en un país cuya belleza natural atrae cada año a más de dos millones de personas.

Las empresas de minería multinacionales, como son BitFury y Genesis, ambas localizadas en Ásbrú, una antigua base aérea de Estados Unidos en Keflavik, solo obtienen beneficios si operan a gran escala de tan inmensas que son las necesidades y gastos de electricidad.

Una profesora de matemáticas, Krista Hannesdóttir, ha descubierto una forma de ser competitiva a pequeña escala: paga a los granjeros por su exceso de energía geotérmica, instala el equipamiento para minar bitcoin y utiliza la energía de estas granjas para hacerlo funcionar. “Los granjeros tienen mucho espacio de almacenamiento, así que es fácil para nosotros mover nuestro equipo a su localización. Así ahorras espacio y energía”, cuenta en una entrevista con Wired. “Es una relación de beneficio mutuo”. Su equipo consigue extraer cada mes criptomonedas de Ethereum por un valor de 7.876 dólares.

Hannesdóttir no está sola en esto. Un puñado de proyectos alrededor del mundo están tratando de solucionar el problema ecológico que suponen las criptomonedas.

Un grupo de locos trata de hacer sostenible el minado de bitcoins antes de que recaliente el planeta
El calefactor que tiene dentro una computadora para minar bitcoins. | Foto: Qarnot

La firma francesa Qarnot ha creado un calefactor que mina monedas mientras calienta hogares. Las computadoras que minan están encendidas 24 horas todos los días de la semana y están siempre soltando calor, por esa razón, Qarnot ha decidido darle la vuelta a la idea y ha construido una especie de radiador que tiene dentro una computadora especializada en la minería de criptomonedas, en concreto de Ethers. El funcionamiento es como el de cualquier calefactor y puedes regular la temperatura. Con el precio actual de Ethereum, Qarnot dice que puede esperar extraer alrededor de 100 euros, aunque claro, eso sí, no tiene en cuenta el consumo de energía.

Algo similar hicieron el pasado noviembre dos constructoras de Siberia, que calentaron una casa con dos minas de bitcoin. Registraron un beneficio de 327 dólares al mes.

Sin embargo, pese a estas iniciativas, Hannesdóttir está de acuerdo que la criptominería, en su forma actual, es completamente insostenible. “Básicamente no hay ninguna razón de minar, más allá del efecto de la descentralización”. Quizás, entonces, el intercambio de energía pueda ayudar a que logre convertirse en sostenible.

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