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Joseba Arguiñano: «De pequeños no veíamos mucho al 'aita'; nunca estaba para los deberes ni para llevarnos a fútbol»

Durante la infancia de sus hijos, Karlos enfocó su carrera a su restaurante-hotel y sus programas de televisión

Joseba Arguiñano: «De pequeños no veíamos mucho al ‘aita’; nunca estaba para los deberes ni para llevarnos a fútbol»

Joseba y Karlos, en una imagen de archivo. | Gtres

Karlos Arguiñano nunca ha ocultado que su trabajo ha ocupado la mayor parte de su día. Es por eso que el cocinero, además de dedicarse a su faceta como cocinero, también, se ha desarrollado en el mundo empresarial. Dos vertientes que le han mantenido ocupado y, sobre todo, lejos de su caserío de Zarauz, y de sus hijos. Es más, durante una etapa, se marchó hasta Argentina, dejando a sus retoños en casa, en el País Vasco, y poniendo tierra de por medio. Han sido varias las ocasiones en las que su hijo más mediático, Joseba, se ha sincerado sobre cómo fue su infancia. En estas declaraciones ha admitido que no veían «mucho» al «aita». «No estaba para los deberes ni para llevarnos al fútbol», ha contado.

Además de la agenda de su padre, ocupada cuanto menos, Joseba también ha reconocido que sus progenitores comenzaron de cero. Nadie les regaló nada. «Mis padres empezaron de cero, con deudas hasta las cejas. Yo recuerdo ver a mi madre contar las monedas de la caja para ver si llegábamos. Mi infancia fue ver a mis padres trabajar 16 horas al día para sacarnos adelante a los siete», ha contado. Esos primeros años de la infancia, en su mayoría, se produjeron en el restaurante familiar de Zarauz, frente al mar, donde los seis hijos de Arguiñano se criaron «debajo de las mesas».

La infancia de Joseba Arguiñano

Joseba Arguiñano relación Karlos Arguiñano
Joseba junto a su padre, Karlos. | Redes sociales

«Mientras los clientes comían, nosotros andábamos por allí correteando. Mi madre nos daba la cena en una esquina de la cocina mientras el servicio estaba a tope. Somos ratas de restaurante, hemos mamado el oficio sin quererlo», ha relatado el propio Joseba. Como decíamos, a Arguiñano le faltó más tiempo por pasar en su casa, junto a sus hijos. Él era «quien también traía el pan», pero no estaba «para los deberes ni para llevarnos a fútbol». «Textualmente te digo: mi padre era el que venía de noche y se iba de madrugada. Lo veíamos en el restaurante, pero no ejercía de padre convencional de ‘parque y juegos’. Todo ese peso lo llevó mi madre, Luisi, que es la verdadera jefa de la familia», ha relatado Joseba.

Lo cierto es que cada uno de los hijos de Arguiñano tuvo una vocación muy diferente. Aunque eso sí, la mayoría de ellos estaba enfocada al camino que ya había recorrido su padre. En el caso de Joseba, él mismo ha reconocido que le «quemaba» la silla. «Era un poco trasto, prefería andar con la bici o estar en la calle. En casa siempre nos dijeron: ‘O estudias o trabajas‘, y como los libros no eran lo mío, con 16 años me metieron a la cocina a pelar patatas. Ahí empezó mi verdadera escuela», ha contado. En ese momento descubrió que su camino estaba en el mundo de la gastronomía. Pero eso sí, con un toque diferente; se enamoró de la alta pastelería.

Joseba vivió una infancia marcada por su trabajo en el restaurante familiar. | Gtres

En su casa, las comidas eran «batallas campales». «Lo que más recuerdo es el ruido; en mi infancia siempre había ruido de platos, de gente hablando y de risas. Nunca estábamos solos», cuenta Joseba. Así, su vida sucedía en ese caserío de Zarauz que, durante mucho tiempo, fue el centro neurálgico de los Arguiñano. Todo cambió cuando Karlos comenzó con su andadura en televisión. «Empezó a venir gente de todas partes al restaurante solo para verlo. Para nosotros fue raro, porque nosotros solo queríamos que aita estuviera en casa, pero entendimos rápido que aquello era lo que nos estaba dando de comer y lo que pagaba las facturas», ha explicado el propio Joseba.

«Lo que más recuerdo es el ruido; en mi infancia siempre había ruido de platos, de gente hablando y de risas»

Antes de que llegara el éxito televisivo en los años 90, la familia pasó por momentos críticos. Joseba recuerda que sus padres se embarcaron en el proyecto del hotel-restaurante en Zarauz con créditos altísimos. Esa sensación de que «había que currar para salir del hoyo» marcó su carácter. No creció entre lujos, sino viendo a sus padres trabajar 16 o 18 horas al día. Joseba no iba a una guardería convencional; su guardería era el restaurante familiar. Cenaba en un rincón de la cocina, entre comandas y gritos de servicio, viendo a sus hermanos mayores ayudar en lo que podían. Para Joseba, si Karlos era el motor exterior, su madre Luisi Ameztoy era el alma que sostenía a los siete hermanos. Es más, ha descrito su infancia como un «matriarcado vasco», donde la disciplina y el cariño venían principalmente de ella.

Eva, Joseba y Karlos Arguiñano. | Gtres

Vivir con seis hermanos marcó su forma de ser sociable y nada envidiosa. Hubo un momento en el que tuvo que elegir y no tuvo ninguna duda; quería dedicarse a la cocina. Empezó desde lo más bajo, pelando patatas y limpiando pescado. Sin embargo, descubrió que lo que realmente le apasionaba no era el fogón de restaurante, sino la panadería y la repostería. Para demostrar que no solo era ‘el hijo de’, se formó a conciencia. Estudió en la prestigiosa escuela Escuela de Pastelería del Gremio de Barcelona (EPGB) y trabajó en templos de la gastronomía como Akelarre —con Pedro Subijana—. Hoy en día, Joseba ha logrado un equilibrio perfecto entre su faceta de empresario, estrella televisiva y hombre de familia, manteniendo siempre los pies en Zarauz.

Su gran orgullo es su propia marca de repostería y panadería; JA (Joseba Arguiñano) Obligatorio, en Zarauz. Es un negocio que gestiona personalmente. Sus cruasanes y panes de masa madre son famosos en todo el País Vasco. A diferencia de su padre, que es un comunicador de masas, Joseba disfruta mucho en el obrador, de madrugada, con las manos en la masa. Se ha convertido en el relevo natural de su padre, pero con un estilo propio. Participa activamente en Cocina Abierta de Karlos Arguiñano (Antena 3), encargándose de los postres y panes. Tiene tres hijos junto a su pareja, Natali. Se define como un padre muy presente, queriendo darles el tiempo que su padre, por el exceso de trabajo, no pudo darle a él de niño.

Sigue siendo un apasionado de la adrenalina. El surf en las playas de Zarauz es su terapia diaria, y también es un gran aficionado a las motos de gran cilindrada. Trabaja mano a mano con su padre, pero mantienen una relación muy sana de amigos. Karlos ha dicho textualmente: «Joseba es mejor técnico que yo; él sabe de masas lo que yo nunca sabré».


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