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Cultura

La coleccionista Ella Fontanals debuta en la novela

La reconocida mecenas del arte llega a Madrid con ‘Ella soy yo,’ su primer libro autobiográfico

La coleccionista Ella Fontanals debuta en la novela

Ella Fontanals junto a pieza de Arte Plumario Amazónico de EFC. | Mauricio Donelli

THE OBJECTIVE se reúne con Ella Fontanals en su oficina madrileña, un espacio luminoso y rodeado de obras de arte, en las que se pueden ver pinturas, fotografías y esculturas de algunos de los principales exponentes del arte latinoamericano. Desde que el libro se anunció, se agotó en plataformas y en tiendas ha sido complicado hacerse con algún ejemplar: «No me lo esperaba, creo es una buena señal, felizmente ya hemos podido reponer volúmenes», nos cuenta.

Pregunta.- El libro comienza hablando del desarraigo, su partida de Cuba siendo apenas una niña, hacia el exilio en Venezuela. Eran los años sesenta y al llegar a Caracas les advierten de la presencia de guerrillas cubanas…

Respuesta.- Es una biografía ficcionada y pese a no todo ser estrictamente real, la mayoría de los datos sí los son. La huida de Cuba fue muy repentina para mi familia, mi padre tuvo conocimiento de lo que ocurriría con el régimen de Castro y decidió que
debíamos irnos. Mi hermano mayor, por sus convicciones revolucionarias, decidió quedarse. Al llegar a Caracas, también supimos que Fidel había enviado guerrillas, porque le obsesionaba la idea de tener Venezuela en sus manos, sabía que había
mucho dinero
. Podía ser un territorio fundamental para manipular su revolución alrededor de todo Latinoamérica. Esas guerrillas se aplacaron con el Gobierno de Rómulo Betancourt, quien puso de ministro del Interior a Carlos Andrés Pérez, y hacia el año 1966 habían desaparecido.

P.- Hay dos momentos cruciales en la vida de la protagonista, la pronta muerte de su padre y su temprana maternidad…

R.- La muerte de mi padre fue un momento muy duro porque fue repentino, no lo esperábamos, él tenía 61 años y estábamos empezando una nueva vida, en un país que no era el nuestro. Tuvo mucho impacto para mí. Fui madre muy joven, pero eso me dio mucha fuerza como persona, como mujer.

P.- Ella soy yo dice ser un «eco identitario», su personalidad a lo largo de la novela se muestra sobre todo enérgica y resiliente frente a las adversidades…

R.- Porque yo no he sido mucho de esas personas que piensan en lo que pudo haber sido o lo que no fue. Siempre he sido positiva y he tratado de poner mi atención en el futuro. Creo que es una característica del entrepreneur, algo que se lleva dentro, a mí las circunstancias me llevaban a actuar y a resolver. He sido una mujer de negocios sin haber ido a la universidad, he tenido la suerte de aprender de muchas experiencias, mi marido fue también un gran maestro. Por ello me considero una self made, que me hice a mí misma por la necesidad y las ganas de superarme. El ímpetu por querer crear constantemente cosas nuevas, creo que es algo que se lleva por dentro.

«En esa época te casabas para que el hombre te representara. Las mujeres por sí mismas estaban relegadas»

P.- Es increíble ver cómo el machismo y la sociedad patriarcal se hacen presente a lo largo de la novela. Pierde un trabajo por estar divorciada, comenzar una vida como mujer soltera era un problema…

R.- El machismo ha sido parte de la vida y se expresaba en todos los niveles. En esa época estar divorciada te hacía una paria de la sociedad, pero a la vez, te tenías que casar muy pronto. Había que tener mucho valor, yo llegué a una sociedad nueva, Caracas no era La Habana de mi niñez. Además, yo no tenía un padre presente, en esa época te casabas para que el hombre te representara, tenías siempre que tener el apoyo de un padre o de un marido que te diera valor. Las mujeres por sí mismas estaban relegadas.

P.- El momento en el que se hace más evidente este machismo estructural, es cuando se habla del aborto…

R.- Era una sociedad que no aceptaba un hijo fuera del matrimonio. Además, el aborto estaba penado con cárcel. Era doblemente terrible, porque si decidía tener el hijo, aún estando separada de mi exmarido, corría el riesgo de perder la patria potestad de mi hija. Y los divorcios tardaban años en salir. Eran épocas muy duras para ser mujer y poder tomar decisiones.

P.- Obtuvo la primera tarjeta de crédito que se concedía a título personal a una mujer en Venezuela…

R.- Es el tipo de cosas que hoy en día cuesta creer. Yo tenía el dinero de mi negocio dentro de un banco, cuando les pedí una tarjeta de crédito a mi nombre, me decían que le pidiera la extensión a mi marido. Les dije que ya la tenía, que quería una a
título propio, pero el trámite no existía. Tuve que hablar con el presidente del banco y entendió la diferencia y obtuve la primera tarjeta de crédito concedida a una mujer a título propio en Venezuela. Son anécdotas que vale la pena contar para que las nuevas generaciones, se den cuenta que no ha sido tan fácil para las mujeres tomar un lugar de reconocimiento propio en la sociedad. Siempre estaban a la sombra de un hombre del que eran dependientes.

P.- La historia de su matrimonio la narra desde un amor que prevalece a muchos contratiempos, pero también desde una enorme soledad…

R.- Mi marido era una gran persona, pero casi todo su tiempo se lo dedicaba a su trabajo. Amaba a su familia, pero era así y pese a que me sentía muchas veces sola, hacíamos un buen equipo. Yo siempre me he sentido una visionaria y él me aportaba su parte pragmática. Siempre tuvimos esa relación, de amigos y de mucha confianza. Nos tuvimos hasta el final, aunque no fuésemos marido y mujer hacía mucho tiempo. Él fue el hombre que me dio la libertad para yo poderme realizar como mujer.

P.- Narra su primer emprendimiento con la tienda de ropa Paraphernalia en Caracas, luego su incursión en bienes raíces en Nueva York. Después del éxito empresarial, decide volcarse en la ayuda social…

R.- Fue un llamado que sentí y decidí parar mi ritmo, para dedicarme a ayudar. Empecé la primera fundación en Venezuela a fines de la década de los años ochenta, se enfocaba en crear líderes, porque veía que el país se estaba dirigiendo a un lugar sin futuro. Muchos pensaron que iba a querer hacer política, pero esa nunca fue la intención. Luego vi el enorme abandono que había en el sector de la salud y comencé a llevar ayuda a hospitales. Together Foundation, se creó con el fin de proveer buena educación, nutrición y salud, sobre todo entre la población infantil. Luego trabajamos en Estados Unidos junto a las Naciones Unidas, para
promover y desarrollar programas de informática y conectividad. Todos estos proyectos, partían de la necesidad de responder a las preguntas más esenciales de mi vida y a descubrir cuál era mi misión como ser humano.

P.- Es sorprendente el encuentro que narra con Fidel Castro, ¿por qué acepta su invitación?

R.- Fue mi marido quien me convenció. Él ya lo había conocido y me dijo que me debía esta oportunidad, que debía mirar al monstruo desde cerca. Pensé que sería interesante y mi hija se ofreció a acompañarme. Llegué con mi gran amiga y periodista Leylah Umar, quien fue la primera en entrevistar personalmente a Castro, porque sus entrevistas siempre las concedía colectivamente. Hay muchos rasgos que tienen los lideres que realmente son interesantes. Esa posibilidad de trasmitir lo que ellos piensan de una forma específica, que hace que la gente conecte y que arrastre masas para bien o para mal. Él era un encantador de serpientes.

«No me extrañó que Trump llegara a presidente, hay gente que necesita de guías, sin cuestionarse si son o no las correctas»

P.- También aparece Trump, ¿sospechaba que ese personaje que se muestra ordinario y déspota, llegaría a ser el presidente de los Estados Unidos?

R.- Éramos vecinos, conocí mucho a Ivana, su ex mujer. Tampoco me extrañó que llegara a presidente, hay mucha gente que necesita de guías, sin cuestionarse si son o no las correctas.

P.- Relata el robo que sufrió en Nueva York de muchas obras de arte. ¿Encontró o supo del paradero de alguna?

R.- Ocurrió luego del incendio que sufrió mi piso en Nueva York. Al mudarme y buscar los cuadros en el depósito en el que los había dejado, no encontré ninguno. Pasaron los años y encontré uno, era un Cy Twombly, estaba a la venta en una galería de Art Basel. Pese a que la obra de este artista muchas veces puede parecer repetitiva, yo conocía muy bien mi cuadro. Al preguntar, me dijeron que era de un tercero que lo había puesto a la venta. Le hice una foto y le conté que era mío, me insistía que el cliente lo había comprado hacía 15 años, pero claro a mí me lo habían robado hacía 25. Regresé para volver a hablar con el galerista, pero el cuadro ya no estaba, me dijo que el cliente lo había retirado. Eran otras épocas, no existía Internet, ahora todo puede quedar registrado, en ese entonces era muy complicado hacer la denuncia.

P.- También cuenta que conoció a Warhol y que fue un error no hacerse un retrato con él…

R.- Porque el ofrecimiento existió, pero tenía menos conocimiento sobre el arte que el que ahora tengo. El colorido de sus obras me parecía muy fuerte, era joven y había empezado mi colección con arte más figurativo. No me sentía atraía por ser retratada por Warhol. Además en ese entonces valía 50.000 dólares, que igual era mucho dinero para mí. No me retrató, pero sí le compré una obra.

P.- En la última parte de la novela, habla de una búsqueda espiritual y menciona algunas visiones muy claras que tuvo como resultado de meditaciones…

R.- Sí fue una época muy reveladora, no la quise tratar mucho en el libro porque iba a parecer mucha ficción, pero tuve experiencias increíbles. Fue una etapa de siete años, en la que dejé todo para buscar un camino espiritual y encontrarme a mí
misma. El atentando contra las Torres Gemelas lo pude ver tal y como lo relato en el libro. Yo escribía todo para que nada se me olvidara, así que lo tengo registrado. Llegué a la meditación por una de mis hermanas y luego fui soltando cosas terrenales y a rodearme de gente que estaba en ese mismo camino. Eran los finales de los años ochenta y estaba en auge el new age movement.

«La mayoría de los artistas venezolanos han salido al exilio»

P.- Esperaba enterarme más sobre su faceta como coleccionista de arte en el libro y la labor que hace en CIFO…

R.- Será en el segundo libro, que ya lo tengo en mente. La Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO), la fundé en 2002 para promover el arte latinoamericano a través de programas de comisiones y becas para los artistas. Tenemos curadores alrededor de todo Latinoamérica que presentan proyectos para desarrollar. Hacemos exhibiciones todos los años en distintos museos, promocionamos a los artistas en distintas galerías, se trata de hacer un seguimiento continuo para promover el arte. Este año el León de Oro de la Bienal de Venecia lo ha ganado Anna María Maiolino, a quien le hice su primera exhibición en Estados Unidos, hace más de 20 años. Una gran artista que fue por muchos años relegada, finalmente le han dado el reconocimiento que se merece.

P.- La próxima edición de la Bienal de Arte de Venecia, titulada Foreigners Everywhere, apela justamente a crear diálogos en torno al desarraigo, a las diásporas a la llamada «otredad», tan denostada en los circuitos del arte. España será representada por Sandra Gamarra, gran artista peruana-española. Aun así, se han generado muchas críticas…

R.- La gente sigue teniendo la necesidad de encasillar todo. A mí me ponen «coleccionista cubana», aunque mi vida ha transcurrido en Venezuela y yo soy y me siento venezolana. Sandra Gamarra lleva años viviendo y trabajando en España, es
también española y puede representar estupendamente bien al país
. Este año yo soy sponsor de la Bienal y aplaudo que hayan incluido a Adriano Pedroza como curador, es el primer latinoamericano en cumplir este rol, tiene todas las credenciales para hacerlo muy bien. Es un momento en el que están ocurriendo muchas reivindicaciones, que hace mucho debieron darse, como con en arte amazónico, que recién se está incluyendo en las colecciones de importantes museos.

P.- Siempre vuelve a Venezuela. ¿Cómo la encuentra en estos momentos?

R.- La parte de la violencia en Caracas se ha controlado en parte, si se compara con la que sufrimos la década pasada. Si hablamos de la económica, desgraciadamente es un país donde las leyes cambian, van y vienen y no hay seguridad legal. No es un lugar estable, en parte porque uno tiene que estar en manos del Gobierno para todo. Hay muchísima pobreza y una gran división de clases, además de una nueva clase alta, que no pertenece necesariamente al sector empresarial, las brechas son inmensas. Hemos perdido la clase media, que es lo que hace que un país se desarrolle. Respecto al arte, hay cosas buenas, pero son esporádicas, la mayoría de artistas han salido al exilio. Aun así, las esperanzas son lo último que se pierden.

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