The Objective
Ricardo Cayuela Gally

Refutación de Hans Christian Andersen

El paso a la posteridad de Pedro Sánchez es un proceso mefistofélico que conduce a la tiranía o la cárcel

Opinión
Refutación de Hans Christian Andersen

Ilustración de Alejandra Svriz.

Pocas obras tan citadas y trilladas como El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen. Aun sin haber leído el cuento original, todo el mundo conoce su dulzona moraleja. El emperador, engañado por sus aprendices de brujo, se pasea con su traje inexistente hasta que un infante grita la verdad seca que todos evaden: el emperador va desnudo. Esta historia, por cierto, está basada en un enxiemplo del Conde Lucanor que nadie cita, «De lo que aconteció a un rey con los burladores que hicieron el paño», y con una moraleja más sutil y elaborada que la del autor danés. El problema es que en la vida real no sucede así, porque el poder es un sastre de hilo fino que fabrica imbricados damasquinados de oro y plata. Bajo el mantón de Manila del Consejo de Ministros, el gerifalte de turno pasea su ignorancia mientras los acólitos gritan alabanzas a la seda natural, elogios al porte y las hechuras, vítores a sus brocados.

Esto es algo que aprendió Pedro Sánchez al día siguiente de ser desalojado entre rechiflas de la Secretaría General del PSOE por sus azorados pares: que solo el poder cobija. Si encima te mueve un deseo de venganza más terrible que el del conde de Montecristo, tenemos puesta la mesa desde hace años para entender la deriva española de la democracia a la autocracia. El poder es para Pedro Sánchez una máquina de movimiento perpetuo, como una escultura de Alexander Calder, que hace que todo se mantenga en precario equilibrio. Y cuantos más pasos da en el lado oscuro de la Fuerza, por seguir con las citas clásicas, más difícil y peligroso le resulta dejar las sábanas de lino de la Moncloa. Su paso a la posteridad es un proceso mefistofélico que conduce a la tiranía o la cárcel.

Todos los días, en todos los gobiernos del mundo, asistimos perplejos a la permutación alquímica de gente que no podría llevar una mercería convertida en importadores de abrigos de guanaco, en fabricantes de bufandas de seda de loto y guantes de vicuña. La alquimia del poder trueca sus sandeces en sandalias aladas y sus exabruptos en líneas áureas del BOE. Pero la deriva de Sánchez es de novela gótica.

Hasta el más o menos aceptado socialmente nepotismo tiene un aire oscuro, envilecido, en una suerte de rey Midas a la inversa: todo lo que toca acaba convertido en bulo y fango, o, como ya dijo Góngora, «en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada». Según reportaba ayer Alejandro Entrambasaguas en El Debate, el expediente académico del hermanísimo músico es fake. No aportó el título original del conservatorio ruso donde dice haber estudiado y, pese a ello, obtuvo una convalidación súbita. El milagro de las chirimoyas. O qué decir de su mujer, bachiller que no se había destacado por la pasión omnívora del conocimiento, convertida en directora de un máster universitario patrocinado por las empresas élite del IBEX 35 en un asunto tan relevante como la Transformación Social Competitiva. El triunfo de la meritocracia. Si así están las estancias de la casa que pueden ver los visitantes, imaginemos la mugre bajo las alfombras. Hay cadáveres con talante en el armario de invierno y la intensidad olfativa de las sustancias volátiles de alta evaporación de las cloacas es altísima. Hay incluso quien afirma haber visto arder naves de combate en los confines de Orión.

El emir, los dos visires y sus concubinas, el mentor, el califa de antaño, los eunucos escribanos, las meninas y el resto de la tropa van todos desnudos en un capítulo particularmente repelente de Naked Attraction. Y esto, por fin, no lo dice un niño pizpireto, sino jueces y fiscales bien togados.

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