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Lolita: «Llevo 40 años tomándome un ajo crudo en ayunas; me lo meto en la boca con el café como si fuera una pastilla»

La actriz no hace deporte, se despierta tarde y come saludable, priorizando la «comida real» frente a los procesados

Lolita: «Llevo 40 años tomándome un ajo crudo en ayunas; me lo meto en la boca con el café como si fuera una pastilla»

Lolita Flores, en una imagen de archivo. | Gtres

Lolita Flores puede presumir, a sus 68 años, de tener una vida profesional muy activa. La actriz acumula grandes proyectos a su espalda y, sobre todo, una actividad en la que compagina el cuidado de su familia con el suyo propio. Es por eso que, desde hace más de cuatro décadas, la hija de La Faraona toma, en ayunas, un diente de ajo crudo. «Lo trago en mi caso como si fuera una pastilla, aunque alguna vez lo he podido masticar y no huele a ajo», ha contado, haciendo hincapié en que este hábito no le deja ningún olor. «Me levanto a las 12 de la mañana, me como un diente de ajo crudo y no hago nada de ejercicio. (…) Yo creo en la medicina; cuando tienes que tomar antibióticos, tienes que tomarlos. Pero también te puedes cuidar con cosas naturales, con suplementos y comiendo sano», apostilló.

Hablar de la vida de Lolita Flores (Madrid, 1958) es repasar la historia viva del espectáculo en España. Nacida bajo el peso de un apellido monumental —hija de la irrepetible Lola Flores La Faraona y del guitarrista El Pescaílla—, Lolita ha sabido construir una carrera brillante y con luz propia, superando tragedias personales extremas y reinventándose las veces que ha hecho falta. Al nacer en la saga de «Los Flores», el arte era inevitable. Debutó muy joven y en 1975, con solo 17 años, paralizó el país con Amor, amor, un éxito rotundo que la catapultó a las listas de ventas de España y América Latina. Durante los años 70 y 80 encadenó éxitos de balada y rumba, demostrando una voz rota, cálida y con mucho sentimiento.

La rutina de Lolita Flores

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Lolita Flores toma una cabeza de ajo. | EP | Francisco Guerra

Su vida personal siempre ha estado expuesta al público. Su boda en 1983 con el argentino Guillermo Furiase dejó una de las estampas más icónicas de la cultura pop española. Se congregó tanta multitud en la iglesia de Marbella que era materialmente imposible celebrar el matrimonio. Fue ahí cuando su madre, desesperada al micrófono, gritó la mítica frase: «Si me queréis a mí, irse. Si me queréis algo, irse». Con Furiase tuvo a sus dos hijos, Elena (actriz) y Guillermo —que es músico—, antes de divorciarse en 2001. Más tarde se casó con el actor Pablo Durán, de quien se separó en 2015.

El peor momento de su vida llegó a mediados de los noventa. En apenas 15 días, el mundo de Lolita se desmoronó. El 16 de mayo de 1995 falleció su madre, Lola Flores, a causa de un cáncer. Solo 14 días después, el 30 de mayo, su hermano Antonio Flores —al que estaba profundamente unida— moría por una sobredosis. Este doble golpe sumió a la familia en una profunda tristeza, pero Lolita, junto a su hermana Rosario, sacó fuerzas de flaqueza para convertirse en el pilar de la estirpe. Cuando la industria musical empezó a cambiar y los discos ya no se vendían igual, Lolita demostró su descomunal versatilidad. En 2002 debutó a lo grande en el cine con la película Rencor. Su desgarradora interpretación de Chelo impactó tanto a la crítica que se llevó el premio Goya a la Mejor Actriz Revelación a los 44 años.

«Me todo una cabeza de ajo en ayunas»

La actriz se despierta tarde y no suele hacer deporte. | Gtres

A partir de ahí, el teatro se convirtió en su gran refugio y consagración. Ha llenado teatros durante años con obras de enorme peso dramático como La plaza del DiamanteFedra o Poncia, ganándose el respeto unánime de los puristas de las tablas. En los últimos años, Lolita ha encontrado una enorme estabilidad y el cariño de las nuevas generaciones gracias a la televisión. Su faceta como jurado en el programa de éxito Tu cara me suena la muestra tal y como es: divertida, espontánea, sensible y una contadora de anécdotas inigualable.

A sus 68 años, Lolita Flores presume de una energía desbordante y un físico envidiable, pero su filosofía de cuidado personal dista mucho de las estrictas rutinas de gimnasio y las dietas de moda que se llevan hoy en día. Ella misma se define como una mujer de costumbres sencillas, genética privilegiada y remedios muy naturales. Como ya es bien sabido, su mañana no empieza con complejos suplementos químicos, sino con alimentos puros de toda la vida. Un diente de ajo crudo entero diario, que actúa como su antibiótico y protector cardiovascular natural. Por su parte, la combinación entre miel y canela es especialmente rica para ponerla sobre una tostada de pan integral. Al ser una mujer que vive de su voz en el teatro, la miel es su gran aliada para desinflamar y cuidar las cuerdas vocales.

Lolita ha repetido en innumerables ocasiones que no pisa un gimnasio ni por recomendación médica. No hace pesas, ni running, ni rutinas de cardio. Su ejercicio físico real es su propio trabajo. Una función de teatro —donde pasa horas de pie, moviéndose, gesticulando y proyectando la voz— o las largas jornadas de grabación en televisión equivalen a un entrenamiento de alta intensidad. A esto se le suma una genética envidiable heredada de sus padres, que siempre fueron de constitución fibrosa y ágil. No cree en las dietas milagro ni en pasar hambre. Siempre ha comido comida real; le encantan los platos tradicionales y el buen embutido. Su truco de belleza no es lo que come, sino cómo lo gestiona; si un día comete excesos en una cena o celebrando con amigos, al día siguiente compensa comiendo más ligero o reduciendo las porciones.

Para ella, el descanso es sagrado y no se negocia. Debido a sus horarios nocturnos en el teatro —donde las funciones terminan tarde y la adrenalina tarda en bajar—, Lolita suele acostarse de madrugada, pero compensa durmiendo hasta las 11:00 o 12:00 de la mañana. Dormir las horas necesarias es su principal tratamiento de belleza para regenerar la piel y mantener la mente despejada. Para Lolita, el mejor cuidado viene desde dentro. Ha confesado que su mayor fuente de vitalidad y rejuvenecimiento actual es ejercer de abuela. Pasar tiempo jugando con sus nietos Noah y Nala —los hijos de Elena Furiase— la mantiene activa, feliz y conectada con el presente, alejando el estrés. En sus propias palabras: «Yo creo en la medicina, pero también te puedes cuidar con cosas naturales y comiendo sano. La genética ayuda, pero la actitud ante la vida lo es todo».

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