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Los propietarios de un Tesla están contentos con sus coches, pero no soportan a Elon Musk

«Es valiente, y atrevido, pero muchos piensan que debería hacer un curso para aprender a concentrarse»

Los propietarios de un Tesla están contentos con sus coches, pero no soportan a Elon Musk

Elon Musk, propietario de Tesla, Space X y Twitter. | Reuters

Desata pasiones, tanto para bien como para mal. El peso mediático de Elon Musk es de tal magnitud que con frecuencia está por encima del generado por sus propios productos. En una encuesta reciente de Bloomberg realizada entre 5.000 propietarios, se ha sabido que en Estados Unidos hay un porcentaje de usuarios de coches Tesla que piensan venderlos porque no aguantan las salidas de pata de banca del propietario de la compañía. 

Es un porcentaje pequeño -apenas del 3%— aunque significativo, porque a día de hoy equivale a unos 50.000 coches. No es necesario sacar una calculadora para saber que se perderían un buen puñado de millones, solo porque los que los compraron no se fían del tiovivo permanente en el que parece vivir subido Elon Musk. Esa misma encuesta advierte que la mayoría de los poseedores de coches de esta marca —el 87% de los conductores del Model 3— se volverían a comprar un Tesla cuando den por amortizado el que conducen. Así que podría decirse que se trata de un problema de imagen, pero no de marca, sino de su cabeza visible. 

De un tiempo a esta parte se expresa en términos políticos, sociales y conspiranoicos que encuentran un fuerte rechazo entre el público de su país, con un discurso tan polarizado como la audiencia que los recibe. Musk se defiende afirmando que esto no es cierto, y aduce que cada vez tiene más seguidores en Twitter, compañía que conduce, maneja y que está igualmente rodeada de controversia. 

Empresario atípico

Musk es un genio del marketing, no tanto por lo que dice, sino por su capacidad de dar la nota. Su discurso no está repleto de ideas brillantes o frases de las que pidan mármol; no es Steve Jobs. Pero es capaz de estar en el candelero de manera permanente. Prueba de ello es su última ocurrencia: la de liarse a mamporros con Mark Zuckerberg, el amo de Facebook. 

«Musk, habilidoso donde los haya, ha afirmado que la recaudación se donará a veteranos de guerra»

Lo que empezó con un intercambio de tweets propio de niños de colegio, puede acabar en la retransmisión de los dos directivos más prominentes de la tecnología global liándose a tortas ante las cámaras. Musk, habilidoso donde los haya, ha afirmado que la recaudación se donará a veteranos de guerra. El de Facebook ha puesto fecha para el combate —el 26 de agosto—, y Musk ya ha empezado a hacer quiebros aduciendo una lesión de espalda que requiere cirugía. 

Hay quien considera al sudafricano como un visionario único, y ciertamente lo es en algunos campos… aunque también hay cada día más voces que le acusan de protagonizar la estafa piramidal más grande de la historia. De lo que no hay duda es que es una de las personas más ricas del mundo, y ha arreado tal sopapo a la industria automovilística que la ha vuelto loca. 

Tomar el cielo por asalto eléctrico

Sus coches no son perfectos, pero sus cifras de ventas sorprenden en cada trimestre. Por una parte, el Tesla Y bate récords, y se ha coronado desde principios de este 2023 como el coche más vendido del mundo. Por otra, fuentes de análisis tan solventes como la OCU, remiten a la marca al peor puesto de la tabla clasificatoria de los vehículos con más averías. Volantes que se descuelgan, brazos de suspensión que se parten en marcha, piezas de la carrocería de coches nuevos que encajan mal, o una pintura deficiente son problemas frecuentes. 

Todas ellas son relativamente normales en marcas primerizas, pero no ya en las que apuntan hacia las dos décadas en el mercado. De manera tradicional, en todas, afloran problemas debido a errores de diseño, montaje o materiales mejorables en sus inicios. Pero en el caso de Tesla, una marca que se autodefine como prémium, supera la media de la industria. Esto no parece desanimar a su clientela, que de forma mayoritaria suele mostrarse muy satisfecha con su adquisición, y un caso muy especial es el de California. 

California loves Tesla

Considerada como la octava economía del planeta si fuese un país, la firma se está mostrando allí casi como un hecho propio de estudio sociológico. En la tierra de las tecnológicas, los coches eléctricos han pegado un sorprendente subidón en ventas durante el segundo trimestre de 2023, con más de un 25% del mercado automovilístico (el año pasado la media de todo el país fue del 6,5%). El liderazgo en la materia la lidera Tesla, que no es que se muestre como la marca que más coches eléctricos ha vendido, sino que es la marca que más coches, eléctricos o no, ha venido de todos. El imbatible Camry, coche típico de la clase media, ha sido doblegado por el Tesla Y, modelo que ha dejado atrás a otros clásicos de Toyota, Ford u Honda. 

Con la aceleración de ventas de Tesla, es bastante posible que este año rocen los dos millones de unidades vendidas, lo que lo colocaría en las magnitudes de los fabricantes de berlinas de lujo alemanes. BMW, Audi y Mercedes ganan un buen dinero con sus coches, y han asaltado la categoría eléctrica con excelentes productos, pero tienden a ser más costosos en la comparación con la marca de Musk. 

Un acierto, muchos errores

Resulta indudable que Elon ha trastornado toda la industria del automóvil, pero lo ha intentado en otros campos, muy cacareados, sin el mismo éxito. Su táctica es bien conocida: se suele meter en territorios sin competencia, hace mucho ruido, encuentra el dinero, y lo invierte obteniendo fuertes beneficios. Sus tejas solares han sido un fracaso; tras la compra de Twitter la compañía ha perdido gran parte de su valor con una política errática; se olvidó del Hyperloop cuando se dio cuenta de los disparates costes operativos del invento; se reía a mandíbula batiente de la marca de coches chinos BYD (que acaban de anunciar que en lo que va de año han vendido cinco millones de unidades entre eléctricos e híbridos); sus túneles con transporte de coches en góndolas para eludir el tráfico quedó en nada; SpaceX desarrolla una tecnología alucinante, pero pierde unos 2.000 millones de dólares al año; lo mismo con su empresa asociada, Starlink, con la que tampoco gana dinero y supone la mitad de los lanzamientos de SpaceX. Sus robotaxis no acaban de llegar, ni su anunciado androide para servicios domésticos, o The Boring Company, apenas hizo unos lanzallamas y ningún otro producto exitoso más. 

A pesar de todo, sí que gana dinero con los coches, incluso tras los espectaculares descuentos ejecutados de un tiempo a esta parte y que han reducido el margen de beneficios. Este negocio no es que le funcione, es que a pesar de los vaivenes y no pocos sinsabores, no da abasto para crear fábricas que construyan lo que el mercado le pide. La factoría más productiva es la de China, tiene dos en Estados Unidos, y planifica otra en México. La segunda en Europa tras la de Berlín, sin localización concreta aún, va a ser una necesidad para atender una demanda que apunta a los diez millones de coches para 2030. Francia se ha postulado y tras varios encuentros con lo más florido del gobierno de Emmanuel Macron, no parece haber fructificado, y la opción valenciana sigue viva. 

Zapatero a tus zapatos

En la historia ha habido otros genios que transformaron el cierto modo el mundo. Henry Ford, Bill Gates, Steve Jobs, o por ejemplo el greco chipriota Stelios Haji-Ioannou. El creador de EasyJet cambió para siempre el negocio aeronáutico e impulsó las compañías de bajo coste en 1995. Siguiendo ese patrón, se sacó de la manga Easy Car, Easy Cruise, Easy Food y Easy Todoloqueseleocurriera. Prácticamente todos estos proyectos fracasaron, y al final perdió el control de la compañía en 2021. Sin embargo, su negocio primigenio es el que realmente funciona y reporta enormes beneficios, y que fue el que lo empezó todo: el de los aviones. 

«No se discute su genialidad, sino su capacidad de meterse en charcos que no le han llevado a ninguna parte»

Muchos creen que Elon Musk debería olvidarse de aventuras y experimentos, para concentrarse en lo que ha sido un verdadero éxito. Si el ojo del amo engordase a su caballo ganador, es muy posible que por fin viéramos el prometido Tesla barato, el Cybertruck, o el deportivo biplaza múltiples veces anunciado. No se discute su genialidad, sino su capacidad de meterse en charcos que no le han llevado a ninguna parte. Es valiente, y atrevido, pero muchos piensan que debería hacer un curso para aprender a concentrarse. De ser así, puede que nos aprovechemos todos. Todos menos su competencia, claro. 

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