Una 'startup' crea un gorro con IA que lee la mente
La compañía Sabi ha diseñado un dispositivo capaz de convertir pensamientos en texto sin necesidad de cirugía

Prototipo generado con inteligencia artificial. | Gemini
La startup californiana Sabi ha desarrollado un wearable camuflado como gorro capaz de interpretar la actividad cerebral y convertirla en texto en tiempo real. Su CEO, Rahul Chhabra, afirma que el dispositivo podría lanzarse a finales de 2026, marcando un nuevo paso en interfaces cerebro-computadora sin necesidad de cirugía.
Frente a otros proyectos más invasivos como Neuralink de Elon Musk, Sabi propone un sistema externo y más accesible para el usuario. La posibilidad de comunicarse sin hablar ni escribir cambia la forma en la que interactuamos con la tecnología. Pero esto también implica que una máquina pueda interpretar nuestros pensamientos.
Este gorro utiliza sensores EEG (para electroencefalografía) e inteligencia artificial para traducir ondas cerebrales en comandos digitales sin necesidad de cirugía. Con un precio estimado de entre 500 y 5.000 dólares, personas de movilidad reducida o profesionales podrán acceder a esta nueva tecnología. Su principal impacto sería aumentar la autonomía total, aunque la privacidad mental frena este tipo de proyectos por su ética.
Interpretar el habla interior
La base de esta tecnología reside en la electroencefalografía, una técnica que registra la actividad eléctrica del cerebro mediante sensores colocados en el cuero cabelludo. En este caso, el dispositivo incorpora entre 70.000 y 100.000 sensores en miniatura en el forro del gorro, muy por encima de los sistemas tradicionales.
A partir de ahí, un sistema de inteligencia artificial analiza los patrones neuronales y los traduce en palabras en pantalla. Según ha explicado la compañía en fuentes como WIRED, el objetivo es alcanzar una velocidad de unas 30 palabras por minuto. El reto es el cráneo, que actúa como una barrera física que amortigua las señales neuronales, dificultando su interpretación clara.
Sabi frente a Neuralink
Ambas tecnologías buscan conectar el cerebro con dispositivos, pero lo hacen de forma distinta. Esta diferencia radica en lo invasivo que es el método de conexión entre el cerebro y el dispositivo. Neuralink, el proyecto de Elon Musk, ha desarrollado implantes cerebrales que se insertan mediante cirugía cerebral. Esto permite captar señales más precisas, al estar en contacto directo con las neuronas. Su enfoque está orientado principalmente a usos médicos, como personas con parálisis.
Sabi, en cambio, ha apostado por un dispositivo externo. Su gorro no requiere de intervención quirúrgica, lo que reduce riesgos y facilita su uso, pero tiene límites en la calidad de la señal. Tecnológicamente, Neuralink capta señales más fuertes al estar en contacto directo con las neuronas, pero Sabi compensa la pérdida de señal con inteligencia artificial.
Lo que el usuario busca
El principal atractivo es la eliminación de barreras físicas. Este avance permite escribir, comunicarse o controlar dispositivos sin necesidad de las manos, pantallas o la voz. Otra de sus ventajas está en que personas con movilidad reducida podrían recuperar la capacidad de comunicarse. También podría mejorar la interacción con otros dispositivos mediante el pensamiento y la mejora del procesamiento de sonidos y/o letras.
Uno de los principales desafíos es la variabilidad del cerebro humano. Pensar una misma frase no genera las mismas señales en dos personas. Por ello, Sabi ha entrenado un modelo de IA con más de 100.000 horas de datos neuronales de unos 100 voluntarios. Factores como el cansancio o la concentración también podrían afectar a la señal.
Privacidad, límites y adopción
El mayor reto está en que hablamos de datos sensibles. Por ello, Sabi utiliza cifrado de extremo a extremo, que protege la información durante la transmisión para que todo quede dentro del sistema, pero el debate sobre la privacidad sigue abierto. A nivel técnico, la velocidad de escritura está por debajo de la tradicional y la necesidad de adaptación puede dificultar su uso diario.
También existen dudas sobre la comodidad para el día a día. En este sentido, la empresa ha planteado versiones más ligeras basadas en gorras. El inversor Vinod Khosla respalda este enfoque, alegando la imposibilidad de lograr una adopción masiva de la tecnología si los dispositivos son invasivos. Si la empresa logra cumplir sus plazos y mejorar la velocidad de procesamiento, este será el año en el que llegará al gran público.
