El barrio de Zarauz donde viven Arguiñano y sus siete hijos: «Es el lugar con más bicicletas por habitante; hay mucha calidad de vida»
El cocinero reside en la misma calle que sus hijos y su familia, haciendo una vida vasca frente al mar y con naturaleza

Arguiñano, junto a su mujer y sus hijos.
Arguiñano podría vivir sin Zarauz y Zarauz tampoco se entendería sin Karlos Arguiñano y su familia. Y es que tanto el cocinero, como su mujer y sus siete hijos se han convertido en los mejores embajadores de esta localidad vasca que cuenta con un encanto especial. Allí viven todos ellos y no se han movido en todos estos años, porque han entendido a la perfección, que su lugar en esta pequeña ciudad frente al mar. Y es que todos ellos disfrutan de las bondades que les proporciona el agua salada, al igual que de largos paseos por la playa y de la gastronomía, en la que ellos han puesto, también, su granito de arena. Probablemente, lo más curioso es que tanto Arguiñano como sus hijos residen en la misma calle, lo que hace que estén siempre conectados.
La vida de Karlos Arguiñano y su numerosa familia está indisolublemente ligada a Zarauz (Gipúzcoa), el precioso pueblo costero vasco donde el chef echó raíces hace décadas. En lugar de dispersarse, la familia Arguiñano ha hecho algo muy curioso y entrañable: gran parte de sus siete hijos e hijas han establecido sus residencias, negocios y día a día prácticamente en la misma zona. La joya de la corona, sin lugar a dudas, es la zona donde residen, es decir, en la calle Mendilauta.
El barrio donde viven Arguiñano y sus siete hijos

Esta es la calle más importante de la biografía familiar. Se sitúa en primera línea de la playa de Zarauz —conocida como «la reina de las playas» por sus 2,5 kilómetros de extensión, la más larga del País Vasco—. En el número 13 de esta calle se encuentra el emblemático Palacio de Aiala, un palacete de piedra de principios del siglo XX donde Karlos y su esposa, Luisi Ameztoy, fundaron su famoso hotel-restaurante. El valor de esta calle es incalculable; tiene acceso directo a la arena y al paseo marítimo. Varios de los hijos de la pareja —como Zigor, Martín o Joseba, que gestionan diferentes áreas del restaurante, la cocina y la bodega— viven o han establecido sus hogares en las inmediaciones de esta cotizada primera línea para estar a un paso del negocio familiar.
El otro punto neurálgico de la familia está en pleno corazón histórico y peatonal de Zarautz. En la Calle Mayor es donde Joseba Arguiñano —uno de los hijos más mediáticos del chef— tiene su célebre pastelería y obrador, JA Pastelería. Al ser una zona completamente peatonal y comercial, es el lugar idóneo para ver a los miembros de la familia haciendo su vida cotidiana; comprando el pan, saludando a los vecinos y moviéndose con absoluta normalidad.
A pesar de que Zarautz es un destino turístico de primer nivel y muy cotizado, las calles donde se mueve la familia mantienen un espíritu muy noble, humilde y puramente vasco. Allí viven bajo un halo de discreción y mucho respeto; los vecinos de Zarauz están más que acostumbrados a ver a Karlos paseando, y protegen mucho su privacidad. Nadie los atosiga. Además, calle Mendilauta se llena de vida por las mañanas con surfistas que acuden a disfrutar de las famosas olas del pueblo y con cuadrillas de amigos que recorren el paseo. Aunque la vida social y los pisos de los hijos se concentran junto a la playa y el Casco Viejo, el propio Karlos Arguiñano busca la paz absoluta retirándose a descansar a su caserío, situado en una zona de montaña a las afueras del pueblo, donde cultiva su propio huerto y tiene su bodega de Txakoli (K5).
Zarauz, su lugar en el mundo
Zarauz es una de las grandes joyas de la costa y un referente en todo el País Vasco. Situada a apenas 20 kilómetros de San Sebastián, es una ciudad que combina a la perfección el señorío de una antigua villa de veraneo de la aristocracia con el espíritu joven, deportivo y desenfadado de la cultura del surf. El corazón y el pulmón de la ciudad es su espectacular playa. Con 2,5 kilómetros de longitud, es la más larga de todo el País Vasco. Es un arenal inmenso, de arena fina y dorada, que destaca por su dinamismo. El paseo marítimo que la bordea está lleno de terrazas, esculturas al aire libre y cafeterías. Además, está conectada mediante un precioso paseo peatonal sobre el acantilado con el vecino pueblo de Getaria, una ruta costera muy frecuentada por los locales para caminar los fines de semana.

Zarauz no se entiende sin el surf; es su auténtica religión. Gracias a la calidad constante de sus olas y a sus vientos, es considerada una de las mejores canteras de surfistas de Europa —de aquí han salido campeones mundiales como Aritz Aranburu—. La playa está permanentemente salpicada de neoprenos, escuelas de surf y un ambiente internacional, juvenil y muy relajado que se contagia a los bares y tiendas de la ciudad. Detrás del paseo marítimo se esconde el centro histórico, un entramado de calles peatonales y plazas —como la Plaza de la Música o la Plaza del Ayuntamiento— con un encanto medieval sutil. Aquí se encuentran joyas arquitectónicas como la Torre Luzea (siglo XV) o la Iglesia de Santa María la Real.
Este casco urbano es el centro de la vida social: el lugar donde los locales se reúnen en cuadrillas para el tradicional chiquiteo —tomar vinos o txakoli— y disfrutar de una cultura gastronómica de barra espectacular a base de pintxos. En el extremo oriental de la playa, donde desemboca el canal de Iñurritza, la ciudad esconde un tesoro natural: un área protegida de dunas, marismas y acantilados. Cuenta con una pasarela de madera que permite pasear entre la vegetación y observar la fauna local, ofreciendo un remanso de paz absoluto que contrasta con el bullicio de la zona de surfistas.
«Es uno de los pueblos de España con más bicicletas por habitante»

Como buen municipio vasco, la comida es un pilar fundamental. Zarauz cuenta con una oferta que va desde los asadores tradicionales de pescado y marisco fresco hasta la alta cocina —con el sello de la familia Arguiñano a la cabeza—. Además, las laderas que rodean la ciudad están repletas de viñedos donde se cultiva la uva para producir el Getariako Txakolina, el vino blanco local, afrutado y con un punto de aguja, que es el acompañamiento obligatorio de cualquier comida en la zona. «Vivo en Zarauz, uno de los pueblos de España con más bicicletas por habitante. No hay más que ver, cada mañana, a un montón de niños yendo a la escuela en bici. Es algo impresionante y que me emociona […] Hay que buscar la calidad de vida, y la bici nos da una extraordinaria calidad de vida», ha contado el propio Arguiñano.
Y es que la localidad vasca es «mucho más que playa»; es «naturaleza, historia, tradición, cultura, gastronomía… Os esperamos con los brazos abiertos». Un ambiente que fue clave para su fama. «Si hubiese sido tan famoso en una ciudad grande… Me habrían mareado. Tanta fiesta, tanta inauguración», ha relatado el cocinero.
