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El universo de Amaia conquista Valencia: su espontaneidad desbordante, su voz hipnótica y su banda enamoran al Roig Arena

La cantante deslumbró con un espectáculo de más de dos horas marcado por la emoción, el virtuosismo y la cercanía

El universo de Amaia conquista Valencia: su espontaneidad desbordante, su voz hipnótica y su banda enamoran al Roig Arena

Amaia en el Roig Arena de Valencia.

Amaia Romero volvió a demostrar este domingo 31 de mayo, en el Roig Arena de Valencia, que juega en una categoría propia. Ante más de 11.000 espectadores, la artista navarra, de 27 años, ofreció un maravilloso concierto de más de dos horas de duración en el que combinó virtuosismo musical, sensibilidad y una naturalidad poco habitual en los artistas.

«Ahora me tengo que meter el arpa entre las piernas. Avisadme si se ve algo. (…) ¿Habéis visto qué mono el vestidito que llevo? (…) Ay, no puedo mirar a la primera fila porque me distraéis. (…) De verdad, cómo me enrollo. (…) Ahora con este buen tiempo estoy contentita. (…) Ha habido un fallo técnico que no entiendo pero me piden que haga tiempo así que vamos a hablar de algo; a ver qué os cuento». Estos fueron algunos de los comentarios que la joven de Pamplona soltó con su habitual gracia. El público se rió, evidentemente. Y es normal: Amaia no tiene filtro alguno; dice lo que le parece, y siempre lo ha hecho. Esta espontaneidad, tan extraña de encontrar hoy en día, define cómo es como persona y como artista. Nunca hará ni dirá nada que no sienta.

Una gira de éxito

La cita valenciana, una de las últimas fechas de la gira de presentación de Si abro los ojos no es real, sirvió para confirmar la evolución artística de una cantante que ha dejado atrás cualquier etiqueta para construir un universo creativo cada vez más personal. Amaia cantó, tocó el piano, bailó y, como decíamos, hasta se acompañó del arpa en una actuación tan ambiciosa como emotiva, sostenida por una puesta en escena elegante y una interpretación vocal impecable.

El Roig Arena se quedó en absoluto silencio en numerosas ocasiones, como suele suceder en todas las actuaciones de Amaia. Su majestuosa voz, su sensibilidad y la música en directo de su banda hipnotizaron y pusieron los vellos de punta a los asistentes.

Destacó especialmente una delicada versión al piano de Me pongo colorada, el clásico de Papá Levante que ha incorporado a esta gira, así como con su ya celebrada interpretación de Zorongo Gitano. Otro de los puntos culminantes llegó con Yamaguchi, con la que volvió a exhibir su potencia vocal y su capacidad para moverse entre registros con absoluta naturalidad, incluyendo el ya característico fragmento en japonés.

El repertorio recorrió todas las etapas de su carrera. Hubo espacio para canciones que marcaron sus primeros años, como Relámpago, Nuevo verano o La canción que no quiero cantarte, su popular colaboración con Aitana. Sin embargo, el protagonismo recayó en los temas de su nuevo álbum, Si abro los ojos no es real, un trabajo que refleja una evidente madurez tanto sonora como temática.

Lejos de los relatos sentimentales más convencionales, Amaia explora ahora cuestiones como la relación entre madres e hijas, el paso del tiempo, el amor y el desamor o la muerte, como en el tema Ya está.

Un cierre que puso a bailar a todo el Roig Arena

Amaia combina una espontaneidad desbordante con un dominio inaudito de técnica vocal e instrumental. Esto es lo que la hace única y lo que facilita que conecte con el público desde el minuto cero. Valencia cayó rendida a sus pies y así lo demostró con sus silencios y con sus gritos y bailes, con temas como Bienvenidos al show, con el que la artista cerró el concierto. Antes, interpretó una de las canciones más bellas que tiene: Tengo un pensamiento.

El Roig Arena fue testigo de una de las actuaciones más completas de la gira de Amaia; una celebración de la música entendida como emoción, riesgo y belleza. Y, sobre todo, a una nueva demostración de que la artista sigue creciendo sin perder aquello que la hizo especial desde el principio: la verdad absoluta que hay en ella.

Amaia, una carrera construida paso a paso

Nacida en Pamplona el 3 de enero de 1999, Amaia Romero se ha consolidado como una de las artistas más respetadas de la música española actual. Su relación con la música comenzó desde muy pequeña: estudió piano y recibió formación musical clásica en el Conservatorio Profesional Pablo Sarasate de Pamplona, una base académica que sigue siendo una de las señas de identidad de su carrera.

Aunque ya había participado en concursos musicales durante su infancia, su salto a la fama llegó en 2017 al convertirse en la ganadora de la novena edición de Operación Triunfo. Durante el programa destacó por su personalidad espontánea, su sensibilidad interpretativa y su capacidad para abordar estilos muy diferentes con una naturalidad poco común.

Tras representar a España en Eurovisión 2018 junto a Alfred García con Tu canción, Amaia inició una trayectoria en solitario marcada por la independencia artística. En 2019 publicó Pero no pasa nada, un debut que fue recibido con entusiasmo por la crítica y que la presentó como una compositora capaz de combinar pop, folk e influencias clásicas.

Su evolución continuó con Cuando no sé quién soy (2022), un trabajo más ambicioso y experimental que amplió su universo sonoro y consolidó su prestigio dentro de la nueva generación del pop español. En 2025 llegó Si abro los ojos no es real, un disco en el que profundiza en sonidos más vanguardistas y en temáticas como la identidad, la familia, el amor, el paso del tiempo o la muerte. Su formación clásica, su dominio instrumental y su constante búsqueda artística la han situado como una figura singular dentro de la música española.

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