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Bolloré, el 'Murdoch francés' que es clave en Prisa y al que vigilan desde el Gobierno

El empresario, propietario de Vivendi, puede jugar un papel clave en la compañía editora del diario El País y la Cadena SER

Bolloré, el ‘Murdoch francés’ que es clave en Prisa y al que vigilan desde el Gobierno

Vincent Bolloré | Zuma Press / Europa Press

La figura del magnate Vincent Bolloré ha salido de las páginas salmón de la prensa económica francesa para convertirse en un fantasma que recorre los pasillos del poder en España. En París se le conoce como el «Murdoch francés» por su firmeza a la hora de defender los principios conservadores; un empresario nacionalista que no ha dudado en respaldar lo que se conoce como «guerra cultural» contra las imposiciones de la izquierda.

Bolloré (Boulogne-Billancourt, Francia, 1952) es propietario de Vivendi, el conglomerado mediático que en los últimos años ha ido escalando posiciones en el accionariado del Grupo Prisa, dueño de El País y la Cadena SER. Su participación, cercana al 11,8%, lo convierte en un actor clave en el futuro de la compañía tras los movimientos estratégicos que está haciendo Joseph Oughourlian para intentar amarrar el control del conglomerado mediático.

El próximo 29 de junio, Prisa propondrá en su junta de accionistas reducir el número de miembros del consejo de administración de 14 a 11. Además de la sonada salida de Andrés Varela Entrecanales, consejero rebelde que lideró la rebelión contra Oughourlian por la concesión de la TDT —que finalmente ha conseguido a través del consorcio Servicios Integrados de Entretenimiento Televisivo, Siete—, otra de las salidas es la de Béatrice de Clermont-Tonnerre, consejera independiente que, según señalan fuentes del mercado a este periódico, jugaba un papel importante en los equilibrios de poder de Vivendi en el grupo tras su pasado en Lagardere y Canal+, entre otras compañías.

Al reducir el número de asientos y eliminar perfiles independientes cercanos a Vivendi, fuentes del sector señalan que Oughourlian consolida su control operativo y reduce las voces críticas o discrepantes. El grupo propiedad de Bolloré ha intentado históricamente aumentar su peso en el consejo. Nunca ha tenido un éxito total debido en parte a las restricciones del escudo antiopas del Gobierno, así como a presiones para reducir su participación.

La salida de perfiles afines dificulta que los franceses marquen la agenda estratégica de la compañía. Fuentes del sector señalan a THE OBJECTIVE que el último movimiento de Oughourlian, más allá de la purga definitiva del díscolo Entrecanales, estaría orientado también en ese sentido.

Los recelos hacia Vincent Bolloré


Unos movimientos que están siendo vigilados muy de cerca por el Gobierno. Su desembarco en el grupo no pasó inadvertido y despertó alarmas tanto en el propio Ejecutivo como en gran parte de la izquierda mediática, que le ven como una amenaza directa a la línea editorial de los buques insignia del centroizquierda español.

Para entender por qué Bolloré genera tantos recelos, hay que repasar su trayectoria en Francia. Su modus operandi es siempre el mismo: aterriza en un medio de comunicación, purga a las redacciones díscolas y transforma la línea editorial hacia posiciones de derecha identitaria.

El ejemplo más claro es CNews. Bajo su control, esta cadena de noticias pasó de ser un canal informativo convencional —entendiendo por este término los formatos que no son demasiado molestos con la izquierda— a una plataforma de opinión militante, convirtiéndose en el trampolín político de figuras como Éric Zemmour. Más recientemente, en abril, el despido de Olivier Nora de la editorial francesa Grasset provocó un cisma por el que 115 escritores abandonaron la compañía acusando a Bolloré de su destitución. La respuesta del magnate fue tajante: «Estoy en mi casa y puedo hacer lo que quiera».

La extraña advertencia de José Pablo López

El nombre de Vincent Bolloré saltó recientemente a la arena pública española con una contundencia inusual durante una comparecencia en el Parlamento. José Pablo López, presidente de RTVE, no dudó en señalar al magnate francés como una figura de la que hay que «proteger» al ecosistema mediático español.

Respondiendo a una pregunta del Grupo Socialista sobre la comisión de investigación a la que el Senado va a someter a la corporación pública, José Pablo López hacía saltar a la palestra al Grupo Lagardère, filial de Vivendi, en una suerte de conspiración en la sombra detrás de una comisión similar de investigación creada en Francia, que relacionó con la que ha puesto en marcha el Partido Popular con el apoyo de Vox en nuestro país: «Esperemos que aquí en España no haya que hacer una comisión de investigación de la comisión de investigación, sobre todo para conocer si los verdaderos artífices de la comisión de investigación se encuentran en esta Cámara fuera de ella».

Esta insinuación se alinearía con las tesis de la izquierda sobre la figura de Bolloré y su participación en el conglomerado mediático español, especialmente en lo que se refiere a Prisa, propietaria de cabeceras que, históricamente, han ido de la mano de los gobiernos socialistas en nuestro país.

El negocio de Vivendi

Pese a estos recelos, fuentes del sector audiovisual recuerdan que Bolloré es un hombre de negocios y que ni siquiera ejecuta las actuaciones de Vivendi, compañía dirigida por Arnaud de Puyfontaine. Las fuentes consultadas señalan que el conglomerado quiere crecer en España y para ello saben que no deben causar gran revuelo político en plena época preelectoral.

La compañía francesa mantiene importantes inversiones y contratos en nuestro país que van más allá de Prisa y abarcan desde la agencia de comunicación Tinkle hasta Acento, la agencia de relaciones públicas de los exministros Pepe Blanco y Alfonso Alonso, que fue comprada en febrero por Havas, filial de Vivendi. El conglomerado mediático francés cuenta con activos en la productora Banijay; Universal Music Group; Canal+; Prisma Media; Gameloft y See Tickets, entre otros.

Las fuentes consultadas señalan acercamientos en los últimos meses entre delegados del conglomerado francés y el Ejecutivo para explorar vías de crecimiento en España. Una de sus aspiraciones históricas ha sido alcanzar el control de Prisa, con sucesivas ampliaciones de capital siempre vigiladas muy de cerca por el Gobierno español.

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