Irene Montero, sobre su pueblo de 35 habitantes en Ávila: «Hace años que no voy, pero la parte más bonita es la del río Tormes»
La eurodiputada acudió, la semana pasada, a 'El sótano club', el programa de Alba Carrillo en TEN

Irene Montero, en una imagen de archivo. | EP
Irene Montero vivió, durante muchos años, la mayoría de sus veranos en Tormellas, una pequeñísima localidad —que en temporada estival crece—, donde, todavía, vive parte de su familia. En este pueblo de Ávila, Irene pasó los mejores momentos de su infancia y fue tejiendo unos recuerdos que todavía viven en su memoria. La semana pasada, la eurodiputada se acercó a El sótano club, el programa de TEN presentado por Alba Carrillo, con quien compartió una anécdota de lo más especial. Y es que fue la modelo quien confesó a su invitada que tienen unas raíces muy parecidas y que se ubican en la provincia de Ávila.
«Sabes que mi pueblo está a solo seis minutos del tuyo», le confesó Carillo a Montero. Una afirmación que sorprendió a la que fundadora de Podemos, que habló a las mil maravillas sobre Tormellas. «Yo antes iba mucho y, ahora, hace años que no voy», contó. Además, la eurodiputada quiso poner en valor varios de los lugares que, sin duda alguna, son muy especiales para ella. «La parte más bonita es la del río Tormes y el Charco de los Mozos», comentó en el formato. «No lo quiero decir porque luego se llena de gente», explicó, ante una presentadora que no paraba de reafirmar que el enclave es espectacular.
El pueblo de Ávila que marcó la vida de Irene Montero
Para entender verdaderamente cómo es Tormellas, hay que alejarse de la idea del pueblo turístico masificado. Tormellas es un reducto de paz, un municipio de montaña que conserva la esencia pura de la comarca del Alto Tormes y de la vertiente occidental de Gredos. Su fisonomía, su orografía y su vida cotidiana están esculpidas por el granito de la sierra y la fuerza del agua. El casco urbano de Tormellas es pequeño, recogido y muy rústico, adaptado perfectamente a los rigores del invierno y al frescor del verano serrano. La piedra de granito es una de las grandes protagonistas. Las casas tradicionales están construidas con gruesos muros de mampostería de granito que sirven de aislamiento térmico.
Además, muchas viviendas conservan los característicos balcones volados de madera (solanas), orientados estratégicamente al sur para aprovechar las horas de sol. Es sumamente habitual ver estas fachadas cubiertas por antiguas parras y enredaderas, que aportan un verdor espectacular en los meses cálidos y dejan pasar la luz en invierno tras perder la hoja. Las calles del pueblo no siguen un plano ordenado; son callejuelas estrechas, algunas empinadas, que serpentean buscando resguardarse de los vientos fríos de la sierra. El suelo combina tramos asfaltados con el empedrado rústico original.
«La parte más bonita es la del río Tormes y el Charco de los Mozos»

El municipio se divide administrativamente en dos núcleos de población que distan muy poco entre sí, pero que comparten el mismo encanto. Tormellas, en su núcleo principal, es donde se concentra la mayor parte de la arquitectura civil y la joya del pueblo, la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción —con su característico campanario y espadaña de piedra—. Aquí se respira una atmósfera de absoluto silencio durante el invierno, que solo se rompe con el sonido de las fuentes y el ganado. Por su parte, Navamures es un núcleo aún más pequeño si cabe, rodeado de prados de siega y huertos familiares. Conserva una arquitectura etnográfica utilitaria muy interesante: viejos pajares, corrales de piedra para las cabras y las vacas, y callejas flanqueadas por zarzamoras y fresnos.
El gran valor de Tormellas radica en su privilegiada situación geográfica, a unos 1.065 metros de altitud, en un valle encajonado de la Sierra de Gredos. La Garganta de los Caballeros es la arteria vital del término municipal. Es un río de montaña con aguas hipertransparentes —y extremadamente frías— que desciende del macizo central de Gredos. El cauce está jalonado de enormes lanchas de piedra pulidas por la erosión milenaria, ideales para tumbarse al sol tras un baño. El paisaje que envuelve al pueblo está dominado por pequeñas parcelas separadas por muretes de piedra —llamadas cortinales o cortines—, donde los vecinos siembran sus huertos o guardan el pasto para el ganado avileño. El entorno está cubierto de robles melojos, castaños, fresnos y piornos en las zonas más altas.
La realidad de Tormellas es la de la España interior; una demografía fuertemente estacional. Durante el año, el censo real es de apenas 35 habitantes —según los datos oficiales del INE—. La mayoría son personas jubiladas o ganaderos locales. No hay comercios masivos; la vida se abastece gracias a los vendedores ambulantes que acuden ciertos días de la semana —el panadero, el frutero, el pescadero— y la cercanía de El Barco de Ávila —a apenas 10 kilómetros—, que funciona como el centro de servicios de la comarca. l llegar los meses de julio y agosto, el pueblo experimenta un cambio radical. Los hijos y nietos de los emigrantes que se marcharon a Madrid o Barcelona —como es el caso de la familia de Irene Montero— regresan a abrir las casas familiares. El pueblo multiplica su población, las calles se llenan de niños en bicicleta, se organizan barbacoas y las pozas de la garganta se convierten en el centro social del día a día.
Tormellas es, en definitiva, un rincón idílico para quien sepa apreciar el sonido de los cencerros a lo lejos, el olor a lumbre de leña de encina en las chimeneas, el murmullo constante del agua y la inmensidad del cielo estrellado de Gredos —que cuenta con certificación Starlight por su nula contaminación lumínica—. La conexión de Irene Montero con esta tierra viene dada por sus abuelos, Ángel y Martina. Ambos eran trabajadores del campo y la ganadería muy conocidos en el municipio. Su padre, Clemente Montero (fallecido en 2018), también nació allí antes de emigrar a la capital. La política pasó todos los veranos de su infancia y juventud en Tormellas, jugando en las aguas de la Garganta de los Caballeros y recorriendo sus calles de piedra.
Sí que es cierto que, en los últimos tiempos, esta localidad se ha convertido en un lugar hostil para la política. Hace unos años, su prima tercera, dio unas declaraciones en las que afirmó que «no estaba preparada» para ser vicepresidenta. «Aquí siempre gana la derecha. Muchos no compartimos la idea política de Podemos, aunque seamos familia de Irene», comentaron varios vecinos después de que triunfara el PP en las urnas.
