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Las claves de la restauración del cuadro de Rubens que ha hecho Alejandra, hija de Raphael: «Hemos redescubierto los colores»

La hija mediana del cantante lleva trabajando más de dos décadas en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid

Las claves de la restauración del cuadro de Rubens que ha hecho Alejandra, hija de Raphael: «Hemos redescubierto los colores»

Alejandra Martos, en una imagen de archivo. | Gtres

Alejandra Martos forma parte indispensable del Museo Thyssen-Bornemisza. La hija de Raphael, que no siguió los pasos de su progenitor en el mundo del espectáculo, se encarga de la restauración de obras. Es más, uno de sus últimos trabajos ha sido con un cuadro de Rubens, Venus y Cupido, al que ha devuelto a la vida y, sobre todo, a su color original. Algo que ella misma ha confirmado a través del TikTok de la cuenta del museo. «La restauración de esta obra ha consistido, fundamentalmente, en una limpieza; en la eliminación de un barniz que había envejecido y amarilleado mucho con el paso de los años y había creado un velo sobre la capa de pintura, impidiendo observarla correctamente», cuenta la hija de Raphael.

«La eliminación de este barniz, nos ha permitido redescubrir los colores que Rubens intencionó para su obra; unos blancos imponentes y, también, una capa roja que cubre a la Venus con una intensidad preciosa», apostilla. Además, explica que las restauraciones van acompañadas siempre de unos estudios técnicos, es decir, «unos estudios previos para entender y comprender la obra; cómo está ejecutada y cómo está trabajada». «Entre ellos, podemos incluir la radiografía, la fotografía infrarroja, ultravioleta y nos permite ver más allá», añade. «Rubens preparó su lienzo, de una determinada manera, y con una intención; quería que las figuras resaltaran por encima de todo del cuadro», aclara Alejandra.

El cuadro que ha restaurado Alejandra Martos en el Museo Thyssen-Bornemisza

@museothyssen ¿Qué hay detrás de la restauración de ‘Venus y Cupido’, pintado por Rubens hacia 1606-1611? Alejandra Martos, responsable de la restauración de la obra, nos cuenta algunos de los hallazgos del proceso y cómo técnicas como la radiografía o la fotografía infrarroja y ultravioleta nos permiten ver más allá de la superficie del cuadro. Descubre el montaje especial en torno a su restauración, hasta el 13 de septiembre en la sala 19. #Rubens #RestauraThyssen #aprendecontiktok ♬ Piano Emotional – Raw Vibrations

Alejandra Martos Figueroa es la hija mediana del cantante Raphael. Aunque de niña su gran pasión era el ballet y soñaba con ser bailarina profesional, en su adolescencia descubrió su verdadera vocación cuando vio trabajar a unos restauradores en unos cuadros que su padre había mandado arreglar. Lleva más de dos décadas —desde 2004— trabajando en el prestigioso Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en Madrid como restauradora de arte.

Trabaja, como ella misma dice, «entre bambalinas», encargándose de la conservación y restauración de obras de maestros de la pintura mundial. Por sus manos han pasado lienzos históricos de genios como Rubens —del que restauró su famosa obra Venus y Cupido—, Carpaccio o Edgar Degas. Alejandra nació en Madrid en 1974. A pesar de haber crecido en un hogar frecuentado por grandes personalidades de la cultura, la música y la política, siempre ha preferido mantener un perfil bajo. Es madre de dos hijos (Manuela y Carlos) y tanto en sus entrevistas como en sus apariciones públicas destaca siempre los valores del esfuerzo, el tesón y el trabajo diario que le inculcaron sus padres, manteniéndose completamente al margen del mundo del corazón o la fama fácil.

Alejandra Martos se formó a conciencia en una disciplina muy técnica que requiere tanto sensibilidad artística como conocimientos científicos: la conservación y restauración de obras de arte. Tras terminar la escuela, ingresó en la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, uno de los centros de referencia en España. Allí se especializó en la restauración de pintura, aprendiendo no solo técnicas de pincel y color, sino también química (para entender cómo reaccionan los barnices, pigmentos y disolventes) e historia del arte.

Un largo currículo dedicado al arte y una familia que es su pilar

Complementó sus estudios en el extranjero, realizando estancias formativas y prácticas en centros de prestigio como Florencia (Italia), la cuna del Renacimiento y uno de los núcleos mundiales de la restauración. Antes de asentarse en su puesto definitivo, pulió su técnica trabajando y formándose en instituciones del calibre del Museo del Prado. Gracias a este sólido bagaje, en 2004 logró integrarse en el equipo del Museo Thyssen-Bornemisza, donde aplica diariamente todo lo aprendido para devolver la vida a lienzos con siglos de historia.

Detrás de su bata de restauradora en el Museo Thyssen y del peso del apellido de su padre, Alejandra Martos es una mujer que prioriza por encima de todo la calma, la familia y una vida alejada del ruido mediático. Quienes la conocen la describen como una persona sumamente sensible, observadora, perfeccionista y muy unida a sus raíces. El motor de su vida personal son sus dos hijos: Manuela —nacida en 2003— y Carlos —nacido en 2006—. Nacieron fruto de su matrimonio con Álvaro de Arenzana, un ejecutivo con el que se casó en 2001 en una boda por todo lo alto en la finca familiar de los Raphael en Madrid.

Tras casi dos décadas de relación, la pareja se divorció en 2020 de mutuo acuerdo y de una forma tan discreta que la prensa apenas se enteró meses después. Desde entonces, Alejandra se ha volcado en la crianza de sus hijos, quienes ya son jóvenes adultos. Alejandra es el nexo de unión y el centro de gravedad de los tres hermanos Martos —Jacobo, el mayor, y Manuel, el menor—. Es muy habitual verla compartir momentos cotidianos con ellos y con sus cuñadas y excuñadas, como la diseñadora Amelia Bono, con quien mantiene una excelente relación de amistad.

Siente una profunda admiración por su madre, Natalia Figueroa, a quien considera su gran referente de elegancia, templanza y discreción en la vida. Con su padre, Raphael, tiene un vínculo hermosísimo: ella ha confesado que cuando el cantante está de gira, a ella le cuesta ir a ver los conciertos porque se emociona demasiado y sufre viéndolo darlo todo en el escenario. Aunque su profesión es su gran vocación, el mundo personal de Alejandra está lleno de otras inquietudes artísticas. De niña estudió ballet clásico de forma muy seria. Aunque la vida la llevó por el camino de la restauración, mantiene un amor profundo por la danza y es una asistente asidua a los espectáculos de ballet en Madrid.

Como ella misma ha contado, le fascina perderse en la naturaleza, el campo y viajar. En sus redes sociales —las cuales maneja con mucha naturalidad y sin el postureo típico de las celebridades— suele compartir paisajes, puestas de sol, visitas a exposiciones de arte internacionales y paseos con sus perros.

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