Miguel Ríos: «En mi casa no había lujos; mi madre era una mujer con una fuerza de la naturaleza y de mi padre heredé su honestidad»
El reconocido cantante nacional en el barrio de la Cartuja de Granada, donde vivió muy aportado en sus progenitores

Miguel Ríos y Maria Jesús Montero, en una imagen de archivo. | EP
Miguel Ríos siempre ha sido una persona que ha estado volcada en su música. El cantante ha desarrollado su carrera profesional de la mano de su familia, quien siempre ha estado incondicionalmente a su lado. Miguel nació en el barrio de la Cartuja (Granada), siendo el menor de siete hermanos de una familia muy humilde. Sobre el enorme esfuerzo de sus padres para sacarlos adelante, ha dejado en él reflexiones textuales imborrables. «Mi madre era el motor de la casa, una mujer con una fuerza de la naturaleza. De mi padre heredé la honestidad. En mi casa no había lujos, pero había una dignidad que se te queda grabada en los huesos para siempre», ha contado.
Y es que él empezó a cantar para «ayudar en casa», no para ser «una estrella». «Ver la cara de alivio de mi madre cuando traía el primer dinero a casa es algo que no se olvida», ha relatado. Para un rockero que lleva más de 60 años en la carretera, el concepto de familia se extiende también a los músicos que le han acompañado. En sus giras de despedida y reencuentros, el granadino siempre repite una frase que es ya un lema para él. «La música me ha dado una familia de sangre, pero también una familia de asfalto y escenarios. Mis compañeros y mi público son mi otra familia, la que me ha mantenido vivo y con el corazón latiendo a ritmo de rock and roll durante todo este tiempo», ha contado el cantante.
Miguel Ríos y su infancia en Granada
Sin duda alguna, su carrera ha sido considerada como historia viva del rock en España. Pionero absoluto, fue el encargado de traer los sonidos americanos y británicos a una España gris en plenos años 60, transformando la música popular del país y abriendo el camino para todas las generaciones de rockeros que vinieron después. Hijo de una familia humilde de Granada, Miguel se trasladó a Madrid muy joven con un sueño: cantar el nuevo ritmo que volvía locos a los jóvenes. En 1962 grabó sus primeros EP bajo el nombre artístico de Mike Ríos. Al principio le tocó cantar lo que las discográficas le imponían como twist, rock and roll edulcorado y adaptaciones de canciones francesas o italianas.
Poco a poco, recuperó su nombre real, Miguel Ríos, y empezó a buscar un sonido mucho más maduro, urbano y puramente rockero. El punto de inflexión definitivo en su carrera y en la música española llegó a las puertas de los años 70. Miguel grabó una adaptación del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven, arreglada por el genial Waldo de los Ríos: el Himno a la Alegría. El éxito fue un fenómeno mundial sin precedentes para un artista español. Fue número 1 en Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Japón y Australia. Llegó a vender la friolera de 7 millones de copias en todo el mundo, convirtiéndose en un himno pacifista universal.
«Mi madre era el motor de la casa, una mujer con una fuerza de la naturaleza»
Tras el éxito internacional, Miguel se propuso demostrar que en España se podía hacer rock con la misma calidad técnica y espectacularidad que los grandes grupos anglosajones. Sin duda alguna, Rock&Ríos es el disco más importante de su carrera y, para muchos, el mejor álbum en directo de la historia de la música española. Grabado en el Pabellón del Real Madrid ante miles de personas, el disco —que incluía himnos como Bienvenidos, Santa Lucía, El blues del autobús o Banzai— vendió más de 450.000 copias y se convirtió en la banda sonora de la recién estrenada democracia española.
Ideó macro-giras históricas como El rock de una noche de verano (1983), llenando estadios de fútbol y llevando montajes de luces y sonido nunca antes vistos en el país. Con el paso de los años, Miguel Ríos se convirtió en el gran señor del rock, combinando sus discos de estudio con proyectos antológicos de la música en español. En 1996, se unió a sus grandísimos amigos Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Víctor Manuel para la mítica gira El gusto es nuestro, un éxito rotundo que barrió en taquilla tanto en España como en América Latina. En 2010, Miguel Ríos anunció su gira de despedida Bye Bye Ríos con la intención de jubilarse de los grandes escenarios. Sin embargo, como buen animal de directo, el retiro total le resultó imposible.
Ha regresado en ocasiones especiales con proyectos sinfónicos (Symphonic Ríos) y con su banda The Black Betty Trio. En 2023, celebró por todo lo alto el 40º aniversario del Rock & Ríos con un concierto masivo y nostálgico en el Wizink Center de Madrid, demostrando que su voz y su energía seguían intactas. El impacto de Miguel Ríos en la cultura española le ha valido los máximos reconocimientos posibles. Tiene un premio Ondas, un Grammy Latino y una Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Como decíamos, Miguel tuvo una vida condicionada por sus padres. Para Miguel, su madre era una auténtica fuerza de la naturaleza. Era una mujer coraje, de carácter firme pero profundamente protectora.
Sin embargo, Miguel siempre recuerda con muchísima emoción la cara de su madre el día que él regresó a casa y puso sobre la mesa el primer dinero importante que había ganado cantando. Ver que su hijo ayudaba a aliviar las deudas de la casa fue su mayor recompensa. Su padre era un hombre de pocas palabras, serio, extraordinariamente trabajador y de una rectitud intachable. De él, Miguel heredó la timidez que a veces oculta tras el escenario y, sobre todo, un sentido de la justicia y la dignidad muy estricto. Su padre le enseñó que se podía ser muy pobre, pero que la honradez y la palabra dada eran sagradas. Falleció cuando Miguel empezaba a saborear las mieles del éxito, pero su recuerdo siempre fue el ancla que impidió que al rockero se le subiera la fama a la cabeza.
Como muestra de amor y respeto hacia ellos, cuando Miguel Ríos empezó en la música en los años 60, la discográfica intentó que utilizara nombres artísticos americanizados —de hecho, sus primeros discos salieron bajo el nombre de Mike Ríos—. En cuanto el cantante tuvo el control de su carrera, mandó a paseo el «Mike» y exigió llamarse Miguel Ríos, manteniendo con orgullo el apellido de su padre y reivindicando los orígenes humildes de los que se sentía profundamente orgulloso.
