María, la hija adoptiva de Arguiñano que nació en Argentina y vive en Zarauz: «¿Dónde podría estar mejor?»
La cocinera trabajó, codo con codo, junto al reputado chef cuando se marchó a trabajar al otro lado del charco

María junto a su hermano. | Redes sociales
Karlos Arguiñano tiene seis hijos. El reconocido cocinero trabaja junto a la mayoría de ellos en su restaurante de Zarauz, donde tienen establecida su residencia. Una de ellas es María, a quien Arguiñano adoptó durante su etapa en Argentina, y quien tiene un papel muy importante en su estableciendo frente al mar. María es una más y, además, ha sido capaz de labrarse su camino dentro del mundo de la cocina dentro de nuestras fronteras. Ella misma ha afirmado que se siente «muy bien» y, sobre todo, «rodeada de cariño». «Ellos son mi familia, son mis padres adoptivos, mis hermanos, trabajamos de igual a igual. ¿Dónde podría estar mejor?», ha confesado.
María Torres es, en muchos sentidos, la muestra de que los lazos de familia van mucho más allá de la sangre. Fue a finales de los años 90 cuando Arguiñano llegó a Argentina. Allí hacía un programa en directo y, sorbe todo, encontró su lugar en el mundo. Fue en ese entorno de producción televisiva donde conoció a María. Como se ha contado, ella trabajaba en el equipo técnico del programa, ayudando en las tareas de producción y asistiendo en la cocina detrás de las cámaras.
Quién es María Torres

Su timidez, su nobleza y, sobre todo, su pasión y curiosidad innata por aprender cocina llamaron la atención del chef y de su esposa, Luisi Ameztoy. Sabiendo las pocas oportunidades de formación que tenía en su entorno de origen, Karlos y Luisi tomaron una decisión generosa: ofrecerle viajar a España, acogerla en su propia casa y costearle los estudios para que pudiera labrarse un futuro profesional en el norte de España.
Lo que empezó como un viaje de formación profesional se convirtió en una adopción de facto por el inmenso cariño que surgió entre ellos. María se integró tan rápido y con tanta naturalidad en el día a día de la casa que los seis hijos biológicos de la pareja —Eneko, Zigor, Charly, Martín, Joseba y Amaia— la adoptaron de inmediato como una hermana más. Para Karlos y Luisi, pasó a ser, a todos los efectos emocionales y cotidianos, su séptima hija. Una vez asentada en el País Vasco, María aprovechó al máximo la oportunidad de oro que le brindó su nueva familia.
Se matriculó en Aiala, la prestigiosa escuela de hostelería que Karlos Arguiñano fundó en Zarauz. Allí demostró tener una sensibilidad especial para la precisión, lo que la llevó a especializarse en el mundo de la repostería y la pastelería. Completó su formación trabajando codo con codo con su tía adoptiva, Eva Arguiñano —hermana de Karlos y jefa de repostería del grupo durante años—, de quien absorbió todas las técnicas y secretos del dulce. Hoy en día, María es una profesional de primer nivel respetadísima en el sector de la restauración vasca. Lejos de vivir a la sombra del apellido de su padre adoptivo, se ha ganado su puesto a base de talento y jornadas maratónicas.
Su trabajo en el restaurante de Karlos Arguiñano
Es la responsable del área de repostería del restaurante de Karlos Arguiñano en la playa de Zarauz. Trabaja a diario codo con codo con su hermano Zigor —que ejerce como jefe de cocina del restaurante—. El menú dulce que degustan los comensales que acuden al emblemático establecimiento lleva su firma y su sello de calidad. Mantiene un perfil mediático bajísimo. A diferencia de su hermano Joseba o de su padre, María huye de las cámaras de televisión y prefiere la tranquilidad del obrador, el trabajo diario y la discreción de su vida familiar en el País Vasco. Si echamos un vistazo a su perfil en las redes sociales, nos damos cuenta que María es madre de una niña, con la que reside en el País Vasco, y mantiene una estupenda relación.
A pesar de vivir a miles de kilómetros de su tierra, María está muy feliz en el País Vasco. Zarauz es famosa por tener la playa más larga del País Vasco —conocida como «la reina de las playas»— y por su gran tradición surfista y marinera. Para María, este entorno natural ha sido clave en su calidad de vida. Quienes la conocen la describen como una mujer sencilla que disfruta enormemente de la naturaleza del norte. Es habitual verla pasear por el malecón de Zarautz, disfrutar del aire libre y de la tranquilidad que ofrece el Cantábrico, un paisaje muy diferente al de su Argentina natal pero al que se adaptó a la perfección. Unas actividades que ella misma comparte a través de sus redes sociales.
«Me siento rodeada de cariño; ¿dónde podría estar mejor?»
Con los años, María ha adoptado las costumbres locales, desde el tradicional poteo —es decir, ir de pinchos y vinos con amigos y familia por el casco histórico— hasta comprender perfectamente el euskera y la idiosincrasia de la zona, siendo una vecina de Zarautz de pleno derecho. La vida cotidiana de María en Zarauz está muy ligada a los madrugones y a la disciplina del obrador de pastelería. El restaurante de Karlos Arguiñano está situado en primera línea de playa, en un entorno espectacular. El día a día de María comienza muy temprano, entrando al obrador para preparar los postres, los panes y las creaciones dulces que se servirán en los servicios de almuerzo y cena.
Su rutina laboral es puramente familiar. Comparte sus jornadas con su hermano Zigor —jefe de cocina— y con el resto de la estructura del restaurante. Lejos de haber distinciones, en el trabajo es una profesional sumamente exigente consigo misma y muy respetada por todo el equipo de cocina. Uno de los puntos fuertes de la vida de María en el País Vasco es la piña que forma con todo el clan Arguiñano-Ameztoy. Aunque el trabajo en hostelería es muy esclavo, la familia siempre saca tiempo para reunirse, especialmente en sus días libres. Sus reuniones tienen lugar en el caserío familiar de Karlos y Luisi en el monte de Zarauz. En estas comidas, María es una hermana más que comparte risas, anécdotas y, por supuesto, debates sobre nuevas recetas e ingredientes.
Aunque eso sí, si algo ha caracterizado su vida ha sido el anonimato. Aunque la familia Arguiñano es la más famosa de la localidad, los vecinos de Zarauz son conocidos por su tremendo respeto a la intimidad de sus paisanos.
