Cómo Starmer perdió Downing Street: las polémicas que forzaron su salida
Seis dimisiones, el desplome en las elecciones, el 'caso Epstein' y la decepción británica con el rumbo de la economía

El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer. | Thomas Krych (EP)
Keir Starmer ha anunciado este lunes su dimisión como primer ministro del Reino Unido tras casi 1.100 días en Downing Street. El líder laborista abandona el cargo después de semanas marcadas por tensiones internas, una creciente pérdida de apoyo político y varias polémicas que han erosionado su liderazgo, una decisión que ya ha sido trasladada al rey Carlos III.
Seis dimisiones de ministros y altos cargos
Durante el último mes, el Gobierno británico sufrió una oleada de dimisiones que alimentó la sensación de crisis en Downing Street. La más reciente fue la del ministro de Defensa, John Healey, que abandonó el Ejecutivo por sus discrepancias con el primer ministro sobre la política presupuestaria y el gasto destinado a las Fuerzas Armadas.
Antes que él, el ministro de Sanidad, Wes Streeting, presentó su renuncia el 14 de mayo y lanzó una dura crítica contra el liderazgo de Starmer. «En lugar de visión, lo que tenemos es un vacío», afirmó entonces. Pocos días después, confirmó además su intención de competir en las próximas primarias del Partido Laborista, alimentando las especulaciones sobre una posible sucesión al frente de la formación.
A estas salidas se sumaron las de cuatro secretarios de Estado que dimitieron de forma simultánea el 12 de mayo: la secretaria de Comunidades, Miatta Fahnbulleh; la responsable de Salvaguardia, Jess Phillips; la secretaria para la Violencia contra las Mujeres y las Niñas, Alex Davies-Jones; y el secretario de Innovación en Salud, Zubir Ahmed. La marcha coordinada de estos altos cargos fue interpretada como una de las mayores muestras de descontento interno contra Starmer desde su llegada al poder.
El desplome de los laboristas en las elecciones locales
La crisis en el Gobierno se agravó tras las elecciones locales celebradas el pasado 7 de mayo, en las que el Partido Laborista sufrió uno de sus peores resultados desde su llegada al poder. La formación perdió apoyo en varios de sus bastiones tradicionales mientras Reform UK, liderado por Nigel Farage, se consolidaba como una de las fuerzas emergentes del panorama político británico al superar los 1.000 concejales. El resultado fue interpretado dentro del laborismo como una señal de alarma sobre el desgaste del Gobierno y marcó un antes y un después en cuanto al futuro de los laboristas.
Tras los resultados, más de medio centenar de diputados laboristas pidieron públicamente la dimisión de Starmer tanto como primer ministro como líder de la formación. Las críticas procedían de distintos sectores del partido y reflejaban el creciente malestar por la pérdida de apoyo entre los votantes y la sensación de que el Ejecutivo no estaba logrando cumplir las expectativas generadas tras su llegada a Downing Street.
Ante la presión creciente, Starmer intentó contener la rebelión interna con un discurso en el que fijó las prioridades para el resto de la legislatura y prometió situar al Reino Unido «en el corazón de Europa» tras el Brexit, pero sus palabras no lograron frenar las críticas internas.
El ‘caso Epstein’, próximo a Downing Street
El controvertido caso Epstein también llegó a tocarle la puerta al laborista, esto, luego de que el exembajador del Reino Unido en Estados Unidos, Peter Mandelson, estuviera involucrado en los archivos publicados por el Departamento de Justicia de EEUU (DOJ) y difundiera una nueva tanda de documentos que incluyen conversaciones, fotografías y registros financieros que evidencian la estrecha relación entre Mandelson y Epstein.
El exembajador anunció el pasado 3 de febrero su salida de la Cámara de los Lores tras la publicación de nuevos documentos que lo vinculan con Epstein. Entre las informaciones difundidas figura una conversación en la que Mandelson habría advertido con un día de antelación a Epstein sobre el rescate de 500.000 millones de euros que la eurozona se disponía a aprobar en 2010. Asimismo, el exembajador renunció a su carné del Partido Laborista para evitar «un mayor bochorno» y ya había sido destituido el año pasado como embajador británico en Estados Unidos.
A la crisis se sumó este domingo la dimisión de Morgan McSweeney, exjefe de Gabinete, quien asumió la responsabilidad por haber designado a Mandelson como embajador en Washington. «Fue un error. Ha dañado a nuestro partido, a nuestro país y a la confianza en la política», declaró tras presentar su renuncia.
Decepción con el rumbo de Starmer en materia económica
El desgaste económico fue otro de los factores que debilitó la posición del primer ministro durante sus últimos meses en Downing Street. Según una encuesta de YouGov publicada por Sky News en mayo, el 69% de los británicos tenía una opinión desfavorable del primer ministro, frente a solo un 21% que mantenía una valoración positiva.
De acuerdo con los sondeos de Ipsos y YouGov, la economía, el coste de vida y la vivienda se mantuvieron entre los tres principales problemas para los ciudadanos durante la primera mitad de 2026. Al mismo tiempo, el crecimiento económico británico apenas rondaba el 0,8% anual, mientras que la inflación seguía por encima del objetivo del Banco de Inglaterra, presionando los precios de bienes y servicios.
Este contexto terminó reflejándose en las urnas y en las encuestas. Un sondeo de More in Common publicado tras las elecciones locales mostró que solo el 23% de los votantes consideraba que el Gobierno estaba cumpliendo las expectativas generadas, mientras que una mayoría afirmaba sentirse decepcionada con el rumbo del Ejecutivo. Tras esto, los mercados comenzaron a actuar como si estuvieran perdiendo la confianza en la capacidad de Starmer para mantener la estabilidad económica y fiscal.
La fuga de votos a Reform UK
El crecimiento de Reform UK se convirtió en una de las mayores amenazas para Keir Starmer. El partido liderado por Farage logró consolidarse como una alternativa para una parte del electorado descontento tanto con los conservadores como con los laboristas.
La fuga de votantes hacia Reform UK generó una profunda preocupación dentro del Partido Laborista. Muchos de los apoyos perdidos procedían de territorios que históricamente habían respaldado a los laboristas. Ante esta situación, Starmer endureció parte de su discurso sobre inmigración y control fronterizo en un intento de frenar la fuga de votos hacia la formación de Farage.
El ascenso de Reform UK acabó alimentando el debate interno sobre el rumbo político del Gobierno y se convirtió en uno de los factores que más contribuyeron al desgaste de Starmer en sus últimos meses al frente del Ejecutivo.
