La conexión de la reina Sofía con sus nietas y su esfuerzo por unirlas: de 'pijamadas' en Zarzuela a vacaciones en Palma
Las hijas de los Reyes y sus primas Marichalar y Urdangarin comparten un vínculo especial que nació y se consolidó en el hogar de su abuela

Miembros de la Familia Real española | Gtres
El afecto entre Irene Urdangarin y Victoria Federica de Marichalar brotó de manera espontánea, favorecido por la estrecha relación que siempre han mantenido sus madres. Sin embargo, el vínculo que une a estas dos jóvenes con sus primas la princesa Leonor y la infanta Sofía de Borbón es fruto de un esfuerzo deliberado y sostenido en el tiempo: el de la reina Sofía, quien convirtió el Palacio de la Zarzuela en el escenario perfecto para que sus cuatro nietas aprendieran a quererse.
Cuatro primas con caminos vitales muy diferentes, marcadas por sus entornos, sus circunstancias familiares y sus distintos niveles de exposición pública, pero que comparten un lazo tejido con paciencia dentro de esas paredes, bajo la insistencia constante de una abuela que nunca renunció a mantener a su familia unida.
Ese empeño, mantenido durante años, ha terminado dando sus frutos. Y en ese proceso, Victoria Federica de Marichalar, la mayor de las nietas, ha ejercido con frecuencia como nexo natural entre todas. Su relación con Irene Urdangarin es especialmente profunda, casi fraternal. Esa complicidad entre las dos ha facilitado también el acercamiento de ambas a sus primas Leonor y Sofía.

Como madres, como hijas
No hay nada casual en esta historia. Victoria es la única hija de la infanta Elena, mientras que Irene es la única hija de la infanta Cristina —a parte de los chicos—. Esa circunstancia compartida —crecer como hija única dentro de un entorno de primas— ha reforzado su complicidad de un modo muy particular. De la misma manera en que sus madres, las infantas Elena y Cristina, han mantenido siempre una relación muy cercana entre sí, las hijas han reproducido ese vínculo con total naturalidad. Irene y Victoria comparten planes, confidencias y una amistad que, lejos de los focos y de los actos oficiales, es simplemente la de dos jóvenes de su generación que se llevan bien y se buscan.
La más alejada: Irene Urdangarin y las pijamadas en Zarzuela
La relación de Irene Urdangarin con sus primas Leonor y Sofía también se ha construido a lo largo de los años, aunque con mayor esfuerzo. La periodista Paloma Barrientos reveló hace tiempo que, cuando Irene vivía en Ginebra y la Casa Real mantenía cierta distancia institucional respecto a la familia Urdangarin, la reina Sofía tomó las riendas de la situación a su manera: organizando reuniones de primas en el palacio.

Las hijas del rey Felipe VI y la hija menor de la infanta Cristina se encontraban en la Zarzuela en fiestas íntimas que incluían pijamadas. El hecho de que Irene viviera en Suiza, física y emocionalmente alejada del núcleo familiar, fue algo contra lo que su abuela combatió con determinación. Esos encuentros tenían un propósito claro: acortar distancias y construir un sentimiento de pertenencia que de otro modo se habría ido diluyendo.
Hubo, por tanto, una voluntad expresa de la reina madre por integrar a los Urdangarin en la dinámica familiar, a pesar de las circunstancias que en aquel momento rodeaban a la familia. Irene, la más pequeña y la que vivía más lejos, se convirtió en objeto preferente del cariño de su abuela y de su empeño integrador.

Un año viviendo en Zarzuela
El tiempo terminó consolidando esa relación. Hoy, todos los hijos de la infanta Cristina mantienen un trato cordial con sus primas, pero es Irene quien conserva el vínculo más estrecho, en parte porque llegó a residir durante un año en el Palacio de la Zarzuela. Esa convivencia bajo el mismo techo reforzó los lazos de manera definitiva y explica por qué, más allá de las apariciones públicas y los actos oficiales, existe un espacio privado en el que la familia sigue funcionando con normalidad.
La reina Sofía en Mallorca: la primera vez sin su hermana
La reina Sofía vive estos días un momento especialmente cargado de significado familiar. Por primera vez desde el fallecimiento de la princesa Irene de Grecia —que murió el pasado mes de febrero a los 83 años—, doña Sofía ha regresado a Mallorca, y lo ha hecho acompañada de las infantas Elena y Cristina y de dos de sus nietas, Victoria Federica e Irene Urdangarin.

Una visita inevitablemente marcada por esa ausencia. La isla de Mallorca atesora algunos de los recuerdos más entrañables que ambas hermanas compartieron a lo largo de los años, lo que convierte este regreso en un gesto cargado de emoción. En este contexto de duelo íntimo, las infantas se han convertido en un sostén fundamental para la Reina
El plan ha tenido un carácter a la vez oficial y familiar. Las cinco han asistido a la Catedral-Basílica de Santa María de Mallorca, donde tuvo lugar el tradicional concierto de Pascua organizado por el Rotary Club Ramon Llull. A su llegada, doña Sofía fue recibida por Marga Prohens, presidenta del Govern balear, y también saludó al presidente del Parlamento, Gabriel Le Senne, y a la presidenta del Congreso de los Diputados, Francina Armengol.

Fiel a su compromiso con ‘Proyecto Hombre’
Fiel a una tradición que mantiene desde 2007, la reina Sofía volvió a mostrar su apoyo al Proyecto Hombre, al que ha contribuido a dar visibilidad durante casi dos décadas. Su implicación constante y discreta con esta organización la ha convertido en un referente en el ámbito de la acción social, animando a muchas personas a sumarse a las causas que promueve. Un gesto que refleja, una vez más, la vocación solidaria que ha caracterizado a doña Sofía a lo largo de toda su trayectoria pública.
También merece destacar que este acto ha supuesto la primera aparición conjunta de doña Sofía y la infanta Cristina en Palma de Mallorca, un hecho que pone de relieve la progresiva normalización de la presencia de la infanta en la isla, donde también tiene previsto pasar las vacaciones de Semana Santa en el Palacio de Marivent. Ambas se han mostrado más unidas que nunca en un momento especialmente sensible.

El homenaje a la princesa Irene de Grecia
Nada más comenzar el evento, se rindió un emotivo homenaje a Irene de Grecia, quien durante años había acompañado a su hermana la reina Sofía en este mismo acto. Christine Schedukat, presidenta del club organizador, dedicó unas palabras de recuerdo a la princesa: subrayó que había sido una persona muy querida por todos y que el réquiem de la velada estaría dedicado a su memoria.
Por su parte, Jesús Mullor, presidente de Proyecto Hombre Baleares, agradeció a la Casa Real, a las autoridades y a los asistentes su apoyo, señalando que esa noche la música se convertiría en un puente hacia el compromiso social.
Victoria Federica e Irene Urdangarin, al lado de su abuela
La reina asistió al acto junto a sus dos hijas y, por primera vez, también con dos de sus nietas. Victoria Federica llegó con un conjunto de pantalón ancho negro, jersey a juego y manoletinas oscuras, al que añadió un toque de distinción mediante un abrigo con bordados en verde y plata. Irene Urdangarin, por su parte, optó por un conjunto enteramente negro que aligeró con un fular dorado.
Ambas quisieron estar presentes en una velada de enorme peso emocional para la familia: la primera sin la princesa Irene de Grecia, con quien ellas también mantenían un vínculo muy cercano. Su presencia junto a su abuela en este momento es, en sí misma, una declaración de unidad y afecto familiar que no necesita más palabras
