Lalo, el padre de Patxi López al que Feijóo ha nombrado hoy en el Congreso: un histórico dirigente vasco y miembro de UGT
El líder del PP ha mencionado al progenitor del político vasco después de un intenso cara a cara en el hemiciclo

Patxi López, en una imagen de archivo. | Gtres
Esta mañana ha sido especialmente convulsa en el Congreso de los Diputados. Pedro Sánchez ha comparecido, a primera hora, en el hemiciclo, para hablar de la corrupción, que acorrala a su partido, el PSOE. El dirigente ha querido poner el foco en la inocencia de su mujer, la del color político que representa y, también, en nombre de su histórico dirigente, José Luis Rodríguez Zapatero. Tras algo más de media hora de discurso, el socialista le ha dado el relevo a otros de la talla de Alberto Núñez Feijóo, Gabriel Rufián o Patxi López. Este último ha sido quien ha realizado una intervención más incisiva, atacando a sus adversarios políticos. Algo que parece ser que no ha gustado nada al líder del PP, quien ha subido al estrado, afirmando que «qué pasaría» si el padre de López «levantara la cabeza». Pero ¿quién fue Eduardo López Albizu?
Eduardo López Albizu, más conocido como Lalo, fue un pilar fundamental en la historia del socialismo y del sindicalismo en el País Vasco. Nacido en en un País Vasco, en la provincia de Vizcaya, que se encontraba en un momento especialmente complicado, creció en el corazón de una cuenca minera fuertemente marcada por las luchas obreras. Su entorno y la dura realidad de las familias trabajadoras forjaron en él, desde muy joven, una inquebrantable conciencia de clase.
Quién fue el padre de Patxi López

Su trayectoria profesional estuvo ligada a los astilleros de la Sociedad Española de Construcción Naval en Sestao —la mítica Naval—, donde trabajó como ajustador. Fue en los talleres de esta gran empresa metalúrgica donde comenzó su verdadera andadura reivindicativa. Su fuerte carisma y su capacidad de organización le convirtieron rápidamente en uno de los referentes indiscutibles de los trabajadores de la margen izquierda del Nervión.
Durante los años más difíciles de la dictadura franquista, Lalo asumió el enorme riesgo de militar en la clandestinidad. Se unió a las filas de la Unión General de Trabajadores (UGT) y del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), organizaciones que por aquel entonces operaban en las sombras y bajo una férrea persecución. Su labor consistía en reorganizar las bases sindicales y mantener viva la llama de la resistencia democrática en el País Vasco. Esta valiente actividad opositora le costó cara en el plano personal; fue perseguido de manera constante por las autoridades del régimen, lo que se tradujo en múltiples detenciones por parte de la Policía Político-Social. Pasó por prisión en varias ocasiones y llegó a sufrir el destierro en Huércal-Overa (Almería), un severo castigo con el que la dictadura intentaba desarraigar y desactivar a los líderes obreros más incómodas del norte.
Un referente en el PSOE vasco y la lucha obrera
Pese a la represión y el momento que estaba viviendo, su compromiso no flaqueó. En los años setenta, participó de forma activa en los históricos congresos del PSOE en el exilio francés, como el de Suresnes en 1974, que redefinieron el rumbo del socialismo español de la mano de una nueva generación de dirigentes como Felipe González y Alfonso Guerra. Lalo actuó como un puente indispensable entre la vieja guardia que había vivido la Guerra Civil y los jóvenes que empujaban desde el interior de España. Con la llegada de la Transición y la restauración de la democracia, Eduardo López Albizu pudo por fin ejercer la política a la luz pública. Se convirtió en el secretario general de la UGT de Vizcaya y, posteriormente, asumió la presidencia del Partido Socialista de Euskadi (PSE) en dicho territorio histórico. Su despacho y su hogar se transformaron en escuelas informales de política y debate, donde se respiraba un profundo respeto por los valores democráticos.
En el plano familiar, su legado fue determinante. Casado con Begoña, transmitió a sus hijos su pasión por la justicia social, siendo el ejemplo más directo el de su hijo Patxi López. El joven Patxi creció escuchando las tertulias políticas que se organizaban en el salón de su casa y viendo la entrega de su padre, una influencia crucial que le llevaría años más tarde a convertirse en Lehendakari del Gobierno Vasco y en una figura de peso a nivel nacional. Lalo murió a principios de los años 90, dejando un gran vacío en su familia. Su figura sigue siendo hoy en día un símbolo de la resistencia antifranquista en el País Vasco y un referente de la dignidad obrera.
