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Crisis de legitimidad en la Casa Borbón-Dos Sicilias: el romance que ha abierto viejas heridas

Pedro de Borbón-Dos Sicilias pone de manifiesto un conflicto que enfrenta a dos ramas de la misma familia

Crisis de legitimidad en la Casa Borbón-Dos Sicilias: el romance que ha abierto viejas heridas

Joan Bardella y María Carolina de Borbón-Dos Sicilias. | EP/GTres

Cuando María Carolina de Borbón-Dos Sicilias apareció en los medios internacionales por su supuesta —ahora confirmada— relación con Jordan Bardella, muchos presentaron a la princesa como la heredera de la antigua dinastía. Sin embargo, su tío, Pedro de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria, ha querido aclarar la situación dinástica en cuanto a la legitimidad de los honores con los que se presenta a su sobrina y al resto de su rama familiar.

¿Una confusión premeditada?

En un comunicado de 31 páginas, el duque de Calabria se ha explayado explicando diversas cuestiones relacionadas con su familia, una serie de viejas heridas que se creían zanjadas por varios acuerdos y que habían dejado claro cuál era la posición de cada uno de sus miembros, distinguidos entre ramas «mayores» y «menores»: «Mi primo, el príncipe Carlos de Borbón-Dos Sicilias, duque de Castro, y su esposa Camila, al igual que su hija María Carolina, han venido creando confusión entre los medios de comunicación».

La confusión en cuestión se habría producido al nombrar a María Carolina como duquesa de Calabria o heredera de la dinastía a través de la prensa y los medios de comunicación, una posición que don Pedro ha querido matizar y aclarar: «Lo primero que hay que subrayar es que las dos ramas pertenecen genealógicamente al mismo tronco, el de la Casa Real del Antiguo Reino de las Dos Sicilias. La rama genealógica menor está hoy representada por los duques de Castro, Carlos y Camila, y la rama genealógica mayor por los duques de Calabria, Pedro y Sofía». 

Hasta 2014, hubo una serie de guerras internas en la casa de los Borbón-Dos Sicilias sobre la legitimidad dinástica y el uso de los títulos oficiales vinculados a la Familia Real. En este sentido, un acuerdo firmado ese año estableció que el ducado de Calabria, reservado al jefe de la casa y titular de los derechos sucesorios, sería para la familia de don Pedro, siendo su línea la principal. «La rama menor de la familia Borbón-Dos Sicilias aceptaba para sí los títulos de duques de Castro (que se reservaron para Carlos y Camila), duquesa de Palermo (otorgado a la princesa María Carolina) y duquesa de Capri (otorgado a la princesa María Chiara)».

A través del comunicado, el duque de Calabria destaca que la concesión de los títulos de las princesas María Carolina o María Chiara no vino de su padre, sino del propio duque de Calabria, entonces el infante don Carlos, remarcando que la potestad de otorgar o no dignidades corría por parte de su rama familiar: «Puntualizo que no fue el duque de Castro quien concedió a sus hijas los ducados de Palermo y Capri, sino que fue el duque de Calabria, el infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma, que, a propuesta del duque de Castro, aceptó como jefe de la Casa el uso de esos dos ducados por parte de las hijas del duque de Castro. Por parte de la rama mayor, nos reservamos los títulos que siempre habíamos ostentado de duque de Calabria, duque de Noto y duque de Capua».

Un poco de contexto

La situación actual de la familia Borbón-Dos Sicilias se remonta a 1960. Ese año, el príncipe Fernando de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria y heredero al trono, murió sin hijos varones. Por tanto, comenzó una disputa sucesoria por la jefatura de la casa, al presentarse como pretendientes Raniero de Borbón-Dos Sicilias, abuelo del actual duque de Castro, don Carlos, y Alfonso de Borbón-Dos Sicilias, abuelo del actual duque de Calabria, don Pedro. Don Alfonso reclamó sus derechos por ser el primogénito más próximo al trono, pese a que su padre había renunciado a ellos al casarse con María de las Mercedes de Borbón, entonces princesa de Asturias e hija del rey Alfonso XII de España. Por otro lado, Raniero también habría sido excluido de la sucesión tras su matrimonio morganático, según la norma de sucesión del Reino. Esto generó divisiones en la realeza europea, donde unos tomaron parte de los ranieristas y otros de los alfonsinos.

A lo largo del comunicado, el duque de Calabria especifica las razones por las que su abuelo, Alfonso, sí era heredero legítimo de la sucesión a la corona de las Dos Sicilias. Don Pedro argumenta que la renuncia a los derechos sucesorios por parte de don Alfonso estaba supeditada a que su esposa, María de las Mercedes, por aquel entonces princesa de Asturias, terminase siendo reina de España si su hermano, el niño Alfonso XIII, fallecía antes de tener descendencia. Al fallecer María de las Mercedes en 1907, el acuerdo quedaba anulado. Este acuerdo, conocido como Acta de Cannes, fue firmado en el año 1900.

En el texto también aclara que el rey Juan Carlos de España medió en la situación como familiar directo de la casa, ya que la rama de los Borbón-Dos Sicilias es una rama menor de los Borbones españoles. El 8 de marzo de 1984, Juan Carlos I habría reconocido al padre de don Pedro como jefe de la Casa de Borbón-Dos Sicilias, así como del Gran Maestrazgo de la Orden Constantiniana de San Jorge.

En 2014 se firmó el acuerdo conocido como «Reconciliación» entre el duque de Castro y el actual duque de Calabria. Un acuerdo que, según don Pedro, en ningún momento fue respetado por parte del duque de Castro y su familia. El conflicto adquirió una nueva dimensión en 2016. Ese año, el duque de Castro anunció la abolición de la ley sálica dentro de su rama familiar, permitiendo que su hija mayor, María Carolina, se convirtiera en heredera. Aunque diversos sectores celebraron la decisión, el duque de Calabria negó la mayor por dos razones: la primera, porque el duque de Castro no tenía la potestad de hacer cambios en la sucesión dinástica. Y la segunda: porque un cambio en la ley de sucesión implicaría la implicación de un Parlamento o de un acuerdo integral en todas las cuestiones sucesorias de la familia Borbón-Dos Sicilias. Ambos escenarios imposibles.

Una legitimidad muy republicana

En los últimos años, es cierto que la familia del duque de Castro se ha encontrado en el foco mediático por diversas razones. En 2024 se relacionó a María Chiara con el príncipe heredero de Dinamarca, Christian. Esto llevó a que la familia apareciera en titulares y tertulias del corazón y coronasen a la princesa como futura reina del país danés. A su vez, ambas hermanas han mantenido una relación muy cercana con las altas esferas europeas. Las ahora consideradas influencers de moda y estilo se han labrado un hueco en la élite social. Esta situación, unida al reciente romance de María Carolina con Bardella, ha sido interpretada por algunos sectores como buscada. Como si no buscaran la legitimidad a través de la herencia, sino a través de la popularidad. 

Entrevistas, reportajes, declaraciones, todo tipo de intervenciones ante la prensa por parte de la familia del duque de Castro les presenta como los herederos legítimos de la dinastía, incluso a través de su página web. Un hecho premeditado que hace pensar que este tipo de circunstancias, si bien no se pueden considerar ni afirmar como organizadas, sí que se podrían denominar como fomentadas. Hasta tal punto es así que los acuerdos del duque de Calabria parecen papel mojado o no representan una amenaza ante el golpe de legitimidad que otorga el prestigio social y, a mayores, la posible presidencia de la República Francesa de Bardella. 

La paradoja resulta evidente. Mientras Europa observa a María Carolina por su creciente proyección internacional y por su relación con una de las figuras políticas más relevantes del momento, la propia princesa se encuentra en el centro de una disputa sobre la herencia de una corona desaparecida hace más de 160 años. Irónicamente, en un tiempo donde las sucesiones han sido sustituidas por las elecciones, las crisis dinásticas parecen estar más vivas que nunca.

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