Karlos Arguiñano: «Todos mis hijos y nietos viven en Zarauz; cualquier domingo nos juntamos 20 personas en el caserío»
El cocinero no se ha marchado nunca del País Vasco, la tierra que ha visto crecer personal y profesionalmente

Arguiñano, en una imagen de archivo. | Gtres
Karlos Arguiñano es uno de los rostros más conocidos de nuestra televisión. El cocinero se ha mantenido siempre muy fiel a su tierra, Zarauz, aquella que le ha visto crecer de forma profesional y personal. Y es que allí ha desarrollado su carrera dentro del mundo de la televisión y, también, en la cocina, sin perder de vista su pueblo, del que no se ha marchado nunca. Una sensación y orgullo de pertenencia que ha contagiado también a sus seis hijos y a sus nietos, quienes siguen residiendo en esta pequeña ciudad costera del País Vasco.
«Por suerte, todos mis hijos y nietos viven en Zarauz, ¡tengo mucha suerte! Y cuando hay comida rica, no es difícil juntarnos [risas]. Cualquier domingo nos solemos juntar unos veinte», ha contado. Es más, su unidad es tanta que, cada domingo, suelen reunirse en el caserío donde han encornado su punto en común. «No somos de discutir, nos llevamos muy bien», apostilló. Para Karlos y su mujer, Luisi, el hecho de que sus hijos decidieran invertir y quedarse a vivir en el mismo trozo de calle donde pasaron su infancia es su mayor éxito en la vida, ya que les permite mantener costumbres muy suyas, como que las hijas y los nietos suban a comer a diario a su casa, y que los hijos se vayan sumando por la tarde a la hora del café o del postre según terminan de trabajar en el restaurante, el hotel o el obrador de la familia.
Arguiñano no se ha marchado nunca de Zarauz

La vivienda del cocinero no es un chalé aislado en la montaña; es un piso integrado en el propio pueblo, lo que le permite hacer esa vida de barrio que tanto le gusta. Sin embargo, lo que hace verdaderamente especial a esta ubicación es que se encuentra a apenas unos pasos de su gran imperio familiar: el Hotel-Restaurante Karlos Arguiñano. Este edificio, que es un majestuoso palacete de principios del siglo XX conocido como el Castillo de Pilatos, funciona como el centro de gravedad de la familia. Está situado literalmente sobre la arena de la playa, y es allí donde Karlos tiene su día a día, su bodega y donde se reúne con los suyos.
Vivir en ese punto exacto de Zarautz le permite a Karlos disfrutar de un estilo de vida que combina el mar, la gastronomía y la familia. Su casa tiene una panorámica envidiable de la playa, los surfistas —Zarauz es la meca del surf en España— y el famoso «Ratón de Getaria» —el monte con forma de ratón que se ve al fondo del horizonte—. Es muy habitual ver a Arguiñano caminando a primera hora de la mañana por el paseo marítimo, charlando con los pescadores o comprando en el mercado de abastos local, donde adquiere los productos frescos que luego inspiran sus recetas de televisión.
«Aquí soy Karlos, el vecino de toda la vida»
El gran orgullo de Karlos es que en ese mismo eje de calles viven casi todos sus 7 hijos y sus 14 nietos. Es un «micromundo» familiar donde las puertas prácticamente no se cierran; los nietos entran y salen de la casa de los abuelos, y el propio Karlos vigila sus negocios familiares —con el restaurante, el hotel y la escuela de cocina Aiala— con solo asomarse a la ventana. Uno de sus lugares favoritos es su caserío, donde tiene una gran explanada de césped, y cuida a sus gallinas y tiene su propio huerto. Allí es donde aprovechan para reunirse, sobre todo los fines de semana. El caserío está rodeado por un manto verde de 30 hectáreas de terreno, de las cuales 15 están dedicadas exclusivamente al cultivo de la uva autóctona Hondarrabi Zuri. Es aquí donde Karlos cumplió uno de los grandes sueños de su vida: producir su propio Txakoli de alta gama —el vino blanco tradicional vasco—, bajo las marcas K5 y K Pilota.
El proyecto lo comparte con un grupo de buenos amigos de toda la vida y está gestionado con un respeto absoluto al medio ambiente, apostando por la viticultura razonada y sostenible. Aunque Arguiñano guarda con mucho celo la privacidad del interior de la vivienda, en algunas ocasiones y programas especiales ha abierto las puertas de este rincón tan especial. El edificio mantiene la estructura clásica de los caseríos de la zona, con imponentes vigas de madera noble, piedra vista en las paredes y una fachada blanca impecable. Como no podía ser de otra manera, el corazón del caserío es una cocina gigantesca, rústica y perfectamente equipada. Cuenta con una gran parrilla de carbón y una mesa enorme de madera donde se celebran las comidas más importantes del año.

Para Arguiñano, el caserío de Aia es el lugar donde desaparece cuando la presión de la televisión o del restaurante de Zarautz es muy alta. En una entrevista concedida a la televisión autonómica vasca (ETB) al reflexionar sobre su trayectoria y el lugar que eligió para vivir, Arguiñano afirmo que Zarauz es «el paraíso». «Yo he viajado por todo el mundo, he estado en sitios espectaculares, pero como este rincón, con esta playa y esta luz, no hay ninguno. Vivir aquí es un auténtico regalo», contó. Karlos siempre ha insistido en que el mar Cantábrico es su motor y lo que le da la vida. En una entrevista para el diario El País, al explicar por qué nunca quiso mudarse a Madrid o Barcelona a pesar de las ofertas televisivas, afirmó que salir a caminar por el paseo es «respirar el salitre y ver cómo rompen las olas me limpia la cabeza. Yo aquí soy feliz con muy poco».
En su propio programa de televisión, entre receta y receta, es muy común que lance mensajes improvisados sobre las costumbres del pueblo. En una ocasión, hablando de la cercanía con sus paisanos, comentó que lo bonito de Zarauz «es que aquí soy Karlos, el vecino de toda la vida. Voy al mercado, charlo con las pesoneras, me tomo un chiquito con los amigos de siempre y nadie me agobia. La gente de aquí es maravillosa, te respeta y te cuida».
