Arguiñano, 77 años: «Me levanto a las seis y media de la mañana; desayuno un buen café y un trozo de pan con un chorrito de aceite»
El cocinero vasco lleva toda la vida viviendo en la localidad vasca de Zarauz, donde hace 10 kilómetros todos los días

Arguiñano, en una imagen de archivo. | EP
Karlos Arguiñano no piensa en jubilarse. El icónico cocinero se ha labrado una gran carrera que culmina, cada día, con sus grabaciones para Antena 3. Y es que, desde hace años, lleva las riendas de Cocina abierta, donde no solamente da unas buenísimas lecciones de gastronomía sino que, también, se atreve con los chistes, que se han vuelto su seña de identidad. Más allá de su trabajo, Arguiñano pasa mucho tiempo con su familia, con quienes comparte experiencias en Zarauz, la tierra que le ha visto crecer. Y es que el cocinero está convencido que levantarse, cada mañana, y mirar el mar, le proporciona infinidad de beneficios en su marcada rutina.
Arguiñano se despierta muy pronto por la mañana, entre las seis y media y las siete. Momento en el que aprovecha para tomarse un café. «El desayuno tiene que ser una comida importante. Un buen café, un trozo de pan con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y una fruta. Con eso ya tienes gasolina para arrancar el día con fuerza», ha contado. El cocinero es un hombre muy madrugador. Se levanta temprano por la mañana porque, antes de meterse en los platós de televisión, dedica sus primeros 45 minutos del día a hacer su tabla de gimnasia y estiramientos en casa para activar el cuerpo.
La rutina de Arguiñano en Zarauz

Tratándose de Arguiñano, su desayuno huye por completo de las modas de los batidos verdes o los superalimentos extraños. Él defiende el desayuno mediterráneo y tradicional, pero con un control absoluto de las porciones —su famoso control de la báscula—. Su desayuno habitual incluye café con leche, un buen pan con aceite de máxima calidad, fruta de temporada y algo de proteína ligera. A pesar de su energía desbordante, Karlos es un gran madrugador. Se levanta antes de las 7:00 de la mañana, aunque él mismo ha confesado textualmente que hasta las 10:00 es «un zombi» por la casa hasta que le hace efecto el desayuno. Nada más levantarse, le dedica 45 minutos a una tabla de gimnasia y estiramientos en su casa para despertar los músculos y las articulaciones. Es su peaje obligatorio antes de empezar el día.
Su primera comida del día es puramente mediterránea: un buen café para espabilar, fruta de temporada y su indispensable tostada de pan con un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Gasolina limpia para arrancar. El universo Arguiñano no para. Se traslada a su plató en Zarautz (Guipúzcoa) para grabar sus programas de televisión. Ahí es donde cocina, despliega su carisma, canta y graba sus míticos chistes. Un trabajo que exige estar muchas horas de pie, lo que ya de por sí es un gran ejercicio físico. Es más, suele grabar todos los días. Arguiñano no pisa un gimnasio, pero cumple a rajatabla una caminata diaria de 10 kilómetros —una hora y media a buen ritmo— por la playa o los montes de Zarautz. Su norma es hacerlo completamente solo y en silencio, sin música ni auriculares, para resetear la mente.
«Me despierto a las seis y media de la mañana y desayuno un café»

Para cerrar el círculo de su bienestar, es un gran aficionado al Watsu, una técnica de hidromasaje y relajación guiada en el agua de origen oriental que le ayuda a descontracturar la espalda y liberar las tensiones acumuladas de todo el día. La calidad de vida que tiene se ve influida por su residencia en Zarauz, de donde no se ha movido nunca y que tampoco cambiaría. Frente a la espectacular playa de Zarauz se levanta un imponente palacete de principios del siglo XX conocido como el Palacio de Narros (o Villa de la Fundación). Allí es donde Karlos y su esposa, Luisi Ameztoy, fundaron su restaurante en 1978.
Hoy en día, este lugar es el motor de la vida familiar: sus hijos se encargan de la gestión —unos en la cocina, otros en la sala y otra en la repostería—. A Karlos es muy habitual verle por allí saludando a los comensales, charlando con los clientes de toda la vida o disfrutando de la terraza. Si algo define la vida de Arguiñano en Zarauz son sus caminatas. La playa de Zarauz es la más larga del País Vasco y cuenta con un paseo marítimo espectacular que conecta con el vecino pueblo de Getaria.

A Karlos se le puede cruzar cualquier vecino o turista haciendo sus innegociables 10 kilómetros diarios. Camina a paso ligero, con ropa deportiva cómoda y, como él mismo dice, disfrutando del sonido del mar y del viento, saludando con la mano a quien le reconoce pero sin detener su marcha. Zarautz es una de las capitales mundiales del surf, y Arguiñano siempre ha apoyado este deporte, impulsando escuelas y campeonatos locales. Le encanta el ambiente joven, deportivo y desenfadado que tiene el pueblo durante todo el año. Es habitual verle comprando en el mercado de abastos local, donde adquiere el producto fresco —pescado del Cantábrico y verduras de las huertas de la zona— que luego defiende en la televisión.
Su vida en el pueblo también está muy ligada al deporte rural y a la tierra. Durante años ha sido uno de los grandes impulsores de la empresa de pelota Baiko Pilota, apoyando este deporte tradicional tan arraigado en Zarautz. En los terrenos que rodean la zona, cuenta con su propia bodega de K5, un txakoli —el vino blanco típico de la región— de alta calidad elaborado con variedades locales, un proyecto que vigila muy de cerca.
