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Cultura

Hacerse el sueco

Si no denunciamos los crímenes que cometen los Netanyahus y Trumps, seguirán campando a sus anchas

Hacerse el sueco

Ilustración generada con IA.

Para muchos, el genocidio sistemático e indiscriminado de la población civil que está perpetrando Israel con saña en Gaza desde el 7 de octubre de 2023 y desde hace unas semanas también en el Líbano, no parece ir con ellos. Todos los días amanecemos con noticias del exterminio de la población mediante un recuento de asesinatos, que incluye a muchos niños, algo a lo que es imposible acostumbrarse. Pero he ahí que hay quienes, pese a tener una tribuna o una cuenta en redes sociales, escritores, periodistas, artistas, intelectuales o influencers con muchos lectores o seguidores, no se dan por aludidos y no se refieren nunca a las atrocidades que comete el ejército israelí, no hablan de Oriente Próximo, no aluden a noticias internacionales. Por no hablar de muchos políticos, claro. Hay medios de comunicación y periódicos enteros que también tienden a ponerse de perfil respecto al genocidio, a juzgar por sus noticias principales en su portada a diario. Hay unos señores de guerra que están asesinando a cientos de miles de personas en países mediterráneos y que se están cargando el orden y la economía mundial en su conjunto, y el titular gira en torno a un señor en chanclas y bañador escuchando a Julio Iglesias en su yate que está implicado en una trama de fuel. Necesitamos una amplitud de miras suficiente, en determinados momentos sobre todo, para poder establecer la jerarquía necesaria para informar como es debido.

Javier Cercas arranca su última columna de El País titulada Colaboracionistas con una cita que encabezaba una entrevista a Pedro Almodóvar en El Mundo: «No hablar de política cuando tienes una cátedra y un altavoz como autor es un modo de colaboracionismo». En esta entrevista, Almodóvar acierta al asegurar que nunca antes ha sido tan importante expresarse políticamente. En su columna, Cercas concluye con razón que el escritor o el artista, cuando termina de trabajar y baja de su torre de marfil (simbólica), «se convierte en un ciudadano más, con todos los mismos derechos y obligaciones que los demás, empezando por la de ocuparse de lo común, es decir, de la polis, es decir, de la política, que es cosa de todos porque nos atañe a todos (la política es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos)». Y nos recuerda que Dante confinó en el rincón más oscuro de su infierno a los ignavi o los tibios, a los que en tiempos de crisis profundas como los actuales, no toman partido o se ponen de perfil. Pues me temo que este momento presente es una encrucijada en la que, si no tomamos partido, acabaremos en los rincones más oscuros de los infiernos. Acabaremos siendo colaboracionistas precisamente, como se designaba a los franceses que, durante la ocupación nazi, cooperaron con los invasores alemanes, concluye Cercas. En el caso que nos atañe, sí cooperamos con los invasores israelíes.

Si no denunciamos los crímenes que se cometen contra nuestros vecinos y sus hijos, no sólo en Ucrania, sino también en Gaza y ahora también en el Líbano, los Netanyahu, Trump y sus secuaces de instintos totalitarios seguirán campando a sus anchas y seguirán en sus intentos por desmantelar Europa como territorio de democracias cívicas y sociales, muchas de las cuales ya le brindan a Netanyahu su apoyo con armas y políticas y juzgan con doble rasero la situación en Oriente Próximo en comparación con la de Ucrania. El lobby israelí se extiende por todo el mundo y hace que, por ejemplo, la cobertura mediática del genocidio israelí en Gaza por parte de la BBC, The Guardian, CNN, The New York Times, Reuters o Euronews haya sido tan sesgada, también en los términos eufemísticos empleados, que no es periodismo digno del nombre. Con palabras y términos que encierran un poder de engaño, una subversión de valores, implícita en la jugada política, basada en una sucia jugada verbal, como en su momento Pedro Salinas nos recordaba que se había manipulado el lenguaje en el Tercer Reich.

Hasta el papa León XIV no dudó en intervenir en esta cuestión el otro día de nuevo, al reiterar en respuesta a las críticas de su persona por parte de Trump que «demasiadas personas sufren hoy, demasiadas personas inocentes han sido asesinadas, y creo que alguien debe alzar la voz y decir que hay una mejor manera». Pues eso. Hay una mejor manera.

Quizás conviene recordar una especie de poema surgido después de la Segunda Guerra Mundial que me recordaba mi abuelo, que había combatido en ella defendiendo a Grecia contra el invasor italiano y alemán: «Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar».

Y caigo en la cuenta de que esto no difiere de nuestro refrán de toda la vida: «Quien pudo enmendar a otro y no quiso, para el otro y para sí mal hizo». La pasividad y la falta de solidaridad permiten que la opresión y la violencia se extiendan. Así que más nos vale: no nos hagamos el sueco. 

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