Los otros problemas de salud de Morante de la Puebla: depresiones, un trastorno disociativo de la personalidad y terapias de electroshock
Detrás del torero se esconde una larga lucha contra un trastorno mental que marcó su carrera y su vida más íntima

Morante de la Puebla | Gtres
Después de su celebrada reaparición en La Maestranza el pasado 5 de abril, Domingo de Resurrección, José Antonio Morante de la Puebla regresabó este lunes como gran reclamo del cartel sevillano, apenas unas horas antes del inicio oficial de la Feria de Abril. Una cita taurina que no salió como esperaba. El diestro sufrió una cogida mientras toreaba con entrega al cuarto toro.
Morante fue arrollado y corneado en la zona del glúteo izquierdo. Tras unos segundos de máxima tensión, fue trasladado por su cuadrilla a la enfermería de La Maestranza para ser intervenido de urgencia dada la gravedad de la cornada. Una vez finalizada la operación, abandonó la enfermería en camilla para ser evacuado en ambulancia a un hospital sevillano.
El pronóstico del torero es «muy grave»: «Herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm. Lavado de herida, y reparación de pared rectal y aparato esfinteriano. Drenaje aspirativo en espacio postanal y retro rectal», reza el informe de los médicos, que añaden que Morante de la Puebla sigue hospitalizado y que no podrá continuar con sus compromisos taurinos.
La salud mental de Morante de la Puebla: entre depresiones y un trastorno disociativo de la personalidad
Todo ello ha puesto de nuevo el foco en Morante de la Puebla, de quien se conoce poco en lo relativo a su intimidad. Uno de estos aspectos menos conocidos del torero es lo que concierne a su salud mental. El torero sevillano ha convivido durante años con un sufrimiento interior que explica muchas de sus pausas, regresos y decisiones más difíciles.

En 2007 anunció que se retiraba por estar sufriendo depresión. Años después, en 2017, volvió a apartarse de los ruedos asegurando que se había aburrido de la profesión y de todo lo que la rodeaba. Sin embargo, aquella explicación parecía esconder más problemas psicológicos con los que ha tenido que convivir durante décadas.
Al respecto, Morante fue diagnosticado con un trastorno disociativo de la personalidad cuando tenía 22 años, una enfermedad mental compleja que lo ha acompañado desde entonces. Ya en 2004 decidió suspender la temporada «por problemas psíquicos» y se trasladó a Miami para recibir tratamiento médico. Desde entonces, los altibajos emocionales han formado parte de su trayectoria, aunque rara vez habían sido explicados con tanta claridad como en fechas recientes.
«No podía seguir así. No tenía fuerzas ni para vestirme de torero y me pasaba los días llorando»
En una entrevista con Abc, el propio torero reveló que desde hace más de dos décadas sufre un trastorno disociativo que desconecta su cuerpo de las emociones, una situación que se ha visto agravada por un cuadro depresivo. Esa combinación le obligó en varias ocasiones a alejarse temporalmente de los ruedos. Él mismo lo resumió con dureza: «No podía seguir así. No tenía fuerzas ni para vestirme de torero y me pasaba los días llorando».
He pensado en la muerte como alivio. Pero no me lo puedo permitir. Tengo una familia y una responsabilidad
Casado desde 2010 con Elisabeth Garrido y padre de tres hijos de dos matrimonios diferentes, Morante también dejó una de sus confesiones más impactantes: «He pensado en la muerte como alivio. Pero no me lo puedo permitir. Tengo una familia y una responsabilidad».
Según sus propias palabras, este trastorno hace que «desconecte el cuerpo de las emociones». En esa misma conversación explicó que, en algunos momentos especialmente delicados, tuvo que someterse a terapia de electroshock para poder continuar toreando. «Es una enfermedad muy compleja, muy triste y muy dolorosa», confesó.
Qué es el trastorno disociativo
Según la Clínica Mayo, los trastornos disociativos son afecciones mentales caracterizadas por una pérdida de conexión entre los pensamientos, los recuerdos, las emociones y la identidad personal. Se trata de un mecanismo de defensa psicológico que, en muchos casos, aparece como respuesta ante experiencias traumáticas o situaciones de sufrimiento extremo, permitiendo ‘escapar de la realidad’ cuando la mente no puede gestionar lo vivido.
Los especialistas explican que este tipo de trastornos suele estar relacionado con episodios traumáticos como abusos durante la infancia, maltrato físico o psicológico, conflictos bélicos o catástrofes naturales. Entre los síntomas más habituales se encuentran:
- Sensación de estar separado del propio cuerpo o de observar la vida «desde fuera».
- Dificultad para conectar con las emociones o experimentar afecto.
- Lagunas de memoria o episodios de confusión.
- Percepción alterada del entorno, como si fuese irreal o difuso.
- Problemas de concentración o dificultades para mantener relaciones estables.
En los casos más graves, algunas personas pueden sufrir amnesia disociativa o alternar entre distintas identidades, lo que antiguamente se denominaba «personalidad múltiple». Además, los periodos de estrés o agotamiento emocional suelen intensificar los síntomas.
Aunque no existe una solución inmediata, sí hay tratamientos eficaces. La psicoterapia es la principal herramienta terapéutica y permite al paciente reconocer e integrar los traumas, recuperar estabilidad emocional y mejorar su calidad de vida. La recuperación, no obstante, suele ser un proceso largo y exige acompañamiento profesional y familiar. En determinados casos, el tratamiento puede combinarse con antidepresivos o ansiolíticos para aliviar síntomas asociados.
