La princesa que pudo reinar: muere Bajrakitiyabha de Tailandia, hija de Rama X
El pasado jueves la casa real tailandesa anunció su muerte a los 47 años tras sufrir un colapso cardíaco en 2022

Un altar en memoria de la princesa Bajrakitiyabha de Tailandia, fallecida este jueves tras una larga convalecencia hospitalaria. | Matt Hunt (Zuma Press)
La muerte de la princesa Bajrakitiyabha Narendiradebyavati, hija mayor del rey Maha Vajiralongkorn, conocido como Rama X, pone fin a uno de los episodios más delicados que ha vivido la monarquía tailandesa en las últimas décadas. Tras casi cuatro años en coma y conectada a diversos sistemas de soporte vital, la princesa falleció el pasado 11 de junio en el Hospital Chulalongkorn de Bangkok, el mismo centro donde había permanecido ingresada desde diciembre de 2022.
La noticia era, en cierto modo, esperada, ya que desde finales de mayo los partes médicos habían comenzado a reflejar un deterioro progresivo. Sin embargo, el anuncio oficial ha provocado una profunda conmoción en Tailandia. No solo desaparece una de las figuras más populares y respetadas de la familia real, sino también la mujer que durante años fue considerada por amplios sectores de la sociedad como la candidata ideal para suceder algún día a su padre.
La heredera que nunca fue nombrada
Nacida el 7 de diciembre de 1978, Bajrakitiyabha era la primera hija del entonces príncipe heredero Vajiralongkorn y de la princesa Soamsawali Kitiyakara. Desde joven destacó por un perfil que, lejos de limitarse a una función protocolaria, desarrolló una sólida formación académica que culminó con un doctorado en Derecho por la Universidad de Chicago. Posteriormente, ejerció funciones diplomáticas como embajadora de Tailandia en Austria, representó al país ante organismos internacionales y colaboró estrechamente con Naciones Unidas en diversos programas vinculados a la justicia y a la protección de mujeres y menores.
A diferencia de otros miembros de la familia real, cuya imagen pública ha estado frecuentemente asociada a polémicas o controversias, Bajrakitiyabha consiguió construir una reputación basada en la preparación, el trabajo institucional y el servicio público. Su popularidad creció especialmente durante la última década. En una monarquía donde el respeto a la Corona continúa siendo uno de los pilares fundamentales del sistema político, la princesa proyectaba una imagen de estabilidad y profesionalidad que muchos consideraban necesaria para el futuro de la institución. Oficialmente, nunca fue designada heredera. Sin embargo, para numerosos observadores nacionales e internacionales, se había convertido en una especie de heredera de facto.
El accidente que lo cambió todo
Todo cambió el 15 de diciembre de 2022. Mientras entrenaba a sus perros para una competición canina, sufrió un colapso repentino provocado por una grave afección cardíaca. Fue trasladada de urgencia a Bangkok y desde entonces jamás recuperó la conciencia. Durante los primeros meses, la Casa Real emitió algunos comunicados médicos. Con el paso del tiempo, las actualizaciones fueron reduciéndose hasta prácticamente desaparecer. El hermetismo alimentó todo tipo de rumores sobre su verdadero estado de salud. En ocasiones se habló de mejorías milagrosas; en otras, algunos medios llegaron incluso a especular con su fallecimiento.
La realidad resultó mucho más dura. Durante tres años y medio, la princesa permaneció ingresada bajo cuidados médicos permanentes y dependiendo de complejos sistemas de soporte vital. Pese a ello, la Casa Real intentó preservar su presencia simbólica dentro de la institución.
Luto por partida doble
La muerte de Bajrakitiyabha llega en un momento especialmente complejo para la familia real. La Casa Real todavía se encuentra inmersa en el luto por el fallecimiento de la reina madre Sirikit, ocurrido el pasado otoño. De hecho, las exequias de la princesa deberán adaptarse a una situación extraordinaria, ya que los espacios habitualmente destinados a los funerales reales continúan ocupados por los preparativos vinculados a la antigua soberana.
Por orden expresa de Rama X, el féretro será instalado en el Salón del Trono Pimarn Rattaya, dentro del Gran Palacio de Bangkok. Los rituales funerarios seguirán la tradición budista real y se prolongarán durante más de 100 días. El Gobierno ha decretado 15 días de luto oficial. Las banderas ondearán a media asta en todo el país y los funcionarios vestirán de luto durante las próximas semanas. Las muestras de condolencia no han tardado en llegar desde distintos puntos del mundo. Entre las más significativas se encuentra la enviada por los reyes de Bután, que destacaron el compromiso de la princesa con la justicia social y el servicio público.
Una sucesión cada vez más incierta
Sin embargo, más allá del duelo, la muerte de Bajrakitiyabha vuelve a situar sobre la mesa una cuestión que la monarquía tailandesa lleva años evitando: la sucesión. A diferencia de otras casas reales, donde la línea sucesoria está claramente definida, en Tailandia la decisión final corresponde al monarca. Rama X nunca ha designado oficialmente a un heredero.
Durante años, muchos observadores consideraron que Bajrakitiyabha era la mejor posicionada para asumir algún día esa responsabilidad. No necesariamente porque existiera un plan formal para convertirla en reina, sino porque reunía cualidades difíciles de encontrar entre los demás miembros de la familia real: formación, experiencia institucional, prestigio internacional y aceptación social. Su desaparición deja a la Corona sin esa figura de consenso.
Los posibles sucesores generan más interrogantes que certezas. Algunos hijos del rey fueron apartados de la familia real hace años tras los conflictos matrimoniales del monarca. Otros permanecen alejados de la primera línea institucional. El nombre que aparece con más frecuencia es el del príncipe Dipangkorn Rasmijoti, hijo menor del rey, aunque el Palacio nunca ha realizado ningún movimiento que permita anticipar una decisión definitiva. Mientras tanto, el silencio continúa siendo la estrategia elegida por la institución.
El peso de las especulaciones
La prolongada hospitalización de la princesa también alimentó numerosas teorías y especulaciones. El hermetismo que tradicionalmente rodea a la monarquía tailandesa, unido a la escasez de información médica detallada durante los más de tres años que permaneció ingresada, favoreció la aparición de rumores sobre las verdaderas circunstancias de su estado de salud.
Algunos observadores llegaron incluso a plantear la hipótesis de que la desaparición política de Bajrakitiyabha beneficiaba determinados equilibrios internos dentro de la Casa Real, ya que su posible sucesión habría implicado eliminar la ley sálica. La princesa era considerada por amplios sectores de la sociedad como la figura mejor preparada para asumir algún día las más altas responsabilidades institucionales y, para muchos, representaba una alternativa sólida en un contexto sucesorio especialmente complejo.
Sin embargo, más allá de estas teorías, nunca ha aparecido ninguna evidencia que respalde tales afirmaciones. Los informes oficiales han mantenido desde el primer momento que la princesa sufrió un grave colapso cardiovascular en diciembre de 2022 y que, desde entonces, su estado fue irreversible. Aun así, las especulaciones reflejan hasta qué punto la figura de Bajrakitiyabha había adquirido una dimensión política que iba mucho más allá de la de una simple princesa.
El final de una generación
La muerte de Bajrakitiyabha supone algo más que la desaparición de una princesa. Representa el final de una figura que encarnaba una determinada visión de la monarquía: más profesional, más internacional y más conectada con las nuevas generaciones y con el mundo occidental. Durante años fue vista como el rostro más prometedor de una institución que busca adaptarse a un mundo cambiante sin renunciar a sus profundas raíces históricas y culturales.
Su fallecimiento deja un vacío emocional dentro de la familia real, pero también un vacío político e institucional que tarde o temprano deberá ser afrontado. Porque, aunque hoy Tailandia llora a una princesa, la pregunta que muchos se hacen en Bangkok tiene que ver con el futuro. Y esa pregunta sigue sin respuesta. ¿Quién heredará el trono?
