Marina, hija de Víctor Manuel: «Sus arroces son insuperables; tiene una mano que no he visto nunca»
La actriz estuvo en ‘MasterChef’, donde no se hizo con el primer premio, aunque sí que confesó su pasión por la cocina

Marina San José junto a su padre. | Gtres
Marina San José siempre ha estado muy vinculada al mundo del teatro. Y es que, a pesar de ser hija de dos grandes artistas, Ana Belén y Víctor Manuel, hace mucho tiempo, decidió seguir su camino. Es por eso que, en todos estos años, la hemos visto en televisión, sobre un escenario y, también, de gira con sus progenitores. Aunque eso sí, su aparición más sorpresiva fue en MasterChef celebrity, donde la actriz demostró que, a pesar de su insistencia y de las ganas que demostró, no ha heredado el gusto de su padre por la cocina. Y es que no hay nadie que cocine «arroces» como él.
Y es que el cantante tiene una mano «insuperable». «Cuando mi padre dice que hay arroz, allí nos plantamos todos. Es nuestro punto de encuentro. No hace falta que sea una ocasión especial; el arroz de mi padre ya convierte el día en algo especial», ha contado la propia Marina. Además, en todos estos años, Víctor Manuel ha mejorado su técnica y, sobre todo, no se ha cerrado puertas. Es por eso que suele hacerlos «de todo»; «de pescado, de carne, con verduras… le echa lo que encuentra en el mercado ese día porque le encanta ir a comprar el producto fresco. Pero da igual lo que le ponga, siempre le queda meloso, en su punto exacto».
Víctor Manuel, un ‘as’ en la cocina

Además, recalca que, en el momento del arroz, él es el «rey». «Los demás somos meros espectadores. Mi madre [Ana Belén] va detrás limpiando lo que él ensucia, y mi hermano y yo simplemente esperamos con el plato en la mano. Es una escena muy nuestra», ha confesado. Aunque eso sí, ella misma reconoce que no ha heredado la mano de su padre con la cocina. «Me da una rabia tremenda no haber sacado su mano para la cocina. Yo intento ver cómo lo hace, pero es imposible copiarlo. Él lo hace con una naturalidad pasmosa mientras charla con nosotros», ha declarado, muy sincera.
A pesar de ser consciente que la cocina no está de su parte, Marina quiso darle una nueva oportunidad gracias a MasterChef. Marina entró con una presión añadida: el juicio de su padre, Víctor Manuel, que es el verdadero cocinero de la familia. Ella, en ese momento, reconoció que en su casa siempre había sido una «pinche de limpieza» para su madre, pero que nunca se había enfrentado a la creación de un plato de verdad. Marina destacó por ser una de las concursantes más educadas, discretas y autoexigentes, pero los nervios le jugaron malas pasadas.
El arroz, su punto fuerte

A diferencia de otros concursantes que buscaban el show, ella estaba concentrada en aprender. Los jueces —es decir, Pepe, Jordi y Samantha— valoraron mucho su elegancia y su saber estar, pero le pedían más «garra». Su salida fue dolorosa porque fue víctima de una prueba técnica muy complicada. Tenían que cocinar con diferentes tipos de aves. A Marina le tocó preparar un plato con codornices. Los nervios la bloquearon. Presentó un plato que los jueces definieron como «caótico». No logró dar con el punto de la carne y el emplatado no estuvo a la altura. Se fue con una sonrisa, pero admitiendo que la cocina profesional era mucho más estresante de lo que imaginaba desde el sofá de su casa.
Marina se fue con una honestidad brutal que la hizo muy querida por la audiencia. «Me voy con la sensación de que he aprendido más en estas tres semanas que en toda mi vida en la cocina. Ahora valoro muchísimo más lo que hace mi padre cada domingo», confesó. Durante el programa, se bromeó mucho con que su madre no sabía freír un huevo. Marina confirmó que Ana Belén la llamaba para preguntarle cómo le iba, pero que no podía darle ningún consejo culinario. «Mi madre me da ánimos, pero de recetas mejor no le pregunto porque ella está igual que yo o peor», contó.
«Cuando mi padre dice que hay arroz, allí nos plantamos todos»
Aunque no llegó a la final, el programa sirvió para que el gran público conociera a la Marina persona: una mujer sencilla, sin humos de grandeza, trabajadora y con un sentido del humor muy fino. De esta manera, la actriz sigue teniendo la oportunidad de disfrutar de lo que le ofrece su padre, quien es especialmente hábil en los fogones. La rutina empieza temprano. A Víctor le apasiona ir personalmente al mercado. No compra por una lista, compra lo que el pescadero o el frutero le recomiendan. Es un buscador de la materia prima perfecta. Su cocina es asturiana y mediterránea. Se basa en guisos, legumbres de calidad y, por supuesto, sus famosos arroces.
Marina San José ha contado que su madre va detrás de su padre limpiando cada gota que cae al suelo o cada mota de harina en la encimera. En el día a día, la comida es mucho más funcional y saludable que los grandes banquetes de domingo. Predominan los pescados a la plancha, las verduras frescas y las ensaladas. Ana Belén es muy estricta con su mantenimiento físico y no se permite grandes excesos. Víctor es un gran entendido, por lo que nunca falta una buena botella para acompañar la comida, aunque siempre con moderación. Lo que ocurre alrededor de la comida es casi más importante que lo que hay en el plato.

En esa casa, la mesa es para hablar. No hay televisores encendidos ni móviles. Se habla de política, de los ensayos de Marina, de las giras de sus padres y de los proyectos musicales. Es un hervidero de ideas culturales. Víctor es un anfitrión generoso que disfruta viendo a los demás disfrutar de su comida. Es habitual que la cocina sea el centro de la reunión, con los invitados tomando algo mientras él termina el sofrito y Ana mantiene el orden.
