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Antonio Banderas, 65 años: «Me levanto a las seis de la mañana, desayuno un té verde y me pongo a hacer yoga»

El actor malagueño sufrió un infarto en 2017 que hizo que tuviera que replantearse su estilo de vida

Antonio Banderas, 65 años: «Me levanto a las seis de la mañana, desayuno un té verde y me pongo a hacer yoga»

Antonio Banderas, en una imagen de archivo. | EP

Antonio Banderas vivió un giro de 180 grados en su vida cuando sufrió un infarto. El actor decidió comenzar a cuidarse, haciendo mucho deporte y, sobre todo, desayunando de forma saludable. Así, esta vida activa le ha llevado a gozar de una salud mejor, en la que, también, le da muchísima importancia a la familia, que es su pilar fundamental. Es por eso que Banderas intenta llevar una vida, sobre todo, en la que ha aprendido a cuidarse, tomando alimentos naturales y no haciendo excesos.

Él mismo ha contado que se levanta «a las seis de la mañana». «Me di cuenta de que el éxito no es un destino, sino un camino. El infarto me dio una bofetada en la cara y me dijo: ‘Despierta, estás viviendo la vida equivocada’. Dejé de fumar, empecé a hacer deporte y a comer bien. Mi rutina ahora es mucho más simple: me levanto temprano, hago ejercicio, trabajo en lo que amo y paso tiempo con la gente que quiero. Todo lo demás, las cosas que antes me preocupaban y que eran accesorias, simplemente desaparecieron», ha relatado, sobre el momento que le cambió la vida.

La rutina de Antonio Banderas

Antonio Banderas en el hormiguero
Antonio Banderas | Instagram El hormiguero

Él mismo ha comentado, además, que su rutina comienza «muy temprano», sobre «las seis de la mañana». «Tengo tres cosas que son inamovibles en mi día: el té verde, el yoga y la meditación. El yoga me ha dado la flexibilidad que mi cuerpo necesitaba tras tantos años de películas de acción, y la meditación me da la calma mental para afrontar el día sin el estrés que casi me cuesta la vida», apostilló. Por el momento, no está entre sus planes el jubilarse. «Mi rutina es el trabajo, pero ahora el trabajo es mi hobby. No sé estar sentado en un sofá viendo pasar la vida. Pero la diferencia es que ahora ya no corro detrás del dinero ni de la fama. Si un proyecto no me hace feliz o no me aporta algo artísticamente, no entra en mi rutina. Mi día a día en el teatro en Málaga me da una vida mucho más real y orgánica que la que tenía en Los Ángeles», añadió.

La vida de Antonio Banderas (Málaga, 1960) es una de las epopeyas más fascinantes del cine contemporáneo. Es la historia de un hombre que desafió al destino en tres ocasiones: primero, al tener que renunciar a su gran sueño de juventud; segundo, al meterse en una maleta rumbo a Hollywood sin saber una palabra de inglés; y tercero, al burlar a la muerte tras el infarto que cambió su existencia para siempre. Nacido bajo el nombre de José Antonio Domínguez Banderas, su primera gran pasión no fue actuar, sino el fútbol. De adolescente demostró un talento enorme con el balón y soñaba con ser futbolista profesional, pero una grave fractura de pie a los 14 años truncó su carrera deportiva para siempre.

«Mi rutina ahora es mucho más simple; me levanto temprano y hago ejercicio»

Obligado a buscar un nuevo camino, descubrió el teatro tras asistir a una representación del musical Hair. Cautivado por las tablas, ingresó en la Escuela de Arte Dramático de Málaga y, con apenas 19 años y un billete de tren en el bolsillo, se mudó a Madrid en plena época de la Movida Madrileña. En Madrid, la suerte y el talento se aliaron cuando el director Pedro Almodóvar lo descubrió en el café del Teatro María Guerrero. Almodóvar vio en él una mezcla perfecta de sensualidad, peligro y comedia.

Banderas se convirtió en su actor fetiche y en el rostro de una España moderna y transgresora gracias a películas icónicas como Laberinto de pasiones (1982), La ley del deseo (1987) y, especialmente, Mujeres al borde de un ataque de nervios(1988), que logró la nominación al Óscar y sirvió como el trampolín internacional definitivo para el actor. A principios de los 90, Banderas decidió dar el salto a los Estados Unidos. Llegó a Los Ángeles sin hablar prácticamente nada de inglés, teniendo que aprenderse los guiones de memoria de forma puramente fonética para su debut en Los reyes del mambo (1992).

Antonio Banderas desayuna pronto y se cuida mucho. | Gtres

Su carisma derribó todas las barreras idiomáticas. En pocos años, rompió el estereotipo del «villano latino» en Hollywood para convertirse en un galán de primera línea y un héroe de acción global. Enlazó un éxito tras otro: el drama Philadelphia junto a Tom Hanks, la sensual Desperado, la megaproducción Evita junto a Madonna, y la cinta que lo consagró como leyenda de la cultura pop mundial: La máscara del Zorro (1998). Además, prestó su inconfundible voz al carismático Gato con Botas en la saga Shrek.

En enero de 2017, la vida le dio su aviso más serio: sufrió un ataque al corazón que casi le cuesta la vida. Lejos de hundirse, el actor experimentó una epifanía. Decidió bajar el ritmo frenético de Hollywood, dejar de fumar y concentrarse únicamente en los proyectos que de verdad alimentaran su alma. La recompensa artística no tardó en llegar. En 2019, volvió a ponerse bajo las órdenes de Pedro Almodóvar en Dolor y gloria, una película semiautobiográfica donde Antonio interpretó al alter ego del director. Su contenida y madura actuación le valió el premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes y su primera nominación al Óscar, cerrando así un círculo perfecto con el director que lo vio nacer.

Antonio Banderas hace yoga y toma té. | Gtres

Hoy en día, la vida de Antonio Banderas se escribe desde su Málaga natal. Cumpliendo un viejo sueño, el actor invirtió millones de euros de su propio bolsillo para fundar el Teatro del Soho CaixaBank, un centro cultural de primer nivel donde produce, dirige y protagoniza musicales de Broadway en español. Allí, a sus más de 60 años, madrugando para hacer yoga y tomando té verde, Banderas vive su etapa más plena, demostrando que se puede tocar el cielo en Hollywood, pero que la verdadera felicidad reside siempre en volver a casa.

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