El desayuno especial que Arguiñano toma en su caserío de Zarauz lleva huevo frito: «En un ratito, paseo corto y a cocinar»
El cocinero lleva una rutina muy marcada en el País Vasco, donde aprovecha para grabar su programa y hacer deporte

Arguiñano, en una imagen de archivo. | EP
Karlos Arguiñano es un hombre sencillo. Algo que se traduce en su rutina y, también, en sus elaboraciones. Es por eso que, para el día a día, el cocinero suele optar por un desayuno sencillo, aunque potente, para empezar la jornada con mucha fuerza. Aunque eso sí, cuando se quiere dar un homenaje, suele optar por cocinarse algo más elaborado como un huevo frito que suele acompañar, en el mejor de los casos, con unos filetes de cinta de lomo, unas patatas fritas o unas tiras de bacon. Una combinación que, sin duda, le aporta las calorías y la fuerza necesaria para seguir adelante con todos sus compromisos.
Ha sido el propio cocinero quien, a través de las redes sociales, nos ha compartido esta elaboración desde su caserío de Zarauz. «En un ratito, paseo corto y a cocinar», ha escrito el cocinero junto a varias fotografías en su perfil de Instagram. Y es que no hay que olvidar que Zarauz se ha convertido en el campo-base del cocinero, donde pasa la mayor parte del tiempo, donde disfruta junto a sus hijos y nietos y, también, tiene la capacidad de llegar rápidamente hasta los estudios de Bainet, donde graba su programa de Cocina abierta, que se emite en Antena 3.
El desayuno especial que Arguiñano toma en su caserío
Si hay alguien en España que defiende que el desayuno es la comida más importante del día —y que hay que tomárselo con calma y alegría—, ese es Karlos Arguiñano. El carismático cocinero vasco ha hablado en numerosas ocasiones, tanto en sus programas de televisión como en sus libros, de su filosofía sobre la primera comida del día. Para Arguiñano, el desayuno no es un café rápido de pie antes de salir corriendo; es un ritual de salud, energía y producto fresco.
Arguiñano ha desvelado en su programa cuál es el menú que él mismo toma cada mañana para mantenerse con energía a sus más de 75 años. Fiel a su estilo, es un desayuno equilibrado pero abundante. Empieza con una pieza de fruta de temporada o un buen zumo natural —le encantan los cítricos o el zumo de granada en otoño—. Suele incluir un yogur natural, a veces acompañado de un puñado de frutos secos —nueces o almendras— para aportar grasas saludables. Por su parte, el toque salado lo ponen la rebanada de pan tostado —de masa madre o integral— con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y, muy a menudo, una loncha de jamón ibérico o queso.
«En un ratito, paseo corto y a cocinar»
Termina con un café con leche o una infusión. Como buen amante de la cocina tradicional, Arguiñano es un firme defensor de introducir el huevo en el desayuno. Rompiendo con el mito de que los huevos por la mañana son solo para los turistas ingleses, él anima a los españoles a sumarlos a su rutina. En sus recetas matutinas suele proponer desde el clásico huevo pasado por agua con soldados de pan, hasta huevos revueltos con un poco de calabacín, champiñones o unas virutas de jamón. Su argumento es puramente nutricional: la proteína del huevo por la mañana aporta una saciedad tremenda y evita que picar antes del almuerzo.
Arguiñano tiene muy clara la importancia de un buen desayuno. Ha criticado muchas veces que los padres despachen a los niños al colegio con un bollo industrial o un vaso de leche con cacao azucarado a toda velocidad. Para él, el desayuno ideal de fin de semana debe hacerse con la mesa puesta, compartiendo en familia, charlando y disfrutando del olor a pan tostado y café recién hecho. En sus libros de cocina, cuando le dedica espacio a los desayunos —especialmente para los días libres—, se desmelena con opciones más elaboradas pero siempre caseras.
Uno de sus puntos fuertes son las tortitas caseras. Pero huyendo de las siropes industriales; él las propone con miel local, mermelada casera o compota de manzana. Arguiñano insiste en que si vas a comer dulce por la mañana, lo hagas tú mismo. Sus recetas de magdalenas de aceite de oliva o bizcocho de yogur son infalibles, fáciles y sin aditivos extraños. Aunque eso sí, siempre que puede nota por tostadas de pan de hogaza con tomate rallado, un diente de ajo restregado, aceite de oliva y un buen queso de oveja de su tierra (Idiazabal). Como él mismo diría entre risas, un buen desayuno te pone la sonrisa en la cara desde las ocho de la mañana y te da el impulso necesario para afrontar el día «con fundamento, limpio y sano».
A sus más de 75 años, Karlos Arguiñano mantiene una rutina diaria que es el secreto de su eterna juventud, su energía desbordante y su buen humor. Es una rutina que combina la disciplina, el contacto con la naturaleza, el trabajo en televisión y, por supuesto, el buen comer. Se levanta habitualmente sobre las 6:30 o las 7:00 de la mañana. Antes de que el pueblo de Zarauz (Guipúzcoa) se despierte del todo, Karlos sale a caminar. Su rutina infalible consiste en andar entre una hora y hora y media a paso ligero, bordeando la espectacular playa de Zarautz o subiendo hacia las colinas cercanas. Para él, este paseo no es negociable: es su gimnasio, su forma de activar el corazón y el momento en el que aclara las ideas.

Al volver de su caminata, llega el momento de su famoso desayuno. Sobre las 9:30 o 10:00 de la mañana, Arguiñano se desplaza a las instalaciones de su productora (Bainet), ubicadas en un entorno rural precioso muy cerca de su casa. A diferencia de lo que muchos piensan, Arguiñano no graba un solo programa al día. Su equipo está tan compenetrado que son capaces de grabar entre 3 y 4 programas en una sola mañana. Alrededor de las 14:00 horas, Karlos come. Muchas veces lo hace en su propio restaurante de Zarauz, gestionado por sus hijos, o en su casa junto a su mujer, Luisi.
Arguiñano es un firme defensor de la siesta española. Después de comer, se tumba exactamente 15 o 20 minutos. Asegura que ese breve descanso le resetea el cuerpo y le permite afrontar la tarde como si volviera a empezar el día. Las tardes de Arguiñano están completamente alejadas de las cámaras de televisión y las dedica a supervisar sus otros negocios y disfrutar de sus aficiones. Le encanta escaparse a sus viñedos de K5, una bodega de vino txakoli de alta calidad que tiene en una colina con vistas al Cantábrico. Allí pasea entre las parras y vigila la producción.
