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Arguiñano: «Debía tanto dinero que si me hubiese muerto, no habría tenido ni para que me enterraran»

El cocinero vivió una etapa especialmente complicada de bancarrota en el que no tenía dinero ni para proveedores

Arguiñano: «Debía tanto dinero que si me hubiese muerto, no habría tenido ni para que me enterraran»

Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres

Karlos Arguiñano no siempre ha vivido una vida de éxito. El reconocido cocinero también vivió una etapa difícil en la que tuvo que poner mucho esfuerzo para salir de la absoluta bancarrota. En ese momento, como él mismo confesó, «debía tanto dinero que si me hubiese muerto, no habría tenido ni para que me enterraran». Y es que la deuda ascendió a algo más de 200 millones de pesetas —unos 1,5 millones de euros—, a los que rápidamente puso solución. Esto no quitó que el proceso fuera especialmente doloroso y que le marcara para siempre.

En 1990, Arguiñano ya tenía su prestigioso restaurante en Zarauz, pero se había embarcado en una reforma integral y una ampliación ambiciosa del hotel. Los bancos le asfixiaban. Textualmente ha recordado en varias entrevistas: «No es que no tuviera para pagar la luz, es que no tenía ni para pagar a los proveedores. Estaba con el agua al cuello». Karlos ha confesado que en aquel momento sentía una vergüenza profunda. Es más, se escondía cuando veía venir a los proveedores a los que debía dinero —como el pescadero o el carnicero—.

El momento más complicado de Arguiñano

Eva, Joseba y Karlos Arguiñano. | Gtres

Cuando estaba a punto de perder el restaurante y la casa, apareció la televisión como una tabla de salvación inesperada. Tras aparecer en el programa Con las manos en la masa, los directivos de TVE se fijaron en su desparpajo. Le ofrecieron hacer un programa diario. Al principio, Arguiñano no sabía si aquello funcionaría, pero el éxito fue inmediato y fulminante. Con los primeros sueldos importantes de la televisión y la publicidad, lo primero que hizo fue ir uno por uno a casa de sus proveedores para pagarles hasta la última peseta con intereses. No hay que olvidar que, también, se marchó hasta Argentina con un contrato en la pequeña pantalla de lo más jugoso.

Arguiñano siempre dice que si no se hundió fue por Luisi, su mujer. Mientras él estaba grabando era ella quien llevaba las riendas del negocio familiar, lidiando con los acreedores y sacando adelante a sus siete hijos. «Luisi ha sido el motor. Ella controlaba la caja mientras yo volaba. Sin ella, hoy no existiría ni el restaurante ni el Arguiñano que veis», ha relatado el propio Arguiñano, poniendo en valor el trabajo de su mujer. Esa ruina también marcó su forma de gestionar su fortuna posterior. A raíz de esto decidió montar su propia productora, gracias a la cual no ha dependido ya nunca más de nadie. Además, también ha invertido en el equipo de motos (Derbi), en viñedos (K5), en su escuela de cocina (Aiala) y en la pelota vasca.

«Luisi ha sido el motor. Ella controlaba la caja mientras yo volaba»

Arguiñano vivió una etapa económica complicada. | Gtres

En todo este tiempo, nunca ha olvidado a aquellas personas que le han ayudado. Por eso, en sus programas siempre promociona el pequeño comercio y los mercados locales. Cuentan que cuando por fin saldó su deuda con el banco, entró en la sucursal, pagó lo que quedaba y, con su habitual humor —esta vez algo más agrio—, les dijo que no quería volver a saber nada de ellos en mucho tiempo. Había pasado de estar a punto de perderlo todo a ser el cocinero más rico y famoso de España. No hay que olvidar que a sus oportunidades en televisión se le sumaron varios contratos con distintas marcas que, sin duda, marcaron su economía. Una economía que, hoy en día, está en constante ebullición.

Esta tiene poco o nada que ver con el momento económico que vivieron hace años. A diferencia de otros presentadores, Arguiñano no es un empleado de la cadena; él es el dueño de la productora que hace su programa. Bainet Media es el centro de su fortuna. Desde hace tiempo, produce su propio programa —Cocina abierta—, pero, también, se ha encargado de la gestión de otros éxitos como Bricomanía o Decogarden. Sus libros son siempre los más vendidos cada Navidad —ha publicado más de 40—. Él controla toda la cadena: los escribe, los produce y gestiona los derechos.

En qué invierte su dinero

Otro de sus mejores proyectos es el restaurante y hotel Karlos Arguiñano, donde, además, ha puesto su toque personal. Ubicado en un palacete de piedra frente a la playa de Zarauz, es una máquina de facturar constante. No solo es un restaurante de alta cocina, sino que es un destino turístico. Y es que este lugar atrae, cada año, a infinidad de personas que convencidas por las palabras de Arguiñano sobre su tierra, decide disfrutar de un momento de gastronomía y calma frente al mar. Actualmente, el negocio está gestionado por sus hijos, lo que asegura el relevo generacional y la rentabilidad familiar y en quienes ha depositado toda su confianza.

Arguiñano ha invertido sus ganancias en sectores muy variados para minimizar riesgos. Es el propietario de una bodega de Txakoli espectacular en Aia (Guipúzcoa), diseñada por arquitectos de renombre y con una producción muy valorada. Es uno de los grandes inversores de Baiko Pilota —antes Asegarce—, la empresa que gestiona los derechos de la pelota mano, un deporte con un arraigo económico brutal en el País Vasco. Durante años tuvo su propio equipo de motociclismo en el Mundial (Arguiñano & Ginés Racing), aunque recientemente ha reducido su presencia en este sector.

Arguiñano, junto a sus hijos. | Redes sociales

La Escuela de Cocina Aiala también es uno de sus negocios a los que más cariño ha puesto. Situada también en Zarauz, es una de las escuelas privadas más prestigiosas. Cobran matrículas por formar a futuros chefs, lo que supone un flujo de ingresos constante e independiente de la televisión. Arguiñano es uno de los rostros con mayor índice de confianza de España. Las marcas pagan fortunas por aparecer en su cocina o porque él sea su imagen —como en temas de menaje de cocina, marcas de aceite, alimentación, etc.—. Tiene su propia línea de productos de cocina —de cuchillos y sartenes— que se venden en todo el país.

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