Bad Bunny 'rompe' Madrid en sus dos primeros conciertos: derroche de baile, el reencuentro de Los Javis tras Cannes y una Marta Ortega que intentó pasar desapercibida
El puertorriqueño ha hecho historia con sus dos primeros shows, que reunieron a miles de personas en el Metropolitano

Bad Bunny, en su cocinero. | EP
Benito Martínez Ocasio está haciendo historia. El reconocido cantante puertorriqueño, más conocido como Bad Bunny, llenó el Wanda Metropolitano —el archiconocido estadio del Atlético de Madrid— de color, baile y sencillez. Dos jornadas en las que no faltó la atención a su famosísima Casita, así como tampoco al artista invitado que, en las dos ocasiones, no ha dejado indiferente a nadie. Y es que sus seguidores y apasionados de sus letras con ritmos, que te teletransporta a sus raíces, no han querido perderse estas citas, bajo un intenso calor, que, sin duda, han marcado el calendario cultural de nuestro país.
Desde primera hora de la mañana, tanto el pasado sábado como el domingo, sus fans se agolparon a las puertas del estadio para comenzar a hacer cola para poder ver, de cerca, a su artista favorito. Banderas de Puerto Rico, camisetas con sus icónicas frases, y el ya ultraconocido sombrero-Pava se abrieron paso entre seguidores que han llegado de todas partes del mundo. Fuera de allí, además de mucho glitter, bordados y encaje, sus seguidores pudieron disfrutar de ratos de música, de comprar el merchandasing oficial, probar la comida puramente puertorriqueña, o bailar al son del DJ que se instaló en La Casita-pop up de la marca de coñac Hennessy, donde replicaban los cócteles favoritos del artista.
El ambiente, en esta pequeña casita que emulaba un salón puertorriqueño, ofreció los combinados con los que se hace un «viaje por los códigos culturas que definen al país». Además, a sus puertas, tenían colocados una maxi cámara de fotos —icono del concierto y del artista—, así como un impresionante Jeep en color blanco. «A ello se suman una zona de dominó —símbolo mayor de la vida social boricua—, espacios lounge de inspiración isleña y rincones diseñados para capturar y compartir el momento. Un entorno que no solo se observa, sino que se habita», explican.
Bad Bunny pone a bailar a sus fans en un show lleno de color

El cantante, durante casi tres horas, hizo un recorrido a su nuevo álbum de la mano de Baile inolvidable, Nueva York o Debí tirar más fotos. Pero, también, hizo un guiño al pasado con Titi me preguntó o Diles, que marcó un salto en su carrera e hizo que su música comenzara a sonar en todas las radios. El puertorriqueño no perdió la sonrisa, mientras mascaba chicle, y hacia frente a los más de 30 grados que había en el ambiente, cubierto sus manos con unos guantes, un traje de chaqueta en color crema y su icónico gorro. Unos cambios de vestuarios en los que tampoco faltaron un chándal de manga larga y gafas de sol. Y que marcaron el fin del show.
Los grande protagonistas también fue su cuerpo de baile, al igual que los músicos que no dejaron a Benito solo en ningún momento, y reivindicaron sus orígenes humildes. Aunque eso sí, la expectación estaba, cómo no podía ser de otra manera, en La Casita, hasta donde, el primer día, acudieron rostros tan conocidos como el de Chiara Ferragni, Ana de Armas, parte de la plantilla del Real Madrid o Ester Expósito. Probablemente, la persona más importante, entre las 40 que ocupan este lugar privilegio, era Marta Ortega, quien se escondió tras una de las columnas y, tan solo, se le vio contonearse en contadas ocasiones, mientras que Expósito ocupaba un primerísimo primer plano.
La Casita, el escenario principal
En su segundo día, quienes ocuparon el lugar fueron Javier Ambrossi y Javi Calvo, quienes se reencontraron, al ritmo de Bad Bunny, tras triunfar en Cannes. También estuvieron Hiba Abouk y la cantante Judeline, al igual que la influencer Gala González. Todos ellos se mantuvieron dentro de la icónica residencia, donde bailaron al son del cantante y se contonearon junto al equipo de baile del artista, que no descansó en ningún momento. Fueron Myke Towers y Luar la L que acompañaron al de Puerto Rico en el techo de la casita, entonando las canciones con Bad Bunny y, también, dando sus propias versiones.
Tras estos dos primeros conciertos —sábado y domingo—, el artista descansará durante un día para luego volver a retomar la actividad este mismo martes, donde pretende dar el mejor show. En todos estos años, el conejo malo ha convertido todos sus conciertos en auténticos shows. En su aclamado World’s Hottest Tour, transformó los estadios en una gigantesca playa caribeña con arena real, palmeras iluminadas y pantallas curvas que hacían sentir al público en mitad de una noche en Puerto Rico. Además, se hizo famoso el momento en el que Bad Bunny se sube a una palmera flotante o a una plataforma para sobrevolar las cabezas de las miles de personas de la pista, cantando a 15 metros de altura.
Tampoco faltan las llamaradas de fuego, el confeti y los juegos de luces están coreografiados al milisegundo para estallar en los momentos más altos de sus éxitos. Sin duda alguna, sus conciertos se han convertido en una prueba de resistencia tanto para él como para sus fans. Sus shows suelen superar fácilmente las dos horas y media de duración, en las que repasa entre 35 y 45 canciones. Además, ha conseguido lograr un gran equilibro, dividiendo el concierto en bloques; comienza con a energía arrolladora de sus últimos discos, pasa a una parte central más íntima o acústica —a veces sentado en mitad del escenario— y termina con un bloque de clásicos antiguos y sus colaboraciones más míticas que transforman el recinto en una gigantesca discoteca.
Marta Ortega, Ester Expósito o Hiba Abouk no han querido perdérselo
También, toda la atención está puesta en los invitados, quienes, sin duda, ocupan el lugar más envidiado de todos los asistentes; la famosa Casita. Se trata de una residencia, de una planta, en color rosa, y que hace homenaje a las casitas puertorriqueñas y que el propio Bad Bunny ha diseñado para sus shows y que se ha convertido en parte fundamental del espectáculo. Un espacio que, como decíamos, ocupó, el pasado sábado, Marta Ortega, con quien comparte un vínculo especial. Bad Bunny es un apasionado de la moda y ha roto infinidad de estereotipos de género sobre la pasarela y en sus videoclips. Aunque suele vestir de alta costura, el artista siente una debilidad especial por las marcas del gigante gallego fundado por Amancio Ortega.
A lo largo de sus giras y en sus apariciones cotidianas, es muy habitual ver al puertorriqueño vistiendo chaquetas, pantalones o accesorios de Zara —especialmente de sus colecciones cápsula más exclusivas y de Zara Man—. Para el universo de Inditex, que el artista más escuchado del planeta elija sus prendas de forma orgánica es la mejor campaña de publicidad posible. Desde que Marta Ortega tomó las riendas de la presidencia de Inditex, su gran obsesión ha sido elevar la imagen de Zara, alejándola del concepto de ropa barata para aproximarla al lujo accesible y al diseño de vanguardia. Para lograrlo, Marta ha potenciado las colaboraciones con fotógrafos de élite, modelos icónicas y diseñadores de renombre. En esa estrategia, figuras con el impacto estético y cultural de Bad Bunny son piezas de deseo fundamentales.
Aunque se mueven en sectores diferentes, ambos comparten espacio en los eventos más exclusivos del planeta, como la Semana de la Moda de París o la Met Gala de Nueva York, donde Marta Ortega acude como una de las empresarias más respetadas del sector y Bad Bunny como uno de los grandes anfitriones e iconos de estilo de la alfombra roja. Aunque eso sí, se convirtió en un gran embajador cuando decidió, durante su actuación de la Super Bowl, lucir una camiseta blanca firmada por Inditex. En resumen, más allá de cualquier coincidencia en un palco o evento exclusivo, la relación entre Bad Bunny y Marta Ortega es una alianza implícita de éxito; él encuentra en los diseños de Zara las prendas perfectas para su día a día y ella encuentra en el músico el mejor escaparate global para demostrar que Zara juega en la liga de las tendencias mundiales.
El segundo día La Casita estuvo ocupada por Javi Calvo y Javier Ambrossi, quienes, a pesar de haber roto hace algo más de un año, siguen yendo a la mayoría de eventos juntos. Una de las últimas ocasiones en las que pudimos verles fue en el Festival de Cannes, donde han hecho historia con su película, La bola negra, por la que recibieron más de veinte minutos de ovación y se coronaron como uno de los grandes ganadores del concurso.
