Isabel Coixet, más allá del cine: fue una creativa de éxito, su vida 'foodie' junto a su hija Zoe y una casa llena de libros
La reputada directora de cine se sienta, este mismo viernes, en ‘Plano general’, el programa de la noche de La 2

Isabel Coixet, en una imagen de archivo. | Gtres
Isabel Coixet es uno de los rostros más conocidos del cine. La directora lleva una larga carrera a su espalda que se ha extendido hasta la gran pantalla donde ha demostrado su éxito. Esta misma noche, Coixet se sienta en Plano general, el programa del prime time de La 2. Así, la directora hará un recorrido por su lado más profesional y hablará de una industria que se ha convertido en su vida pero, también, en una faceta de lo. más retadora. Isabel nació en 1960 en un entorno humilde de Barcelona. Su conexión con el cine fue casi biológica.
Su abuela trabajaba en la taquilla de un cine, lo que le permitió ver películas de forma compulsiva desde muy pequeña. Para su Primera Comunión no pidió una muñeca, pidió una cámara de 8mm. Ahí empezó todo; empezó a rodar su mundo antes incluso de entenderlo. Antes de ser la gran directora que es hoy, Coixet fue una de las creativas publicitarias más brillantes de España. Fundó su propia productora, Miss Wasabi Films.
Los comienzos de Isabel Coixet en el cine

En la publicidad aprendió la estética impecable y la capacidad de contar mucho en muy poco tiempo. Sin embargo, ella quería profundidad, lo que la llevó a dar el salto al largometraje, no sin dificultades: su primera película, Demasiado viejo para morir joven (1989), fue recibida con frialdad por la crítica de la época, que no entendía su estilo tan moderno. Aunque vive en Barcelona, su mente y su carrera han sido globales mucho antes de que existiera el streaming. Muchas de sus películas más famosas —como Mi vida sin mí o La vida secreta de las palabras— están rodadas en inglés y con actores internacionales como Sarah Polley, Mark Ruffalo o Juliette Binoche.
Ha vivido temporadas en Nueva York y viaja constantemente. Se define como una persona que necesita el movimiento para crear. Si algo define la vida de Coixet es que dice lo que piensa, lo cual le ha traído admiradores fervorosos y también algunos detractores. Su vida privada gira en torno a la cultura. Es una gran coleccionista de libros y una experta en gastronomía —llegó a hacer una serie documental sobre comida para HBO, Foodie Love—. A diferencia de otros directores que solo dirigen, Isabel escribe casi todo lo que filma. Es una mujer de costumbres intelectuales; escribe en cafeterías, viaja sola para buscar localizaciones y siempre lleva una libreta encima.
Tiene una hija que se llama Zoe
En lo personal, Isabel es muy discreta, pero siempre destaca su relación con su hija Zoe, que también se mueve en el mundo creativo. El nombre de su productora, Miss Wasabi, define muy bien a Isabel: picante, intensa, que te hace llorar un poco pero que te deja un gusto inolvidable. Si hay una persona que vertebra su vida personal es su hija, Zoe Gotusso Coixet. Isabel ha sido una madre que ha integrado la maternidad en su caos creativo. Zoe ha crecido entre rodajes internacionales y aeropuertos. Comparten una sensibilidad artística muy fuerte —Zoe se dedica al mundo del diseño y la estética—. Isabel suele decir que su hija es quien la mantiene alerta y conectada con la realidad de las nuevas generaciones.
Aunque su cuartel general está en el barrio de Gràcia (Barcelona), un lugar que encaja perfectamente con su espíritu bohemio y artesanal, Isabel es una viajera compulsiva. Nueva York es su ciudad refugio. Durante años ha pasado largas temporadas allí; dice que la ciudad le permite el anonimato que necesita para observar a la gente —su verdadera fuente de inspiración—. También, París es una presencia constante en su vida, tanto por motivos profesionales como por su conexión con la cultura francesa. Para Isabel, la comida no es solo alimento, es lenguaje. Su vida personal gira mucho en torno a la mesa. Le encanta descubrir restaurantes recónditos, pero no por el lujo, sino por la autenticidad.
Su pasión ‘foodie’
Es una cocinera excelente y minuciosa. De hecho, su serie Foodie Love es prácticamente un mapa de sus propios gustos personales: el ramen, el pastrami, el buen vino y los lugares con alma. Isabel no sabe vivir sin libros. Su casa es, según quienes la conocen, una biblioteca con algunas habitaciones añadidas. Lee de forma voraz y en varios idiomas. Es común verla sola en cafeterías escribiendo en sus inseparables libretas Moleskine o leyendo ensayos de filosofía o poesía. Esta faceta de solitaria rodeada de gente define mucho su personalidad.
En lo sentimental, Isabel ha sido siempre extremadamente discreta. Se conoce su larga relación con el músico y compositor Alfonso de Vilallonga —quien ha puesto música a muchas de sus películas—, con quien mantiene una excelente relación de amistad y colaboración artística. Posteriormente, se la vinculó al periodista Reed Brody, conocido como ‘el cazador de dictadores’, lo que demuestra que a Isabel le atraen las mentes comprometidas y con historias potentes detrás. Isabel ha hablado abiertamente sobre episodios de depresión y sobre lo duro que es ser una mujer cineasta en un mundo de hombres. Su vida personal ha sido una carrera de fondo para demostrar que la sensibilidad no es debilidad. La directora ha acumulado varios récords.
Ha ganado nueve premios Goya, convirtiéndose en la directora con más cabezones. Es, también, una fija en el Bernilale, donde ha competido en la sección oficial en numerosas ocasiones, y ha sido jurado en los festivales más prestigiosos del mundo. A través de su propia productora, Isabel no solo saca adelante sus proyectos más personales, sino que apoya a nuevas directoras. Su carrera actual también se centra en el mentoring, ayudando a que el cine hecho por mujeres tenga el espacio que ella tuvo que pelear durante décadas.
