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Palco Real

Entre aniversarios y comienzos: la monarquía europea en una semana llena de celebraciones

De Washington a Estocolmo, pasando por Madrid, la realeza reafirma su posición diplomática

Entre aniversarios y comienzos: la monarquía europea en una semana llena de celebraciones

El rey Carlos III habla ante el Congreso de Estados Unidos. | Kylie Cooper (CNP)

Hay semanas en las que la agenda de las casas reales deja de ser una sucesión de actos de menor escala para convertirse en el epicentro de la prensa. Estos eventos sirven como recordatorio de que, detrás de la cotidianidad de la Corona, existe siempre un poso de diplomacia y de poder simbólico con un atractivo extraordinario. Esta semana en concreto, la coincidencia de tres escenarios ha desbordado la primera plana de la prensa: la visita de Estado de Carlos III y Camila a Estados Unidos con motivo del 250 aniversario de su independencia, el 80 cumpleaños de Carlos XVI Gustavo de Suecia y el futuro académico de la Princesa de Asturias.

Estados Unidos: la paradoja convertida en diplomacia

La visita de Carlos III a Estados Unidos no puede entenderse sin atender a su carga simbólica. Hace pocas semanas abordamos la visita de Estado planificada para finales de abril, una cita que suponía un hito internacional y un ejemplo de reconciliación. Pues bien, el momento ha llegado, y el simbolismo ha rebosado hasta en las copas de champán de la Casa Blanca. Pocas imágenes resultan tan elocuentes como la de un monarca británico conmemorando la independencia de las antiguas colonias. Y, sin embargo, Carlos III no solo hizo gala de sus buenas dotes como embajador ante el presidente Trump, sino que también supo ganarse al Congreso estadounidense con su característico humor británico.

El discurso ante el Congreso fue seguramente la parte más estudiada y más delicadamente preparada de todo el programa. No se trataba de un discurso más o de un gesto diplomático, sino de la escenificación de una persona cuyo rango fue el de jefe del Estado de ese mismo país, dirigiéndose a una élite política muy distinta de la de entonces. Una relación que ha sabido evolucionar desde el conflicto hacia la cooperación estratégica. La monarquía británica vuelve a demostrar de esta forma su capacidad para operar en el terreno de la memoria histórica, lo que dista mucho de cualquier acercamiento entre políticos.

Por su parte, la reina Camila ha escenificado la relación histórica entre ambas naciones de la forma más royal posible: a través de las joyas, unos accesorios que forman parte del ADN natural de la realeza. En este caso, a través de broches, colgantes, pendientes y sin tiara, ya que el protocolo no lo pedía, la reina ha querido hacer un tributo al país y a Isabel II, que llegó a visitar Estados Unidos hasta en ocho ocasiones.

A ello también se suma la dimensión cultural de la visita. La presencia en actos oficiales de figuras de la cultura mainstream como Anna Wintour o Sarah Jessica Parker refleja hasta qué punto la cita era de alto nivel y hasta qué punto la realeza tiene esa capacidad de adaptarse a cualquier circunstancia y ante cualquier persona, quedando extrañamente poco forzada.

Estocolmo: la estabilidad como espectáculo discreto

Al otro lado del charco, el 80 cumpleaños de Carlos XVI Gustavo de Suecia ha devuelto el brillo ceremonial en una celebración por todo lo alto, congregando a la mayor parte de las casas reales de Europa. Entre ellas, aunque hubo dudas, se ha encontrado la española, con la representación de la reina Sofía, que ha recuperado la ya casi olvidada tiara de conchas o de la Chata y ha lucido por primera vez el Toisón de Oro. En definitiva, una suerte de cumbre monárquica donde la tradición, la pompa y los lazos familiares han sido los protagonistas.

Los actos han seguido un esquema clásico: misa Te Deum, saludos institucionales, recepciones privadas, pero el verdadero interés ha estado en los matices. El cóctel privado previo, los encuentros entre familias reales y la presencia de figuras como la reina Sofía han reforzado la idea de una red de relaciones que trasciende lo estrictamente protocolario. Especialmente significativo ha sido el protagonismo de la princesa Sofía de Suecia, que desde las informaciones sobre su pasado vinculado a Jeffrey Epstein, su agenda se vio extremadamente reducida.

La reina Sofía en el 80 cumpleaños de Carlos XVI Gustavo de Suecia. | Henrik Montgomery (Reuters)

Además, la celebración ha servido para visualizar el relevo generacional. La presencia activa de herederos y jóvenes miembros de las casas reales, como los Grandes Duques de Luxemburgo o el príncipe heredero de Liechtenstein, confirma que la continuidad dinástica está muy presente en estas citas internacionales.

España: la construcción silenciosa del relevo

Si la reina Sofía ha sido la encargada de afrontar la agenda más protocolaria, en este caso, la Princesa de Asturias ha afrontado la agenda más académica. Y es que la heredera al trono de España estudiará Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III de Madrid. Una decisión consensuada con los Reyes, según ha informado la Zarzuela, y que no ha tardado en ser lo más leído de la prensa nacional, ya que desde hace unas semanas se esperaba que Casa Real anunciara el siguiente paso de doña Leonor tras finalizar su formación militar.

La decisión, siendo honestos, no ha estado exenta de polémica. Muchos esperaban que jugara en terreno seguro: formación en Derecho, como su padre, en la Universidad Autónoma de Madrid, o también que tomara el camino de su hermana pequeña y estudiara fuera de España de nuevo. Sin embargo, ante la sorpresa de muchos, no ha decidido ni lo uno ni lo otro, sino un camino propio. Si bien ya hay antecedentes de miembros de la Familia Real que han estudiado Ciencias Políticas (véase la Infanta Cristina), el caso de la heredera es mucho más delicado, puesto que está llamada a ser la Jefa del Estado. Por ello, se espera de ella una formación milimétrica que después pueda aplicar a su futuro trabajo.

Pese a lo que muchos piensan, la formación en una institución pública y en una disciplina vinculada al funcionamiento del Estado refuerza una idea que la Casa Real ha venido consolidando en los últimos años: la de una monarquía más profesionalizada, consciente de su papel y alineada con las exigencias contemporáneas. Por eso resulta interesante que la princesa incorpore a su itinerario conocimientos más profundos sobre política, a la par que una formación permanente en leyes y en historia de España.

Continuidad en tiempos de cambio

Si hay algo claro es que la monarquía siempre está en movimiento. Ya sea en citas oficiales, familiares o académicas, su necesidad de actividad es constante. Semanas como esta permiten observar esa lógica con especial claridad. Cada aniversario, cada gesto, cada decisión, forma parte de un relato más amplio que, en mayor medida, nos representa a todos.

Entre aniversarios que miran al pasado y decisiones que proyectan el futuro, la Corona sigue construyendo, con mayor o menor acierto, un relato que trasciende lo ceremonial para instalarse en el terreno de lo político, lo social y, en última instancia, lo representativo.

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