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‘The Last of Us’: ¿por qué nos gusta pensar en nuestra aniquilación?

El éxito de la serie que protagoniza Pedro Pascal demuestra que el género Z y las infecciones siguen enamorando a la audiencia

‘The Last of Us’: ¿por qué nos gusta pensar en nuestra aniquilación?

Fotograma de 'The Last of Us'.

Si los tiempos que pintan no son los mejores, el cine y la televisión tampoco nos están dando esperanzas. El último exitazo del entretenimiento pinta un futuro muy negro. The Last of Us es el segundo fenómeno de los servicios de streaming, tras ubicarse solo por debajo de la precuela de Game of Thrones, House of the Dragon, en los estrenos históricos de HBO. De hecho, al segundo capítulo, transmitido el pasado 22 de enero, le fue mejor que al primero. Se mire por donde se mire, la serie protagonizada por Pedro Pascal es el show del momento.

El segundo episodio de la serie basada en el juego de Naughty Dog y Sony sumó 5,7 millones de espectadores solo en Estados Unidos, este domingo, un 22% más que el piloto. Las cifras demuestran que, más allá de la calidad de la producción -que la tiene y mucha-, los espectadores se sienten más que felices al ver cómo un hongo crece dentro de los seres humanos hasta convertirlos en títeres; una zombificación diferente a las que hemos conocido, pero con el mismo resultado: mucha audiencia.

¿Por qué nos gustan las infecciones, las hordas de muertos vivientes mordiéndole los talentos a la humanidad? El éxito de The Walking Dead y sus secuelas, incluso el ingreso de este tipo de plaga en productos nuevos, dirigidos a jóvenes, como Alice in Borderland, demuestran que el género Z, o al menos la idea de una amenaza para nuestra supervivencia, sigue muy vigente.

Eso sí, es probable que el éxito de la adaptación del videojuego a la gran pantalla no hubiera sido posible sin la reinvención del infectado por parte de la industria coreana. Lo que, de hecho, abrió más ingresos para la llamada economía Z (Z de zombi).

Influenciados por películas como La noche de los muertos vivientes, de George Romero, pero con escenarios y posturas filosóficas más parecidas a las que vemos en 28 días después de Danny Boyle, el cine coreano llegó tarde al fenómeno para revitalizarlo. El thriller Train to Busan (2016), que sigue a un grupo de pasajeros atrapado en un tren mientras busca una zona segura que los proteja de un brote viral, se convirtió en un exitazo nacional e internacional.

Lo que conquistó a la audiencia en Train to Busan fue un nuevo no-vivo-no-muerto mucho más rápido y carnívoro. La sangre traspasaba la cámara. Por consiguiente, apenas era cuestión de tiempo que Corea pariera una serie que combinara sus tradicionales dramas históricos con este tipo de criaturas revolucionarias. Así apareció en Netflix Kingdom, convirtiéndose de inmediato en un clásico. Alive (2020) y All of Us Are Dead (2022) continuaron explorando el alcance de los K-zombis (K de Korea).

En Kingdom, la infección comenzaba con una flor, en The Last of Us es un hongo. Precisamente, Corea se esforzó en no solo darle explicación a lo que sucedía, sino que le dio contexto. Si las producciones estadunidenses se encargaban solo de la angustia entre la presa y el depredador sin brindar información de las causas y soluciones, el país asiático añadió relatos en los que la desigualdad económica, el bullying o los problemas de los adolescentes formaban parte de la historia, lo que lleva a la importante pregunta: ¿quién es la verdadera bestia?

¿Por qué disfrutamos tanto con estas producciones?

Las teorías son infinitas. Mucho se ha hablado del símil entre el zombi y el sistema capitalista, la alienación y bla, bla, bla. También de que las infecciones al final son reflejo de un modo de vida, de una canibalización de nuestros recursos. Pero más allá de los análisis de izquierda y derecha, me gusta concentrarme en el tema más básico: el miedo.

Jefrey Goldstein, profesor de sicología social y sicología organizacional de la universidad de Utrecht (Países Bajos), afirmó que las personas que asisten a una proyección de terror lo hacen por el simple hecho de revivir una emoción básica: miedo. Así lo escribió en el libro Por qué observamos: la atracción del entretenimiento violento. Y la ciencia apoya esta teoría.

La revista LiveScience publicó un artículo en 2009 que se emparenta con la teoría de Goldstein. Titulado Películas de horror: por qué la gente las ama, el informe cuenta con varias ideas muy interesantes, como las de Joseph LeDoux, neurocientífico de la Universidad de Nueva York.

Dice LeDoux que el cerebro humano es tan complejo que puede razonar, meditar y preocuparse como el de ningún otro animal. Por lo tanto, el miedo es en parte una reacción biológica (defensa), pero también evolutiva, como las precauciones que aprendemos de niño.

LeDoux, que ha revisado el comportamiento del cerebro neurona por neurona cuando es afectado por el miedo, asegura: «Si usted tiene una buena imaginación, puede conectar los cables que producen el miedo, pensando en una situación que le afecte de esa manera». Es como si pudiéramos generar nuestra propia droga. Ahora, siguiendo este pensamiento, está claro que quienes buscan este tipo de entretenimiento, como The Last of Us, desean repetir esa emoción básica. Se siente felices con la angustia, aunque pueda sonar extraño. 

Y claro, como toda droga, siempre habrá quien la administre mejor. Según la revista Forbes, las producciones del género Z (sí, el de los zombis ya es un género de la industria) generó, entre 2014 y 2016, solo en Hollywood, un total de 1.300 millones de dólares, esto es: 22 películas, 10 series y cinco juegos. Con el éxito de The Last of Us al iniciar 2023, está claro que todavía quedan muchos millones en juego.

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