Las razones por las que Arguiñano y sus hijos no se marchan de Zarauz: «Me han ofrecido de todo para irme a Madrid, pero allí se vive rápido»
El cocinero sigue residiendo en esta pequeña localidad del País Vasco, donde tiene todos sus negocios

Arguiñano junto a su hermana y su hijo Joseba. | Atresmedia
Arguiñano no tiene pensado marcharse de Zarauz. Y es que esta pequeña localidad costera del País Vasco le ha dado todo lo que necesita, tanto a él como a su mujer, Luisi, y sus hijos, quienes tampoco han abandonado su casa. Para todos ellos, tener vistas al mar y poder disfrutar de un largo paseo marítimo, así como gestionar la fama y, sobre todo, llevar de cerca su negocio. «A mí me han ofrecido de todo para irme a Madrid, a Barcelona, a América… ¡Pero es que yo de Zarauz no me muevo! ¿Dónde voy a estar mejor que aquí? Tengo el restaurante, tengo mi familia, tengo el mar ahí mismo… Yo abro la ventana de mi habitación por la mañana, miro al mar y digo: ‘¡Madre mía, si es que esto no se paga con dinero!’. Yo soy como las lapas, a mí me sacas de la roca de Zarauz y me muero», ha contado.
Es más, debido a esta decisión, Arguiñano ha perdido infinidad de posibilidades de trabajo, algo de lo que él es consciente. «Me dicen: ‘Karlos, podrías ganar el doble en la televisión en Madrid’. Y yo les digo: ‘¿Y para qué quiero el doble de dinero si voy a tener la mitad de vida?’. En Zarauz tengo todo lo que necesito: mis paseos por la playa, mi gente y mi tranquilidad. De aquí me tendrán que sacar con los pies por delante», ha relatado.
Por qué Arguiñano y sus hijos no se van de Zarauz

Sin duda alguna, Zarauz es una de las joyas de la costa de Guipúzcoa, en el País Vasco. Situada a apenas 15 kilómetros de San Sebastián, esta villa costera combina a la perfección el señorío de la aristocracia que la eligió como lugar de veraneo en el siglo XIX, el ambiente juvenil y deportivo del surf, y una gastronomía de primerísimo nivel. Sin duda alguna, el alma de la localidad es su playa con algo más de 2 kilómetros de longitud. Es más, es la más larga de todo el País Vasco y una de las más espectaculares del Cantábrico. Sus olas son famosas en todo el mundo. Es una auténtica cantera de surfistas y cuenta con numerosas escuelas. El paisaje playero siempre está salpicado de neoprenos, tablas y las icónicas casetas de lona de rayas azules y blancas durante el verano.
El paseo marítimo bordea toda la playa y es el centro de la vida social. Está lleno de terrazas, esculturas vanguardistas y cafeterías. Si lo caminas hacia el este, te adentras en el biotopo protegido de Iñurritza, un precioso espacio de dunas, marismas y acantilados que se cruza a través de una pasarela de madera. A espaldas del mar, Zarauz conserva un centro urbano peatonal, vibrante y con mucha historia. El Palacio de Narros está situado justo frente al mar, en un extremo de la playa. Es un palacio renacentista del siglo XVI donde pasaba sus veranos la reina Isabel II, lo que puso a Zarauz en el mapa del turismo de la alta aristocracia.
«¿Dónde voy a estar mejor que aquí? Tengo el restaurante, tengo mi familia, tengo el mar ahí mismo…»
Por su parte, la Iglesia de Santa María la Real y la Torre Luzea son dos edificios góticos de piedra oscura que contrastan con la luminosidad del mar. Sus calles estrechas, como la calle Mayor (Kale Nagusia), están siempre llenas de vida. Las plazas se llenan de gente de todas las edades disfrutando de unos potes (vinos o cervezas) y degustando sus famosos pintxos. Es imposible hablar de Zarauz sin mencionar la gastronomía. El pueblo es la base de operaciones de Karlos Arguiñano. Su hotel-restaurante está situado en pleno paseo marítimo, frente a las olas, y es un lugar de peregrinación para comer cocina tradicional vasca con vistas al Cantábrico.
Pero Zarauz va mucho más allá; el pueblo destaca por sus sociedades gastronómicas, sus asadores de pescado fresco a la parrilla y la producción local de Txakoli —el vino blanco, joven y afrutado de la zona—, ya que los viñedos que bajan por las colinas verdes llegan casi a tocar el mar. Tanto Karlos como sus hijos saben, a la perfección, que su lugar está en el País Vasco. a familia Arguiñano ha construido un auténtico imperio hostelero, gastronómico y empresarial en Zarauz. Lo que comenzó con el sueño de Karlos Arguiñano y su esposa, María Luisa Ameztoy (Luisi), hoy está completamente profesionalizado y gestionado por sus hijos, quienes se han repartido las distintas áreas del negocio familiar.
Cerca del mar y rodeado de su familia

Su buque-insignia es su hotel-restaurante. Situado en primera línea de playa, en un impresionante palacete del siglo XX conocido como el palacio de Aiala, es el origen de todo. Hoy en día, cuatro de sus hijos llevan las riendas del establecimiento. Eneko es el director de sala y jefe de compras. Se encarga de que todo el engranaje del restaurante funcione a la perfección. Por su parte, Zígor hace las veces de jefe de cocina. Siguiendo la estela de su padre, defiende una cocina tradicional vasca, de mercado y con el producto fresco de Zarauz como protagonista. Martín está al frente de la gestión del hotel, que cuenta con 12 habitaciones exclusivas con vistas al mar Cantábrico y María dirige la parte de la repostería y la carta de postres del restaurante.
Por su parte, Joseba, el quinto de los hijos, muy conocido por sus programas en la ETB y en Antena 3, decidió emprender su propio camino dentro del sector dulce. Tiene su propio negocio en el centro de Zarauz: la pastelería JA Arguiñano. Es un local de referencia en el pueblo para comprar pan de masa madre artesanal, repostería de vanguardia y bombones. Otro de sus bienes más preciados es la Escuela de Hostelería Aiala que fue fundada por Karlos en 1996 para formar a las futuras promesas de la cocina, la escuela está ubicada en el propio municipio de Zarauz. Amaia es una de las que se encarga de la gestión y administración de este centro educativo, por el que pasan cada año alumnos de todo el mundo para aprender técnicas de cocina, repostería y gestión de sala.
Aunque los viñedos y la bodega propiamente dicha se encuentran en la vecina localidad de Aia —en un balcón natural espectacular a 300 metros de altitud—, el negocio está íntimamente ligado a la actividad de Zarauz, ya que surte a todos los locales de la zona. Es el proyecto vinícola de Karlos Arguiñano para producir un Txakoli de alta gama con la variedad local Hondarrabi Zuri. Otra de sus hijas, Amaia Arguiñano, se ha encargado activamente de la gestión y promoción de este proyecto. Aunque las oficinas centrales y los platós de televisión han tenido sedes en Bilbao o San Sebastián, la productora de Karlos Arguiñano (Bainet) tiene un impacto directo en Zarauz. No solo produce su mítico programa de televisión, sino que desde allí se gestionan sus famosos libros de recetas, los programas de su hijo Joseba y otros contenidos audiovisuales.
